La Desconfianza

Carlos Angulo Parra
5 de Marzo del 2015


En México se está convirtiendo la confianza en el elemento más escaso. La noticia del día son las declaraciones del Presidente Peña hechas en su viaje a Londres, al reconocer que en nuestro país, hay una sensación de incredulidad y desconfianza.

En los países civilizados del mundo la buena fe siempre se presume. Hay un principio en nuestro sistema jurídico mexicano que así lo establece. Sin embargo, nuestra cultura y costumbres dictan todo lo contrario, ¿cuántas veces te han pedido prestado dinero tus amigos y no te pagan, y ni siquiera te dan excusas ni explicaciones? A raíz de esto y de muchas experiencias negativas a lo largo de nuestras vidas, la desconfianza se convierte en la norma y  no en la excepción.

Ahora bien, cuando se trata del gobierno, la desconfianza es total, pero por desgracia, también la asume el gobierno que se comporta con los ciudadanos y contribuyentes considerándolos como criminales potenciales y  defraudadores fiscales. Para dar un ejemplo. En la reciente reforma fiscal, a raíz de un supuesto abuso del sistema de importaciones temporales que estaban exentas del pago del IVA en la introducción de insumos para la manufactura de bienes que luego se exportan, se decidió eliminar la extensión del IVA. Para que no se les cobre el impuesto, ahora las empresas tienen que certificarse de que cumplen con la ley. Con esto, se presume la mala fe de dichos importadores y tienen que probar que cumplen con la ley.

En el áera política la desconfianza es realmente dramática pero más que justificable, ¿cuántas veces ha dicho el gobierno que no va haber una devaluación, y la reacción de la gente es hacer lo que presumiríamos que no se hace cuando hay confianza en lo que se nos dice: comprar dólares, porque se presume que se nos miente?

En estos tiempos, tenemos el caso de los desaparecidos de Ayotzinapa. Los hechos que se han manifestado por la PGR, simplemente no se creen, van y vienen expertos extranjeros (porque a los mexicanos no les tenemos confianza), se dice que fueron los policías de Iguala, luego se sospecha que fueron los policías de la población vecina de Cocula, para luego especular que fue el ejército que secuestró a los normalistas y los retuvo en su cuartel de Iguala. Se dice que los tiraron en el mar, para luego sospechar que están vivos sujetos a esclavitud y explotación en algún lugar del Norte del país, para luego oír la versión oficial de que los incineraron y sus cenizas esparcidas en el río. Ahora, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene que validar las investigaciones.

El caso es que nadie confía en nada, no se confía en el gobierno federal, mucho menos en los gobernadores y legisladores, sean federales o locales; no se confía en la policía ni en los jueces.

Antes había instituciones más o menos confiables como la Iglesia Católica, los bancos y los notarios. Después de los escándalos pedófilos, ahora con la banca extranjera usurera y los compromisos de los políticos ante notario y los abusos en sucesiones y expedición de poderes para cometer fraudes, ya nadie confía en estas instituciones.

Un país no puede vivir inmerso en la presunción de la mala fe, no es posible tener empresas productivas y competitivas si tienen que estar constantemente comprobándole al gobierno su buena fe, en lugar de que el gobierno la presuma y  castigue las violaciones.

Mientras la norma en nuestro país sea el de la violación e incumplimiento de la ley, presumiéndose que eso es lo normal, no podremos prosperar como sociedad, ni aspirar a ser una nación desarrollada y quedamos sin esperanza.

Primeramente tenemos que hacer lo necesario para que el gobierno sea el primero que de el ejemplo del cumplimiento de las normas que lo regulan.

Ya aprobamos un sistema nacional de transparencia, pero únicamente a nivel constitucional. En estos momentos se está discutiendo en el Senado la ley que pondrá a funcionar el sistema de transparencia, que haga que el gobierno actúe abiertamente como norma y  no como excepción.

Por el otro lado, con el Sistema Nacional Anticorrupción, aprobado como reforma constitucional en la Cámara de Diputados, al aprobarse en el Senado y  en la mayoría de las legislaturas locales, y una vez implementadas las leyes reglamentarias respectivas, tendremos la oportunidad histórica de lograr ese cambio de paradigma y hacer que los integrantes del gobierno se comporten conforme a la ley.

Pero, como podremos suponer, la gente no cree que esto se va a dar y a poner en práctica. Simplemente no hay  confianza de que los gobernadores y funcionarios gubernamentales lo van a permitir.

No debemos darnos por vencidos y simplemente no creer y comportarnos escépticos. Debemos de luchar porque esto suceda y hacer que suceda. Es la mejor actitud que podemos asumir, nunca debemos de claudicar de pugnar porque México, a través de educación, de grandes campañas de conocimiento y convicción de que la moral y  la ética sean la norma que regule nuestras conductas y que las excepciones tengan consecuencias y se castiguen ejemplarmente.

Sólo así podremos aspirar a dejarle a nuestros hijos un país en el que todos podamos aspirar a la consecución de nuestras aspiraciones.