La Ley de Murphy y la Rebeldía de los Estafados

Joan del Alcàzar
10 de Febrero del 2015

Aunque parece que Edward Murphy nunca la pronunció así, la frase ha pasado a la historia y a él se le adjudica la paternidad: “Todo lo que pueda salir mal, saldrá mal”. Es verdad que la sentencia ha tenido versiones, pero todas se le atribuyen al buen señor. Una de las variantes, que ha tenido y tiene mucha vigencia en estos tiempos, es aquella que reza así: “Todo lo que es susceptible de empeorar, empeora”. 

Entre 2007 y 2015, los griegos han celebrado cuatro elecciones parlamentarias. En las de 2007 y 2009, el bipartidismo parecía perfecto: entre el socialdemócrata PASOK y el neoconservador Nueva Democracia (ND) sumaban en torno al 78-80 por ciento de los votos emitidos. En las elecciones de 2012 y las de 2015, ese bipartidismo saltó por los aires, y la suma de los votos obtenidos por los dos grandes partidos apenas llegó al 33 por ciento. Es necesaria una aclaración: mientras que ND ha remontado en la última consulta hasta alcanzar casi el 28 por ciento [venía de un 19 en 2012], el PASOK comenzó a hundirse en 2012 con un 13 por ciento [venía de un 44 en 2009], y no alcanzó el 5 por ciento en 2015. 

En ese período, que coincide con la brutal crisis económica y con la emergencia social que vive el país, electoralmente hablando cabe destacar alguna cosa más: la regularidad del voto comunista [entre el 8 de 2007 y el 5.5 por ciento de 2015], y la aparición del partido fascista Amanecer Dorado en 2012 [con el 7 por ciento], que ha bajado ligeramente en 2015 al 6.2. Lo más importante, sin embargo, ha sido la progresión imparable de la coalición Syriza: 5 por ciento [2007], 4.6 [2009], 16.8 [2012] y 36.34 [2015]. 

Efectivamente, Synaspismós Rizospastikés Aristerás, la Coalición de Izquierda Radical, conocida como Syriza, liderada por Alexis Tsipras, ha capitalizado el hartazgo político que ha provocado el hundimiento del bipartidismo y, además, ha substituido al PASOK como el principal referente de la izquierda partidaria griega. ¿A qué se ha debido ese seísmo electoral producido en la República Helénica?

Durante las dos legislaturas del gobierno conservador de Karamanlís, las anteriores a las elecciones de 2009, los responsables económicos de ND falsearon los datos macroeconómicos de la contabilidad del país. En las elecciones de 2009, el electorado castigo a ND [relativamente, ya que mantuvo en 33 por ciento de los votos] y dio al candidato socialista Yorgos Papandreu la mayoría absoluta en el Parlamento helénico. Las cuentas reales salieron entonces a la luz: ND había asegurado que el déficit griego era de un 3,7 por ciento, pero el déficit real alcanzaba un insoportable 12,7 por ciento.

Al ser conocidas esas cifras, las agencias calificadoras de riesgo devaluaron la solvencia crediticia griega hasta el bono basura. Los inversores comenzaron a exigir mucha más rentabilidad por ellos, lo que generó un mayor endeudamiento para hacer frente a las necesidades económicas del país, incluso para el gasto corriente. Pese a este escenario, reducir el déficit fue la doctrina implantada con extrema dureza, siguiendo las directrices alemanas. La Troika [Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI] impuso unas medidas draconianas que no solo no han dado resultado, sino que han constituido una validación de la Ley de Murphy. El pozo del empobrecimiento griego parece no tener fondo. Las condiciones de vida de la gente se han ido deteriorando cada vez más, la desigualdad interna crece al galope, el monto del principal de la deuda sube y los intereses que genera son imposibles de asumir. Sin embargo, la Troika no afloja. Francia e Italia han dado a los nuevos mandatarios griegos poco más que buenas palabras, pero fundamentalmente Alemania [secundada por algún otro miembro de la UE como Austria o Dinamarca] ha hecho saber a los griegos que no hay más que pagar, pagar, pagar y volver a pagar. 

Lo que los ciudadanos están pagando es la estafa que sufrieron, los juegos malabares financieros de Nueva Democracia, que consistían, por ejemplo, en emitir deuda en monedas distintas al euro, como el yen japonés. Los conservadores griegos, los socios del PP español, pudieron hacerlo sencillamente porque no era obligatorio informar a Bruselas de esas triquiñuelas. Han pasado los años desde que se descubrió el fraude, y ahora sabemos que los gobiernos de Nueva Democracia, presididos en esos años por Kostas Karamanlis, contaron con la complicidad imprescindible de Goldman Sachs [el que era uno de los más importantes bancos de inversión del mundo, estadounidense]. Esta entidad falsificó lo que hizo falta falsificar ayudando así a esconder el déficit de las cuentas griegas. Un dato significativo que conviene recordar es que durante esos años el vicepresidente para Europa de Goldman Sachs era el actual presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Mira por dónde. 
 
Aquella colosal estafa no vino sino a agravar algunos pecados originales de la economía griega, singularmente en lo relativo a la fiscalidad. 

No obstante, la dureza del ajuste y la disciplina social impuesta por la Troika, siempre dirigida por la señora Merkel y por su inefable ministro Wolfgang Schäuble, parecen no tener fin. Y eso sin que los griegos experimenten bonanza alguna. Sacrificio más sacrificio, empobrecimiento creciente mantenido, asfixia de la economía de un pequeño país que nunca podrá pagar lo que debe. Todo parece indicar que Grecia está siendo acosada para que además de purgar sus nefandos pecados económicos sirva de aviso a aquellos otros países que sientan la tentación de alejarse de la ortodoxia del equilibrio fiscal.

Se repite últimamente mucho que no hay comparación posible entre Grecia y España. Es verdad en muchos aspectos, y no tanto en otros. Por ejemplo en el plano de la representación parlamentaria y en la existencia de una gran estafa bancaria. También España ha vivido durante años en un bipartidismo prácticamente perfecto, [excepción hecha de las minorías nacionalistas vasca y catalana], que ahora se está rompiendo. En Grecia se ha producido un desmoronamiento del partido socialdemócrata, PASOK, y un ascenso de una coalición de izquierdas, Syriza. En España está por ver si las predicciones demoscópicas se cumplen, pero hoy por hoy el PSOE baja y baja, mientras que el nuevo partido PODEMOS ha subido hasta superarlo en expectativa de voto. Veremos qué ocurre.

De momento, por lo que a Grecia respecta, lo cierto es que la incapacidad del PASOK para evitar el hundimiento del país, atado de pies y manos por la rígida disciplina del correccional alemán, lo ha convertido casi en irrelevante. No supo interpretar la creciente rebeldía de una parte del electorado, harto, empobrecido, maltrecho y desesperanzado por tanta cirugía [social] mayor sin anestesia. 

Parece que Syriza pretende negar la Ley de Murphy. Ha conseguido transmitir esperanza a los electores, ha generado la ilusión de que puede y debe mejorar la situación económica y social, y más de un tercio de los griegos le ha dado su confianza. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, actores secundarios en el escenario europeo, están atentos a lo que ocurre en Atenas. También en España hay muchos estafados que podrían, quizá, intentar quitarle la razón al señor Murphy.