Casas de Peña Nieto

Héctor Murillo Cruz
10 de Febrero del 2014

Humberto Navarro González

Humberto Navarro González

En la política mexicana contemporánea pocas ideas originales han aparecido en las sucesivas campañas presidenciales. Una singular fue el plan desarrollado por el Frente Político Nacionalista Revolucionario –FREPONAR-. Todo empezó cuando en 2010 se reunió el Frente en Ixtapaluca, Estado de México, encabezado por Humberto Navarro González –fallecido hace poco- y se lanzó el Programa “Casas Peña Nieto”, consistente en transformar hogares familiares en domicilios públicos propagadores de  simpatía al entonces precandidato a la Presidencia, Enrique Peña Nieto, a la sazón gobernador del Edomex.

Los gastos corrieron a cargo de los simpatizantes y el FREPONAR; no se exigieron comprobantes por no estar adherido formalmente al PRI. Los estados donde se trabajó primero fueron: Baja California, Sonora, Zacatecas, Coahuila, Puebla y Tlaxcala. Tan sólo en la región Puebla-Tlaxcala se crearon 14 mil casas y 10 mil en Baja California, acreditándose 7 mil trece a Tijuana. En este esfuerzo territorial  colaboraron el Vicepresidente Nacional, Leonardo Bravo Quintero y el Secretario de Acción Política, Ignacio Carlos Huerta.

Ni qué decir: los operadores políticos de FREPONAR recibieron desaires, encontraron obstáculos y sufrieron intrigas, pero salieron airosos al haberse sumado sus numerosos votos al triunfo electoral de Peña Nieto, empujado por las 80 mil casas que llevan su nombre y siguen en pie.

Fue una desgracia la prematura muerte del fundador de FREPONAR: Navarro González murió convencido de la amistad de EPN, de quien dejó dicho “es una persona justa, honesta, agradecida y con alto espíritu de reciprocidad.”

Los militantes políticos tienen convicciones, saben que al exitoso desarrollo de las Casas Peña Nieto, corresponde un reconocimiento y oportunidades a recibir un cargo público. Ignoro si esto ha ocurrido en la República, en caso contrario la responsabilidad corresponde no al Ejecutivo sino al Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien fue Jefe de la Campaña y al Secretario de Energía,  Pedro Joaquín Coldwell, ex Presidente nacional del PRI. Ambos sabían del nexo de Peña Nieto con Humberto Navarro y deben actuar: la gratitud es un valor exigible para el ascenso personal y no pueden hacer quedar mal al Presidente.

FEDERALISMO RIP

En lugar de la tradicional ceremonia conmemorativa de la promulgación de la Constitución de 1917, este 5 de febrero debió pronunciarse un réquiem por el sistema federal que, entre tanto manoseo e irresponsable reformismo, ha reinstaurado el grotesco centralismo que tantas vidas costó en el siglo XIX, tras revueltas intermitentes entre liberales y conservadores, quienes por la vía golpista, se sucedían en el poder de la incipiente República.

Si bien el sistema federal fue en un principio una imitación extralógica del sistema norteamericano, que realmente fue un verdadero pacto federal ideado y elaborado después de arduos debates entre los juristas James Madison, Alexander Hamilton y John Jay en la Convención de Filadelfia, donde estuvieron representadas las 13 colonias para proteger sus intereses comunes en contra de las exacciones de la Corona Británica.

Dicho sistema fue adoptado por la naciente nación mexicana emancipada del dominio español, sólo por la corriente política en boga, pero sin que mediara entre las provincias una representación auténtica de sus intereses y una definición clara de sus alcances. Así se expidió la Constitución de 1857 cuyo texto prevaleció –en cuanto a la forma de gobierno y las competencias federal y de los estados- en la aun festejada de 1917 impulsada y promulgada por el Presidente Venustiano Carranza, que de alguna manera ha sido desde entonces la ley fundamental del Estado mexicano donde están claramente establecidos los poderes tanto federales como locales, y delimitadas las facultades y competencias de uno y otros. Pero tanto manipuleo, originado principalmente por el licencioso ánimo del presidente en turno de proponer reformas constitucionales que se acomoden a sus programas de gobierno –muchas veces fallidos- nuestra Carta Magna ha quedado desfigurada y en materia de federalismo ha retrocedido al siniestro centralismo. Descanse en paz el federalismo.

ARISTOTÉLICAS

Durante el último año, Jalisco ha sufrido relativamente pocos cambios sociales y políticos. Aristóteles Sandoval Díaz, su gobernador, cumplió ya con el requisito de ley de rendir cuentas a la ciudadanía al llegar a su primer año de mandato constitucional.

Para los habitantes del estado la llegada de un nuevo gobierno, después de haber soportado por 18 años a panistas, no ha sido aún perceptible, salvo los colores partidistas. Y es que –sin querer satanizar- los tres períodos en que Acción Nacional mandó únicamente se  obtuvo mayormente desorden, prepotencia y corrupción.

Hoy con el PRI en el gobierno, con Aristóteles Sandoval al frente y un equipo de trabajo “campechaneado” con jóvenes y otros no tanto, se pretende impulsar cambios que realmente mejoren el desarrollo en los 125 municipios. La gente de aquí para adelante exigirá al gobierno estatal concretizar lo planteado en campaña: más trabajo, más obras, seguridad y menos corrupción.

HORACIO QUIÑONES Y EL BIP

La idea de crear el Buró de Investigación Política, en 1944, la venía incubando desde hacía  años. Al principio se apoyó en los comentarios y opiniones de algunos de sus amigos cercanos. Las materias que lo interesaban eran la cultura y la política; sus colaboraciones en la revista “Hoy” fueron sobretodo de temas culturales y después  políticos, predominó este último en su deseo de colaborar en “arreglar su sociedad”. Obviamente debía dirigir sus análisis a los propios políticos, así que para llegar a ellos era necesario enviárselos por medio de cartas confidenciales, dirigidas a los personajes que tenían en sus manos la responsabilidad de tomar decisiones concretas para que sus gobernados vivan en una sociedad justa. Para ello primero diseñó el formato con sus amigos entrañables Edmundo Valadés y Juan Manuel Elizondo en un primer número que no circuló. A partir del segundo y tercero y cuarto se los envió gratis a mil posibles suscriptores dándolo a conocer y ofreciendo la suscripción por un año por $100.00 de entonces. (Fuente: Archivo Familia Quiñones. Investigó Beatriz Quiñones Solís).