¿Existen aún la Izquierda y la Derecha?

Ernesto Ortiz Diego
7 de Diciembre del 2014

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¿Esta fue una interrogante sobre la que teorizó Norberto Bobbio en uno de sus libros ¿Existe aún la izquierda y la derecha? Muchos lo ponen en duda. Sin embargo, Bobbio responde positivamente a esta pregunta, demostrando que la dualidad sigue en vigor. Por ello, examina las razones de los escépticos y redefine ambos conceptos a través del análisis de la idea de igualdad y del uso que de ellos se hace en la sociedad actual. 

Bobbio señala: “Me ha movido un deseo de claridad conceptual. Deseaba razonar, eliminar confusión. Existe también un motivo práctico, en cada momento se niega la distinción entre derecha e izquierda y, sin embargo, se sigue utilizando continuamente. Es una “caja vacía” de la cual todos sacan cosas. Si esto ocurre existirá un motivo”. 

Síntesis Biográfica

Norberto Bobbio nació en Turín, Italia, poco antes de la I Guerra Mundial (el 18 de octubre de 1909) y, por lo tanto, cumplió ochenta años pocos días antes de la caída del muro de Berlín. En medio de tantos acontecimientos que martirizaron a varias generaciones de ciudadanos. 

En su autobiografía intelectual, presentada en un seminario de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, dirigido por Gregorio Peces Barba en el verano de 1992, el filósofo italiano escribe: “El transcurso de mi vida coincide en gran parte con el periodo histórico que ha sido denominado, con razón o sin ella, de la guerra civil europea. Es el periodo que comienza con la profecía del ocaso de Occidente y termina con la victoria triunfal de la mayor potencia occidental, y con la declaración, precipitada, del fin de la historia. Los años de mi formación coinciden con los del fascismo: cuando Benito Mussolini llegó al poder hacía pocos días que yo había cumplido trece años; cuando cayó, el 25 de julio de 1943; yo tenía ya treinta y cuatro y había alcanzado ya il mezzo del cammino de mi vida (...)”. 

En estas palabras de Bobbio está, en esencia, el contenido de una vida, afortunadamente todavía hoy inacabada. Testigo del siglo XX, ejemplo de una cultura militante desde el antifascismo activo, desde la búsqueda de la racionalidad, desde la pasión por la libertad, acérrimo defensor del socialismo liberal y democrático –y por lo tanto, iluminador de la revisión del socialismo marxista. Norberto Bobbio plantea en toda su obra teórico-política la misma complejidad: desconfianza hacia la política demasiado ideologizada; defensa del gobierno de leyes contra el gobierno de los hombres; elogio de la democracia; defensa a ultranza de una política laica, entendiendo el laicismo como ejercicio del espíritu crítico con los opuestos dogmatismos de católicos y comunistas y, finalmente, incondicional admiración del sistema político inglés. 

Pero si queremos hacer política, y estamos obligados a hacerla según las reglas de la democracia, debemos tener en cuenta los resultados que este juego favorece. Quien quiere hacer política día a día debe adaptarse a la regla principal de la democracia, la de moderar los tonos cuando ello es necesario para obtener un buen fin, el llegar a pactos con el adversario, el aceptar el compromiso cuando éste no sea humillante y cuando es el único medio de obtener algún resultado. 

Esos valores fundamentales de la ética social y política, la tolerancia, la libertad, el pluralismo y la no violencia, la paz, la fraternidad, la igualdad [¡atención a este concepto de Bobbio!], son los que permitieron batirse con el fascismo y con el comunismo dogmático.

Bobbio Falleció el 9 de enero en Turín tras ser ingresado en un hospital por una crisis respiratoria de la que no se recuperó. 

La díada existente

El título del libro Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política preexplica la principal aportación del mismo: que para Norberto Bobbio la díada derecha-izquierda, que ha prevalecido desde menos dos siglos y que designa el contraste de las ideologías y de los movimientos en que está dividido el universo, permanece activa. 

¿Por qué iba a no estarlo? ¿Es que debe sorprendernos que en un universo como el político, constituido sobre todo por relaciones de antagonismos entre partes contrapuestas (partidos, grupos de intereses, facciones, pueblos, relaciones internacionales, naciones, ciudadanos, etcétera) la manera más común de representarlos sea mediante una díada derecha-izquierda? Y sin embargo, no debe estar tan claro cuando la conceptualización izquierda-derecha tañe a duelo, cada vez con más frecuencia, siendo aclamada una especie de sociedad de ambidextros.

Norberto Bobbio hace de abogado del diablo y establece algunas situaciones que generan dudas sobre la vigencia de la díada en cuestión. En primer lugar, la crisis de las ideologías. Si las ideologías tocasen a su final, como han expresado algunos estudiosos (Daniel Bell, Francis Fukuyama y Revel Jean-francois), la díada no tendrá sentido; pero al contrario, el árbol de las ideologías está siempre reverdeciendo. Además, derecha e izquierda no significan sólo ideologías; reducirlas a la pura expresión de un pensamiento ideológico sería una injusta simplificación, pues también indican programas contrapuestos respecto a muchos problemas cuya solución pertenece habitualmente a la acción política. Se trata no sólo de ideas, sino también de intereses o valoraciones. 

En segundo lugar, la síntesis de derecha y de izquierda hacia una convergencia o tercera vía. El socialismo-liberal o liberal-socialismo y la revolución conservadora son ejemplos de un intento de conciliación de ideas contrapuestas, y por consiguiente alternativas, que la historia había señalado como incompatibles. 

Pero todavía no ha habido entre las terceras vías una que acerque, en la práctica política, al comunismo y al fascismo, pese a que tengan de enemigo común a la democracia. Lo que tienen en unión, explica Norberto Bobbio, llevar hasta sus últimas consecuencias los rasgos característicos de la ideología, es justo lo que los convierte en irreconciliables. El máximo ejemplo instrumental de alianza práctica entre fascismo y comunismo fue el pacto de no agresión y repartición mutuamente ventajosos entre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin. 

En último lugar citaremos la aparición de nuevos movimientos que aparentemente no entran en la dialéctica derecha-izquierda. Por ejemplo, los verdes. Algunos sociólogos los han definido como movimientos transversales, en el sentido de que parecen atravesar los campos enemigos, pasando de uno a otro. 

No comparte Bobbio esta opinión, que afirma que existen verdes de derecha y verdes de izquierda: se ha pasado de considerar a la naturaleza como objeto de nuevo dominio y dócil instrumento de las necesidades humanas, a la idea de la naturaleza como sujeto o como objeto de utilización no despótica, sino incluida en los límites de la razón. Es decir, hay una distinta manera de concebir la relación del hombre con la naturaleza o deuda del hombre hacia el resto de las entidades humanas, o simplemente deuda que tiene hacia otros hombres, especialmente de las generaciones futuras. Como ha escrito Alain Minc, no puede ser de izquierdas quien intenta aplicar la socialdemocracia para los pajaritos, a costa de la socialdemocracia de sus semejantes.

La igualdad

Para Norberto Bobbio, y ésta es la parte central de su pensamiento político, la esencia de la distinción entre derecha y la izquierda, o a partir de ahora, entre las derechas y las izquierdas (pues hay graduaciones en cada familia) “es la diferente actitud que las dos partes –el pueblo de la derecha y el pueblo de la izquierda- muestran sistemáticamente frente a la idea de igualdad”: aquellos que se declaran de izquierdas dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales, o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad; los que se declaran de derechas están convencidos de que las desigualdades son un dato ineliminable, y que al fin y al cabo ni siquiera deben desear su eliminación.

“Cuando se dice que la izquierda es igualitaria y la derecha es inigualitaria no se requiere decir en absoluto que para ser de izquierda sea necesario proclamar la máxima de que todos los hombres son iguales en todo, independientemente de cualquier otro criterio discriminatorio, porque ésta sería no sólo una visión utópica, sino peor, una proposición a la que no es posible dar un sentido razonable […] El hecho real es éste: los hombres son entre ellos tan iguales como desiguales. Son iguales en ciertos aspectos, desiguales en otros. Queriendo poner el ejemplo más familiar: son iguales frente a la muerte porque todos son mortales, pero son desiguales frente a la manera de morir porque cada uno muere de manera distinta […] Entre los hombres, tanto la igualdad como la desigualdad son de hecho verdaderas porque corresponden a observaciones empíricas irrefutables. 

En resumen, una política igualitaria se caracteriza por la tendencia a remover los obstáculos que convierten a los hombres y a las mujeres en menos iguales. Si existe un elemento caracterizador de las doctrinas y de los movimientos que se han reconocido universalmente como izquierda, este elemento es igualitarismo, en sentido éste no como la utopía de una sociedad donde todos los individuos sean iguales en todo, sino como la tendencia a convertir en más iguales a los desiguales. 

Esta izquierda intentó, en algunos de sus componentes (el socialismo real), la remoción de lo que durante mucho tiempo ha sido considerado el mayor obstáculo a la igualdad: la propiedad individual, el “terrible derecho”. 

Así se llegó a lo que Norberto Bobbio ha definido como la “utopía invertida”, el vuelco total experimentado por una grandiosa utopía igualitaria hasta convertirse en su contraria: “La primera vez que una utopía igualitaria ocupó la historia pasando del reino de los discursos al de las cosas, dio un vuelco para convertirse en su contraria”. 

Moderación y extremismo

Ya hemos escrito que Norberto Bobbio se consideraba un moderado. En el libro Derecha e izquierda…contempla otra díada alternativa, la de extremismo versus moderación, que pertenece a un universo político diferente que la de derecha-izquierda. La díada extremismo-moderación está referida no al concepto de igualdad, sino al de la libertad

El ideal de libertad, otro gran referente de la humanidad, no sirve para distinguir entre derecha e izquierda pues existen doctrinas y movimientos libertarios y autoritarios tanto a la derecha como a la izquierda. “Y existen tanto a izquierda como a derecha movimientos y doctrinas libertarios y autoritarios porque el criterio de la libertad sirve para distinguir el universo político no tanto respecto a los fines como respecto a los medios; o al método empleado para conseguir los fines”, escribe el jurista y filósofo italiano. 

Así se explica por qué revolucionarios de izquierdas y contrarrevolucionarios de derechas pueden compartir ciertos autores (George Sorel, Carl Schmitt, incluso Antonio Gramsci), no en cuanto sean derechas y de izquierdas que, precisamente por ser así se distinguen de los moderados de derechas y de izquierda. Sólo las alas moderadas de las dos afiliaciones son compatibles con la democracia. “Yo me considero un moderado […] El moderado es, por naturaleza, democrático; un extremista de izquierdas y uno de derechas tienen en común el antidemocratismo […] No es casual que tanto los extremistas de izquierda como los de derechas desprecien la democracia, incluso desde el punto de las virtudes que ella alimenta y que son imprescindibles para su supervivencia. En el lenguaje de unos y otros democracia es sinónimo de mediocracia, entendida ésta como dominio no sólo de la clase media, sino de los mediocres. El tema de la mediocridad democrática es típicamente fascista. Pero es un tema que encuentra su ambiente en radicalismo revolucionario de cada color”. 

De la conjunción de libertad e igualdad extrae Norberto Bobbio un espectro político con cuatro categorías: 

  1. La extrema izquierda: el jacobinismo. Movimientos y doctrinas a la vez igualitarios y autoritarios.
     
  2. El centro izquierda: el socialismo liberal y la socialdemocracia. Movimientos y doctrinas liberales y a la vez igualitarios.
     
  3. El centro derecha: partidos conservadores que son fieles al método democrático, pero que se detienen en la igualdad ante la ley, que implica únicamente el deber por parte del juez de aplicar las leyes de una manera imparcial. Movimientos y doctrinas liberales y a la vez desigualitarios.
     
  4. La extrema derecha: el fascismo, el nazismo. Movimientos y doctrinas liberales y a la vez desigualitarios.

Norberto Bobbio fue uno de los pensadores políticos más influyentes del siglo XX y del presente. A esta categoría corresponde el opúsculo sobre la derecha y la izquierda. No obstante, hay que recordar que su principal contribución como teórico está en la Filosofía del Derecho, pero después se dedicó a la Filosofía Política a partir de 1962 hasta que falleció en el 2004. 

Catedrático de Filosofía Política y padre de la filosofía positivista italiana, senador vitalicio nombrado por el presidente italiano Sandro Pertini, entiende que “todas las grandes interrogantes permanecen sin respuesta”. Pero como testigo del siglo XX e inicios del XXI no dudó jamás de su campo de acción: nunca como en nuestra época se han puesto en tela de juicio las tres principales fuentes de desigualdad: la clase, la raza y el sexo. 

Cuando la derecha grita “¡abajo la igualdad!” no quiere decir, como alguien podría interpretar “¡viva la diferencia!”, sino “¡arriba la desigualdad!”. Por ello, izquierda y derecha continúan vigentes. No sólo como una suma de emociones, sino como una colección de valores. 

La distinción rebatida

  1. “Derecha e izquierda” son dos términos antitéticos que, desde hace más de dos siglos, se emplean habitualmente para designar el contraste de las ideologías y de los movimientos en que está dividido el universo, eminentemente conflictivo, del pensamiento y de las acciones políticas.

    En cuanto términos antitéticos son, respecto del universo al que se refieren, recíprocamente exclusivos y conjuntamente exhaustivos, porque, al menos en la acepción más rigurosa de ambos términos, tal y como iremos analizando más adelante, una doctrina o movimiento únicamente puede ser de derechas o de izquierdas.

    Como a menudo ha explicado Norberto Bobbio, a propósito de las que ha dado en llamar las “grandes dicotomías” en que está dividido cada campo del saber, incluso de la pareja de términos antitéticos, como derecha e izquierda, se puede hacer un uso descriptivo, un uso axiológico y un uso histórico: descriptivo, para dar una representación sintética de partes en conflicto; valorativos, para expresar un juicio de valor positivo o negativo sobre una de las dos partes; histórico, para marcar el paso de una fase a otra de la vida política de una nación, pudiendo ser el uso histórico a su vez descriptivo y valorativo.

    La contraposición de derecha e izquierda representa una típica forma de pensar por díadas, de las que se han ofrecido las más distintas explicaciones: psicológicas, sociológicas, históricas e, incluso, biológicas. De ellas, conocemos ejemplos en todos los campos del saber.

    No existe disciplina que no esté dominada por alguna díada omnicomprensiva: en sociología, sociedad-comunidad; en economía, de mercado-planificada; en derecho, privado-público; en estética, clásico-romanticismo; en filosofía, transcendencia-inmanencia. En la esfera política, derecha-izquierda no es la única, aunque es cierto que podemos encontrarla en todas partes.

    Existen díadas en las que los dos términos son antitéticos; otras, en las que son complementarios. Las primeras nacen de la interpretación de un universo concebido como formado por entidades divergentes que se oponen las unas a las otras; las segundas, de la interpretación de un universo armónico, integrado por entidades convergentes que tienden a encontrarse y a formar juntas una unidad superior. La dicotomía derecha-izquierda pertenece al primer tipo. Puesto que a menudo el pensamiento por tríadas nace el pensamiento por díadas y es, por decirlo de algún modo, un desarrollo de éste, es diferente el paso según se parta de una díada de términos antitéticos o de una de términos complementarios. En el primer caso, el paso se produce por síntesis dialéctica o por negación de la negación; en el segundo, por composición.

    Las siguientes reflexiones nacen de la constatación de que, en estos últimos años, se ha venido diciendo repetidamente, hasta convertirlo en un lugar común, que la distinción entre derecha e izquierda que, durante casi dos siglos, desde la Revolución francesa en adelante, sirvió para dividir el universo político en dos partes opuestas, ya no tiene ninguna razón de seguir siendo utilizada. En este sentido es habitual citar a Jean-Paul Sartre, quien parece haber sido uno de los primeros en decir que derecha e izquierda son dos cajas vacías. Ya no tendría valor ni heurístico ni clasificatorio, y mucho menos estimativo. A menudo se habla de ello con un cierto malestar, como si fuera una más de las muchas trampas lingüística en las que cae el debate político.
     
  2. Las causas de esta opinión, que cada vez se va difundiendo más, y sobre la que se podrían aportar infinitos y diarios testimonios, son distintas. Veamos alguna.

    En la base y en el origen de las primeras dudas sobre la desaparición, o por lo menos sobre la menor fuerza representativa de la distinción, se encontraría la llamada crisis de las ideologías. Se puede objetar tranquilamente, y de hecho se ha objetado, que las ideologías no han desaparecido en absoluto, al contrario: están más vivas que nunca. Las ideologías del pasado han sido sustituidas por otras nuevas o que pretenden ser nuevas. El árbol de las ideologías siempre está reverdeciendo.

    Además, no hay nada más ideológico, tal y como ha quedado demostrado muchas veces, que la afirmación de la crisis de las ideologías. Así como que “izquierda” y “derecha” no indican solamente ideologías. Reducirlas a la pura expresión de pensamiento ideológico sería una injusta simplificación: indican programas contrapuestos respecto a muchos problemas cuya solución pertenece habitualmente a la acción política, contrastes no sólo de ideas, sino también de intereses y de valoraciones sobre la dirección que habría que dar a la sociedad, contrastes que existen en toda sociedad, y que no parece que vayan a desaparecer.
     
  3. Se sostiene, en segundo lugar, que en un universo político cada vez más complejo como el de las grandes sociedades y especialmente de las grandes sociedades democráticas, se hace cada vez más inadecuada la separación, excesivamente clara, entre dos únicas partes contrapuestas, y cada vez más insuficiente la visión dicotómica de la política.

    Si se quiere coquetear con el lenguaje de la lógica se puede decir que, mientras la visión diádica de la política, según la cual el espacio político se concibe dividido en dos únicas partes, de las que una excluye a la otra, y nada entre ellas se interpone, puede ser definida como Tercero excluido, la visión triádica, que incluye entre derecha e izquierda un espacio intermedio que no es ni de derecha ni de izquierda, sino que justamente está en el medio de la una y la otra, se puede definir como Tercero incluido. En el primer caso, los dos términos, que están entre ellos en relación de aut aut, se dicen contradictorios. En el segundo caso, donde existe un espacio intermedio que se puede indicar con la fórmula “ni ni”, se dicen contrarios. Nada que objetar: entre el blanco y el negro, puede estar el gris; entre el día y la noche está el crepúsculo. Pero el gris no reduce en lo más mínimo la diferencia entre el blanco y el negro, ni el crepúsculo la diferencia entre la noche y el día.
     
  4. Aunque en muchos sistemas democráticos con pluralismo acentuado el Tercero incluido tienda a llegar a ser exorbitante como para ocupar la parte más extensa del sistema político, relegando la derecha y la izquierda a márgenes, no afecta en absoluto a la antítesis original, puesto que, al contrario, el centro, definiéndose ni de derecha ni de izquierda y no pudiéndose definir de otra manera, la presupone y extrae de su existencia la propia razón de ser.

    Escribe Marcek Gauchet que la Restauración en Francia es el periodo en que las denominaciones de derecha e izquierda, surgidas durante la Revolución francesa, se consolidan y “se acreditan de manera definitiva”. Añade así: “El consolidarse de la pareja pasa a través de un ménage á trois. Existe derecha e izquierda porque existe un centro”. Para que haya una derecha y una izquierda, se necesita por lo menos un tercer término, el centro. Sin embargo si hay un centro, cada uno de los partidos laterales se dejan llevar por tendencias radicales que dan pie a la existencia por lo menos de dos derechas, una derecha-derecha y un derecha extrema, y de una manera similar, de dos izquierdas”. Marcel Gaucher, Storia di una dicotomía, cit. Pág. 65.
     
  5. Distinto del Tercero incluido, si se nos permite esta digresión, es el Tercero incluyente. El Tercero incluido busca un espacio entre dos opuestos, e introduciéndose entre el uno y el otro no los elimina, sino que los aleja, impide que se toquen y que, si se tocan, lleguen a las manos, o impide la alternativa drástica, o derecha o izquierda, y consigue una tercera solución.

    En el debate político, el Tercero incluyente se presenta habitualmente como un intento de Tercera vía, o sea, de una posición que, al contrario de la del centro, no está en medio de la derecha y de la izquierda, sino que pretende ir más allá de la una y de la otra. En la práctica, una política de Tercera vía es una política de centro, pero idealmente ésta se plantea no como una forma de compromiso entre dos extremos, sino como una superación contemporánea del uno y del otro y, por lo tanto, como una simultánea aceptación y supresión de éstos (en lugar de, como en la posición del Tercero incluido rechazo y separación). 
     
  6. Un tercer motivo para declararla en declive y rechazar la viaje díada se encuentra en la observación de que ésta ha perdido gran parte de su valor descriptivo, porque la sociedad en continua transformación y el surgimiento de nuevos problemas políticos –y aquí llamo problemas políticos a aquellos que requieren soluciones a través de los instrumentos tradicionales de la acción política, o sea, de la acción que tiene como fin la formación de decisiones colectivas que, una vez tomadas, se convierten en vinculantes para toda la colectividad- han hecho que nacieran movimientos que no entran, y ellos mismos consideran o presumen de no entrar, en el esquema tradicional de la contraposición entre derecha e izquierda. 
     
  7. La capacidad del hombre cada vez más grande no sólo para aprovecharse de la naturaleza y para someterla a sus propias necesidades, sino también para manipularla y para desviarla de su curso, ha suscitado problemas de una índole moral y jurídica (como aquellos de los que se ocupa la bioética) que requieren, y que requerirán aún más en el futuro, decisiones políticas (en el sentido anteriormente definido) que, siendo totalmente nuevas con respecto a cualquier otra decisión del que fuesen, en las categorías tradicionales de derecha e izquierda que se han ido formando en una época en aquellos problemas. 
     
  8. Sin embargo, todos los motivos que he ido mencionando hasta aquí son “secundarios”. La razón principal por la cual la clásica díada se ha puesto en discusión es otra; una razón que tanto histórica como políticamente tiene un mayor relieve. Los dos términos de una díada se rigen indisolublemente el uno con el otro: donde no hay derecha ya no hay izquierda, y viceversa. Dicho de otro modo, existe una derecha en cuanto existe una izquierda, y existe una izquierda en tanto y cuanto existe una derecha.

    En cada binomio de términos antitéticos no siempre los dos elementos tienen igual fuerza, y además no se da por hecho que de los dos sea siempre uno el más fuerte y otro el más débil. La fuerza respectiva puede cambiar (correlación de fuerzas) según los puntos de vista y los criterios para medirla. Existen binomios donde el término fuerte es preferentemente sólo uno: en el binomio guerra-paz, el término fuerte ha sido hasta ahora preferentemente “guerra”, la prueba es que “paz” ha sido definido tradicionalmente como “no guerra”, como algo que llega después de la guerra (León Tolstói, Guerra y Paz), mientras que en el binomio orden-desorden, el término fuerte es “orden”. En el binomio antitético derecha-izquierda, circunscrito al lenguaje político, la fuerza respectiva de los dos términos no se da de manera constitutiva –contrariamente a lo que ocurre en el lenguaje biológico, y por extensión en el religioso y ético, donde el término fuerte es “derecha”- sino que depende de la época y de las circunstancias.

    En la historia italiana posterior a la Unidad, al predominio de la derecha le sucedió el de la izquierda. Sin embargo, predominio no significa exclusión del otro. Tanto en el caso del predominio de la derecha sobre la izquierda, como en el caso contrario, las dos partes siguen existiendo simultáneamente y extrayendo cada una su propia razón de ser de la existencia de la otra, incluso cuando una asciende más alto en la escena política y la otra baja.

    Cuando el fascismo, considerado como un movimiento de derechas, cayó estruendosamente –y, según gran parte de la opinión pública mundial, justamente-, la izquierda subió por contraste tan alto que pareció que la derecha había desaparecido, o por lo menos que hubiese perdido de tal manera la reputación como para su supervivencia se hiciese impronunciable. 
     
  9. Día tras día constatamos ya que, tras los acontecimientos de estos últimos años, que han perturbado el orden mundial disolviendo los regímenes comunistas –exaltados durante un largo periodo como el imparable avance de una izquierda en la historia y considerados de cualquier modo, incluso por parte de quienes los habían combatido, como la más radical actuación práctica de ideas y movimiento de izquierda-, la relación entre la parte fuerte y la parte débil de la díada se está invirtiendo. Baja la izquierda, sube la derecha.

    Ya está ocurriendo que quienes sostienen que la vieja díada debe ser guardada en el desván sean preferentemente grupos y movimientos que ellos mismos se proclamaron de izquierda, o así eran considerados, juzgados, condenados y vituperados por los adversarios, por lo menos hasta que el viento que impulsa la historia parecía soplar de aquella parte. Hasta hace poco tiempo era corriente oír la pregunta: “Pero, ¿todavía existe la derecha?” Después del derrumbamiento de los regímenes comunistas, se nota cómo asoma con la misma malicia la pregunta inversa: “Pero, ¿aún existe la izquierda?

    Creo que no hay nadie capaz de enumerar y recordar todos los congresos y todos los debates públicos que se han desarrollado en estos últimos años para contestar a estas cuestiones: “La crisis de la izquierda”; “Las dudas de la izquierda y sobre la izquierda”; “La izquierda en dificultades”; “La izquierda agónica”. Todas estas preguntas se pueden resumir con el título del congreso que se desarrolló en Turín en diciembre de 1992: “¿What is Left?”, que significa a la vez “¿Qué es la izquierda?” y “¿Qué ha quedado de ella?”. Más recientemente, también se analizó la izquierda el 19, 20 y 21 de noviembre de 2014, en el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (CIDHEM), en el Primer Congreso Internacional “Norberto Bobbio en Cuernavaca”, en el que participaron estudiosos del pensamiento del fundador de la escuela filosófica de Turín, me refiero a: José María Reniu Vilamala, José Fernández Santillán, César Cansino Ortiz, Laura Baca Olamendi, Elizabeth Di Castro, Juan de Dios González Ibarra, Pedro Salazar Ugarte, Enrique González Casanova y Freddy Mariñez Navarro.
     
  10. Para terminar, el último motivo y, parece, el más decisivo para negar la díada no es el que se refiere a la recíproca controversia, al hecho de que las dos partes de un todo, sea cual sea el sistema político, estén destinadas a caer juntas (si ya no hay derecha, ya no hay izquierda), sino al reconocimiento de que las dos etiquetas se han convertido en meras ficciones, y en realidad frente a la complejidad y a la novedad de los problemas que los movimientos políticos deben afrontar, los “derechistas” y los “izquierdistas” dicen más o menos las mismas cosas, formulan, para uso y consumo de sus electores, más o menos los mismos programas, y se proponen los mismos fines inmediatos. 

    Derecha e izquierda ya no existirían, no tendrían razón de existir, no porque hasta un cierto punto haya existido sólo la izquierda, y luego haya habido sólo derecha, sino porque entre una parte y la otra ya no existen aquellas (presuntas) diferencias que merezcan ser consignadas con nombres diferentes. De hecho son sólo estos nombres diferentes los que acaban por engendrar la falsa creencia de que existan todavía unas contraposiciones que en realidad ya no existen, y por alimentar disputas artificiales y engañosas.

    Esto vale sobre todo para la lucha política en curso en Italia, donde se levantan cada vez más frecuentemente voces de observadores insatisfechos que, estando fuera de la refriega, van afirmando que deberían reducirse los motivos de tanto ensañamiento, porque en las adhesiones opuestas se sostienen a menudo las mismas ideas, o, mejor, que la izquierda, en dificultad, sostiene ideas de la derecha para renovarse, y acaba cancelando el tradicional contaste.

    Tal y como se podría probar por otros testimonios, esta confusión, esta autoanulación de la izquierda, no se corresponde del todo con la realidad. Pero para una respuesta concluyente Norberto Bobbio se remite a los capítulos finales de su libro ¿Existe aún la izquierda y la derecha? Donde intenta resolver las dudas aquí planteadas. 

    Hoy, lo esencial no es imponer este o aquel régimen, todos los regímenes son imperfectos, lo más urgente es salvar la vida sobre el planeta y evitar de todos modos los conflictos entre las personas.