Entre la calle y el cielo

Ernesto Ortiz Diego
27 de Noviembre del 2016

El culto a los libros como objeto:

“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Jorge Luis Borges.

El libro “Entre la calle y el cielo”, del escritor y poeta de protesta Servando Basilio Rodríguez, publicado en el 2014, como los buenos vinos, resiste la prueba de los años, a dos años de distancia de su primera publicación, porque muestra las múltiples facetas, sensibilidades, oficio de escritor y poeta, viajes por la república mexicana y Estados Unidos del autor, esta última faceta se identifica con el también escritor tixtleco Ignacio M. Altamirano, porque también era un andariego, a veces por motivos políticos, otras por el placer de viajar como lo hace Servando, haciendo honor a su seudónimo “El perro callejero”. 

Servando es otro de los insurrectos que han luchado toda su vida entre la calle y el cielo para que la amnesia del poder no triunfe sobre la memoria de quienes forman parte de su santoral laico o rojo, según término de Eduardo del Río (Ríus) y Jesús Núñez Molina (José de Molina), quienes influyeron en la formación ideológica y literaria de Servando, a quienes les desea en la contraportada gloria eterna, que a la gente pensante y libre de ataduras mentales sirven de ejemplo en la búsqueda del Hombre Nuevo, del que hace tiempo pensaba construir Ernesto Che Guevara, el Hombre Nuevo. Desafortunadamente, el Che no alcanzó su objetivo porque los boinas verdes de Estados Unidos con la complicidad del gobierno de Bolivia de aquella época lo asesinaron. En el momento en que corrijo esta presentación, ocurre la desagradable noticia del fallecimiento el 25 de noviembre de 2016, del comandante Fidel Castro Ruz, ícono de la revolución cubana, gloria eterna para el último revolucionario de América Latina.

La narrativa crítica de Servando, ya de antaño, sus más de diez libros atestiguan esta bandera de la libertad, su práctica política desde que fue revoltoso en la CNTE y que ahora se arrepiente por no haberla abandonado desde mucho antes… detesta la vida entre “charros del sistema” y “charros de la oposición”, su comprensión de la autonomía indígena, poco frecuente en los intelectuales progresistas. Su análisis crítico y riguroso de procesos sociales como el del magisterio, entre muchos otros, lo hace uno más de esa pléyade de insurrectos contemporáneos. 

Servando siempre ha mantenido enhiesta la bandera de la crítica constructiva, amante de la libertad callejera. En otro de sus libros recientes “Inventario: 1978-2015”, explica que significa su seudónimo “”El Perro Callejero”, porque El Perro Callejero es un ser despreciable, para las “buenas costumbres”; sin embargo, para otros resulta ser un auténtico símbolo de la Libertad. El Perro Callejero hace de cualquier trozo de acera su casa y en cualquier callejón está su Patria”. 

Las palabras no se las lleva el viento, pasan los temporales y las mareas de los océanos y en el momento adecuado los hombres libres recuperan más allá de los huracanes para el cambio del mundo. En una ocasión a José Vasconcelos, el maestro de América, autor de aquella frase inmortal “Por mi raza hablará el espíritu”, le preguntaron cuántas clases de hombres conocía, límpidamente, en un discurso memorable, dijo, no hay nada más que dos clases de hombres: “los que destruyen y los que construyen”; Servando es de los que construyen porque no es fácil escribir más de diez libros. Palabras ardientes, iluminadoras, por eso mediaré siempre por Vasconcelos, suriano de Oaxaca. El maestro Servando en la página 4 también hace su clasificación: “El mundo se divide en chingones y pendejos, los chingones son los que piensan como nosotros y los pendejos son los que opinan de manera diferente”. Nos recuerda algunas líneas de las canciones de protesta de Facundo Cabral.

Así, el libro Entre la calle y el cielo recoge un tributo a la lluvia, por ser uno de los elementos que más quiere el autor en el mundo, a esa reina que se trashuma entre nubes y barrancas, entre arrabales y estrellas, entre la calle y el cielo. El amor a la lluvia es una de las herencias que le ha dejado su madre. 

La estructura del libro “Entre la calle y el cielo”, Servando lo dividió en dos partes: la primera, es el progreso, visto desde arriba y desde abajo. La segunda parte, recoge las vivencias de sus viajes a California, Óregon, Las Vegas y “Ciudad de Los Vientos”, Chicago, Illinois, USA. Itinerario por los Estados Unidos, los hizo con su prole: su esposa, nietos. En especial su nieto Joan.

El libro se compone de 204 páginas en las que se observa en cada una de ellas, las huellas que dejan los perros al caminar; está estructurado según el sumario en: Dedicatorias y obertura. Un opus one, con el título “Zicatela”, con 12 temas; Opus Two, con el título “Una oración por los migrantes” con 16 temas incluyendo el sumario.

Servando hace la siguiente aclaración: no se considera escritor pero, en caso de serlo, no es un escritor académico, ortodoxo, perfumado, preciosista, pulcro, fino, delicado, etcétera, al contrario, sus escritos son toscos, corrientes, intrascendentes, iconoclastas, vulgares, imperfectos, callejeros, y todo lo que los lectores gusten agregar…

Líneas adelante, en la página 10, hace también otra aclaración, dice que él no escribe como un fin, sino como un medio; un medio para promover la lectura y para alentar a las clases populares en la búsqueda de sueños…¡Salud! ¡Salud, cabrones!, esta invitación a tomar lo hace con una cerveza negra modelo en la página 11. 

En las 204 páginas los textos van acompañadas de poemas de protestas, imágenes de las ciudades que visitó en su periplo por los Estados Unidos. Su narrativa se compone de varios personajes, claro, la figura central es Dionisio “Dyon” de cariño, Parménedis. 

La página 143, Servando cita a varios compositores de protesta, mencionaré a los más conocidos: Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Facundo Cabral, Alberto Cortez, Víctor Jara, Pablo Milanés, Atahualpa Yupanqui, Gabino Palomares, José de Molina, Violeta Parra, Bob Dylan, John Lenon, Jim Morrison…

En otra lista, compositores mexicanos: Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y Cri-crí.

Los poetas de su preferencia, extranjeros: Neruda, León Felipe, Mario Benedetti. Poetas mexicanos: Jaime Sabines, Leopoldo Ayala y El Perro Callejero, por supuesto. 

Y al guerrillero Ernesto Che Guevara, el brazo armado del cielo…

Al final del libro, Servando escribe poesías de su especialidad, de protesta, me refiero al poema: ”No me llames ilegal”, que ya está en boga, al mismo tiempo una defensa de miles indocumentados que serán deportados a partir del 20 de enero de 2017, cuando el chauvinista y xenófobo Donald Trump tome posesión del gobierno de Estado Unidos. He aquí algunos párrafos: 

Señor norteamericano
tenga calma, por favor
hablemos tranquilamente
Para entendernos mejor
Tal vez tengas razones
para tratarme tan mal
para gritarme molesto
que yo soy un “ilegal”
Que yo no tengo el derecho de andar libre por tus tierras
pues me burlé de la migra
cuando crucé la frontera
Si señor, soy atrevido
soy un poco aventurero
soy de la estirpe valiente
del Estado de Guerrero…!
Además, quiero pedirte
que no trates de bloquear
el camino del migrante
su decisión de avanzar
Pues estamos decididos
a conquistar la victoria
a luchar hasta lograr
la Reforma Migratoria !!!