Nicolás Tenzer y Teoría De La Despolitización; Pierre Bordieu Contra La Política De Despolitización

Ernesto Ortiz Diego
10 de Febrero del 2015

En esta vertiente teórica, Nicolás Tenzer considera que la situación actual por la que atraviesa el mundo es una “crisis global”, y que sólo puede entenderse en su globalidad, pero ante todo la considera política. Entiende que, “la sociedad ya no se percibe ella misma de manera coherente, por lo mismo es incapaz de conducir su unidad”. 

Define a la crisis política con algunos argumentos que se observan en la sociedades actuales: 

a) El estrechamiento del espacio político.
b) El sentido de la inestabilidad de la política.
c) La desaparición de la voluntad para alcanzar un “sentido común”.
d) El antagonismo creciente entre la sociedad y la política.
e) Desaparición de propuestas y proyectos políticos en el debate político.
f) La modificación de la naturaleza de la decisión. La decisión se define con criterios técnicos y no de significación política. Criterios de legalidad y no de legitimidad. 
g) Las causas ideológicas de la lucha y división política se han transformado por otros de orden más cotidiano y de sobrevivencia. 

Bajo este esquema se observa como un problema y significado de la crisis política, a la separación entre “la esfera pública y la esfera privada”. En la esfera pública tiene sentido la política; en cambio en la esfera privada no queda muy claro el ámbito de aplicación de la política, y pone en entredicho la problemática de la legitimidad. En las circunstancias en la forma de representación, en la matriz de las relaciones entre Estado, sistema político, partido, economía y sociedad. 

El eje clásico de las relaciones político-sociales en América Latina presentaba diversas características; una de ella es la situación en que el Estado o los partidos absorbían y/o supeditaban a la sociedad, o en las que la insistencia partidaria agotaba las formas de expresión de los actores sociales. Otra característica es que los actores sociales o la sociedad civil se presentaban por si solos y hacían irrelevante el sistema partidario expresándose en forma directa o por la vía caudillista clientelar o corporativa en el Estado. 

La política en todos estos casos era el espacio por el que se expresaban intereses, necesidades y demandas, era un vínculo que transformaba a los individuos y organizaciones en actores políticos. La política era el factor clave en la constitución de las entidades de los actores y sujetos. 

El sentido profundo de los cambios en América Latina es que hoy se asiste a procesos de descomposición general en donde la cohesión y el control social, la institucionalización de la lucha política, han tenido un cambio profundo. Se asiste a un nuevo protagonismo estatal, a partidos que buscan redefinirse por su capacidad de incidir en el mercado político y a sociedades civiles o actores sociales (movimientos sociales) que buscan cada vez más su propia identidad. Fortalecimiento y participación en la vida política nacional. 

Sobre este punto, M. Antonio Garretón señala que el éxito de las transiciones modernizadoras depende en gran medida de la capacidad que tengan las sociedades de nuestro continente de constituir la nueva matriz de relaciones sociales entre Estado (momento de unidad) y sociedad (momento de la diversidad y participación). 

Expresado de otra manera, son la política y la acción colectiva las que están en entredicho y tienden a ser reemplazadas por ideologías individualistas, apatías y refugios diversos, o diversas formas de organización, y que buscan valorizarse en ellas mismas y a desempeñar un rol significativo en la constitución de nuevos movimientos sociales. 

En el pasado se asistía a una crisis en la sociedad, entendida ésta como crisis coyunturales y estructurales. En cambio, en la actualidad se observa una crisis de la sociedad. Nicolás Tenzer explica que no hay “esencia intemporal de la crisis: cada una de las crisis debe ser apreciada en función de una época”. Sugiere la necesidad de evaluar la gravedad específica de cada crisis y la “urgencia de una acción”. 

Por último, en el proceso de transición, tantas veces mencionado, que se desarrolla en América Latina pasamos de una política de tipo confrontacional, como la que caracterizó a la política regional durante las décadas anteriores, a la política de consensos, y ello, sin duda alguna, constituye el inicio de una nueva cultura y estilo político. Sin embargo, el gran problema de la “política consesual” es que no se refiere a la política sustantiva o temas de fondo; pareciera que el nuevo estilo se refiere más bien a cuestiones puntuales y concretos de corto plazo. 

El consenso sobre temas fundamentales requiere de una confrontación pública y democrática que tenga efectos en el largo plazo y en el tipo de sociedad que se construye, situación que no se visualiza en las ofertas partidarias, menos aún en las contiendas electorales.

Contra la política de despolitización

El sociólogo Pierre Bourdieu (1930-2002). Desde “La maison des sciences de l´homme (No. 54 de Boulevard Raspil, París), uno de los grandes laboratorios humanísticos de la vieja Europa, a través de toda su extensa obra, opinó severamente contra la economía de libre mercado o las leyes que restringen la inmigración, y sus opiniones siempre fueron noticia en toda Francia”. 

“Hay que restaurar la política, es decir, la acción y el pensamiento”, manifestó este gran sociólogo francés, considerado como el pensador más influyente en Francia en la segunda mitad del siglo XX, pues desde 1955 había apostado claramente por el compromiso de unir teoría con práctica. Su extensa obra y su participación en clases universitarias y en importantes debates se centró en renovar los estudios de la sociología, a la vez que se ocupaba del arte, la literatura, de las conductas sociales, siendo en los últimos años de su vida un crítico feroz de los medios y las políticas neoliberales. 

Restaurar la política

En el último ensayo: “Contra la política de despolitización”, sostuvo que se hace imprescindible restaurar la política, “es decir, la acción y el pensamiento político y encontrar un punto justo de aplicación que se sitúe más allá de las fronteras del Estado nación, porque sus medios específicos ya no se pueden reducir a las luchas políticas y sindicales en el marco de los Estados nacionales”. 

Para Bourdieu era importante agrupar sin unificar, pues consideraba que los movimientos sociales, más allá de las diversas razones que les dieron origen les marcaran objetivos, en el fondo todos tienen rasgos comunes dado que ellos provienen –generalmente- del rechazo de las formas tradicionales de la movilización política. 

Este reconocido e influyente pensador no podía concebir un movimiento social europeo de la participación de un sindicalismo renovado, que pudiera vencer los obstáculos externos e internos a favor de su reforzamiento y, fundamentalmente, a su unificación a escala europea, pues –a su criterio- la política neoliberal contribuye al debilitamiento de los sindicatos. Y sostenía: “solo un movimiento social europeo fuerte de todas las fuerzas acumuladas dentro de las diversas organizaciones de los diferentes países y de los instrumentos de información crítica elaborados en común, será capaz de resistir las fuerzas tanto económicas como intelectuales de las grandes empresas internacionales y su armada de consultantes, expertos y juristas reunidos en sus consejos en lobbying”. 

Espacio social y campo de poder 

Comenta Pepe Rivas en su publicación ajoblanco (España) –que Bourdieu en su dilatada carrera como sociólogo, etnólogo y antropólogo, aportó varios instrumentos para avanzar en la comprensión de los mecanismos ocultos que mueven nuestra sociedad, introduciendo en el vocabulario de la sociología la noción de “espacio social” y de “campo de poder”. Términos éstos que Bourdieu explica: “La noción de espacio social resuelve el problema de la existencia o no de las clases sociales que divide desde los inicios a los sociólogos. Se puede negar su existencia sin negar lo esencial, que son las diferencias sociales que existen en la sociedad a causa de la distribución desigual de bienes y capitales, lo que genera antagonismos individuales y, a veces, enfrentamientos colectivos. Las clases sociales sólo existen en estado virtual y la sociología no ha de construir clases, sino espacios sociales, en primer lugar para romper con la tendencia de pensar el mundo social de una forma sustancialista, que es la del sentido común, y la razón”. 

La noción “campo de poder” está relacionada a un sistema de relaciones. Bourdieu recuerda que en el siglo XIX en Francia, hubo una lucha entre los artistas y los burgueses, aunque dichas luchas fueron virtuales. El tema era que muchos artistas eran hijos de burgueses en ruptura con la burguesía. Cita dos ejemplos: “Cézanne era hijo de banqueros; Manet, de un alto funcionario. En esa lucha lo que estaba en juego era la dominación sobre el mundo social y sobre los instrumentos legítimos de dominación”. En cada campo donde se actúa siempre hay un desafío desconocido: “jugar o estar fuera de juego” (Bourdieu). 

Temas que manifiestan actualidad 

Vivimos en un siglo que se viene caracterizando como el del “gran caos”, un siglo que se va caracterizando por el “debilitamiento de importantes valores”, que profundiza preocupantes “vacíos intelectuales”, un siglo donde momentáneamente triunfa la frivolidad; donde aun existen sectores de la sociedad mundial que se mueven entre los extremos de la perplejidad. 

Respecto al desorden que reina en nuestra época, afirma el filósofo francés Michel Conche que el desorden absoluto actual obliga ver al mundo, al menos desde el punto de vista filosófico, sin unidad ni sentido, y menos de orden verdadero; incluso como si no fuere un mundo, sino más bien como un conjunto disparatado. 

Del imperio del orden al imperio del azar. Vale la interrogante: ¿quién será el nuevo Descartes que con el hilo de una nueva racionalidad reconstruya el sentido del mundo?

El aporte de Bourdieu a la sociología es ante todo una “manera nueva de ver el mundo social, acordándole una función importante a las estructuras simbólicas: la educación, la cultura, la literatura, el arte”. [Louis Pinto]; que alcanza a los medios de comunicación y la política, áreas en que el pensador francés concentró su investigación hacia el final de su vida portentosa. 

En el terreno de la comunicación, Bourdieu, ex profesor del Collage de France, fue polémico al aparecer su libro “Sobre la televisión”. A su juicio, la televisión como se presenta actualmente, aporta al debilitamiento de la cultura. Basta ver en Uruguay la “imposición” de algunos programas televisivos de Argentina, de México e incluso de Estados Unidos.

“Esta temible alianza (prensa escrita y televisiva), hace que los valores específicos, del arte por el arte por así enmarcarlos, estén cada vez más amenazados”, expresó. En el análisis crítico considera –a su vez- que los medios de prensa están en muy pocas manos y se pregunta, ¿en un proceso de concentración, pero hacia dónde”. Situación que ha llevado que el verdadero periodismo haya muerto, porque en vez de buscar la realidad, analizándola seriamente, la ve a través de los gabinetes de comunicación, de los partidos políticos, de las instituciones o de las marcas comerciales. Es que los medios de prensa –en general- ya no viven de la venta de ejemplares, sino que subsisten de la publicidad, por lo cual se ha desfigurado el perfil del periodismo del ayer.

Mirlos Migueles, desde España coincide con la postura de Bourdieu al expresar: Los medios de comunicación se están convirtiendo en correas de transmisión de los gabinetes de imagen y de comunicación de los partidos políticos, de grupos empresariales de gran envergadura y de los “think tanks” que se proponen influir en política nacional y política exterior”.

Los grandes maestros en opinión crítica formativa, en muchos países “están de vacaciones”.