Max Weber y la Burocracia

Ernesto Ortiz Diego
16 de Marzo de 2014

Max Weber

Esto responde a la aplicación del Modelo Weberiano burocrático ya obsoleto, aún empleado en este siglo XXI, que por sus propias características se ha constituido en un grueso tejido administrativo que no da ya respuesta, en términos de eficiencia y eficacia, a las demandas de una sociedad que solicita calidad en las respuestas del gobierno. 

Max Weber (Alemania, 1864-1920) consideró a la burocracia como un tipo de poder y no como un sistema social. Un tipo de poder ejercido desde el Estado por medio de su “clase en el poder”, la clase dominante que se hizo presente en todo el aparato administrativo en México en los niveles federal, estatal y municipal. El aparato organizatorio de la burocracia, un marco racional y legal donde se concentra la autoridad formal en la cúspide del sistema. Los medios de administración no son propiedad del administrador intermediario. Sus competencias son sujeto de herencias o venta. 

El término burocracia recobra aquí singular importancia si se considera: “Burocracia como clase dominante social incrustada en el Estado”. 

Resulta importante señalar que Weber usa el término burocratización refiriéndose a las formas de actuar y de pensar que existen en el contexto organizacional y a toda la vida social. El término burocratización coincide con el concepto de racionalización. 

Los burócratas son personas que forman el cuerpo administrativo de la jerarquía y estructura de la organización, que siguen las normas impuestas y sirven a los objetivos de la misma. 

En la organización burocrática la actividad es rutinaria, estandarizada y prevista con anticipación; el servidor público se acostumbra a la estabilidad y repetición de aquello que hace, lo que brinda total seguridad acerca de su futuro en la burocracia, es decir, se ubica en una zona de confort. Aquí el funcionario se vuelve un ejecutor de rutinas y procedimientos, los cuales pasa a dominar con seguridad y tranquilidad. 

Cuando surge alguna posibilidad de cambio, tiende a interpretarlo como algo que él desconoce, y algo que puede traer peligro para su seguridad y tranquilidad. El cambio pasa a ser indeseable para el funcionario, quien se resistirá a cualquier tipo de cambio que quiera implantarse en la burocracia. Quien decide es siempre aquel que ocupa el puesto jerárquico más alto, aunque nada conozca del problema que va a resolverse o del cargo que está desempañando. 

La burocracia se basa en rutinas y procedimientos como medio de garantizar que las personas hagan aquello que se espera de ellas. Esa actuación interiorizada hacia la organización lo lleva a crear conflictos con la clientela o ciudadano. Todos los clientes o ciudadanos son atendidos de maneta estandarizada, son un modelo de estadística, se vuelven sólo un número más que hay que atender de acuerdo con los reglamentos y rutinas. Con estas disfunciones, la burocracia se esclerotiza, se cierra al ciudadano o cliente.   

En este sentido, Omar Guerrero Orozco (30 de marzo de 1946), esquematizó la evolución que ha tenido el Modelo Weberiano desde finales del siglo XIX hasta los años setenta, en donde se la presencia del Estado benefactor, transitando por lo que él denomina Modelo Gerencial, que es la etapa en la que neoliberalismo resurge como modelo económico y exige el adelgazamiento del Estado, hasta llegar a lo que se denomina Estado Cívico, que es caracterizado por la implementación de nuevas políticas públicas. 

Estas serían las principales características del Modelo Weberiano que, como ya se señaló, contiene en esencia elementos que representan paradigmas que hoy están rebasados en su contexto y en el entorno, para toda organización que busque como base el logro de resultados con eficiencia y eficacia que den en sí la existencia.