Lo que pasa en México

Samuel Schmidt
18 de Junio del 2015

Estoy cansado que la gente diga que si lo que sucede en México pasara en otro país, causaría problemas mayores, mientras que en México nunca pasa nada ni cuando pasa. Su error es no considerar que México no es otro país, si fuera Noruega los procesos, sus resultados y consecuencias serían noruegos.

El tema viene a cuento porque en el mundo cuándo un partido pierde una elección, normalmente su presidente asume el costo político de la derrota y renuncia. Deja libre el camino para que se hagan las correcciones políticas que le permiten al partido poder competir en elecciones subsiguientes. Eso en México no sucede.

Cuándo Gustavo Madero perdió las elecciones en 2012, en lugar de renunciar maniobró para consolidar a su grupo político excluyendo a sus opositores, muchos piensan que lo hizo preparando su candidatura presidencial en 2018. Los años posteriores a esa elección mostraron legisladores PANistas corruptos e inmorales, que en privado contradecían lo que predicaban en público. Para la elección de 2015 Madero metió la mano colocando a sus cercanos como candidatos y volvió a perder, alcanzando un retroceso que tiene espantados a los panistas que ven una perdida política que les quitará prerrogativas y los aleja de la vuelta al poder.

En el PRD sucede algo similar. Los Chuchos son una de las tribus más corruptas que han existido alguna vez en la historia de la izquierda mexicana, esa corrupción les viene desde que eran Partido Socialista de los Trabajadores, un partido pagado por el gobierno para distraer a la izquierda. De sus filas salió el desastre de Iguala, el gobernador caído de Guerrero, y el gobernador electo de Michoacán de quién se dice tiene una especial atracción por el dinero y si se escarba un poco verán que rebasó con mucho los topes de campaña.

Los Chuchos maniobraron para desplazar a las otras tribus, especialmente a las más renuentes a alinearse con el gobierno y apoyar el modelo neoliberal y sufrieron una derrota electoral brutal que les ha quitado el control que tenían en el Distrito Federal y que les elimina la posibilidad de contar con muchos recursos para alimentar a sus cuadros políticos, acercándolos a perder el gobierno del DF.

No obstante el retroceso que seguramente se marcará mucho más en los próximos años, no hay señal que Carlos Navarrete, presidente del partido, vaya a renunciar. Y mucho menos que los Chuchos aflojen la tenaza que tienen contra otras tribus dificultando la democracia partidista.

De los desfiguros del INE, las trampas del Partido Verde y la conducta inmoral de sus líderes ni hablar. Es una muestra de la degradación moral de la política mexicana.

Un amigo nicaragüense con mucha delicadeza decide contarme una historia, disculpándose de antemano para que no pareciera que me iba a ofender, el caso es que me cuenta que contrataron una constructora en la Ciudad de México y los robó. Contrataron un abogado para demandar a la constructora y los robó. Desconcertado expresó: ¿Qué pasa en México?

La respuesta la dan Octavio Paz y los que han indagado sobre el mexicano, que concluyen que este es mentiroso, Paz agrega que se esconde tras máscaras, y si el mexicano miente en sus relaciones cotidianas, no hay razón que nos lleve a pensar que se comporte distinto en la política, o en los negocios.

La cuestión del abogado parecería ser distinta, porque son los profesionistas que deben encargarse de cumplir con la ley e idealmente, de trabajar para hacer justicia.

Es por eso que mi amigo que es abogado se sorprende de que el abogado les haya robado el dinero, los documentos y que recurra al expediente de no responder el teléfono.

En un país del mundo donde hay supervisión estricta sobre los abogados, el defraudado tendría una instancia que lo atendiera y que podría llegar hasta el punto de retirarle la licencia de funcionamiento al abogado ladrón, pero es México, uno de los paraísos de la impunidad, donde se tendrá que buscar a otro abogado para que demande al abogado que esconde los documentos necesarios para demandar a la constructora. Sin la certeza de que el nuevo abogado no resulte un rufián.

Así tenemos que la larga cadena de engaños, mentiras, fraudes, va desde los que deben representar a la sociedad hasta llegar a los niveles de confianza más fundamentales en actividades cotidianas.

Y por eso es que lo que sucede en México y que estremecería a cualquier otro país, aquí produce nulos resultados. México es el país del mañana y del dominio de las grandes mentiras, entre las que destacan: mañana te lo pago y luego nos casamos.