Imágenes

Samuel Schmidt
19 de Enero del 2014

La imagen de los musulmanes es de terroristas; la de los católicos de misericordiosos, la de los judíos de usureros. Y todas son erróneas.

Los estereotipos son construcciones sociales basadas en la distorsión de la realidad, en discursos ideológicos o en una combinación de factores muy compleja, que usualmente genera reacciones negativas como la discriminación, tensiones sociales y puede desembocar en tragedias de gran dimensión.

Al Quaeda reinterpretó el Corán para justificar el asesinato masivo (bombazos a edificios públicos por ejemplo), ellos, contraviniendo lo establecido por la religión justificaron el asesinato de mujeres y niños, cuando uno de sus líderes fue interrogado sobre el pecado que pudieron haber cometido una mujer y su hijo asesinados en un bombazo, respondió que era viernes y debían haber estado en la mezquita; la reprobable existencia de extremistas de este tipo no convierte a todos los musulmanes en violentos o asesinos, ni justifica la musulmanofobia.

Los católicos tienen una larga historia de violencia que incluye las cruzadas, la inquisición y la cercanía de su jerarquía con algunas de las elites asesinas mas infames de la historia, baste con mencionar a Hitler y Pinochet. Se ha documentado que para la inquisición era más importante apoderarse de la propiedad de los acusados que promover la “verdadera fe”. Muchos de los jerarcas católicos y grupos importantes de sus intelectuales son generadores de muchas de las fobias, incluida por supuesto la judía y musulmana, y sin embargo, tal vez por su posición dominante en la cultura occidental se han revestido de una imagen de misericordia, que no desaparece con sus múltiples infamias, como por ejemplo la pederastia en que se han involucrado muchos de sus clérigos y la protección de los depredadores por la institución.

A los judíos se les ha creado una pseudo identidad de avaros y usureros. Me refiero a pseudo identidad porque se comparte entre los no judíos. Muchos judíos tenían prohibido durante mucho tiempo trabajar la tierra o dedicarse a los oficios, muchos podían terminar una carrera pero no ejercer la profesión; la iglesia católica prohibía el préstamo de dinero y orillaba a los judíos a dedicarse a esa ocupación para luego acusarlos de usureros. Mientras más éxito tenían los prestamistas mas eran fustigados por la crítica. Lo mismo sucedió con los que fueron orillados a dedicarse solamente al comercio. En la actualidad del capitalismo salvaje, si el enriquecido es judío, resulta que se debe a su religión, si por el contario un católico resulta un explotador inmisericorde, es simplemente un capitalista, sin que se destaque su religión o pertenencia nacional. Es interesante que los medios destacan la religión judía de alguien que viola la ley, pero si es un científico exitoso entonces se convierte en miembro de una nacionalidad. Ningún medio mexicano destacó cuando falleció que el importante físico Marcos Moshinsky fue judío.

La ética judía enfatiza la solidaridad y entrega societaria. El valor máximo de la tzdaka es hacer algo por los demás de manera anónima y el punto más elevado es cuando el beneficiado no puede agradecer, es por eso que mucha de la filantropía judía, incluida aquellas para apoyar al prójimo con problemas, es anónima.

Durante mucho tiempo los judíos fueron diferentes, tenían costumbres alimentarias, higiénicas, idiomáticas distintas a las comunidades a las que llegaron con la modernización europea, y aunque la mayoría era muy pobre, la discriminación utilizó esos factores de diferencia para incendiar los prejuicios que invadían la psique popular y que con acusaciones como el crimen ritual o el deicidio construyeron una judeofobia de largo alcance histórico y destructivo; hoy muchas sociedades se avergüenzan por el daño causado, pero no dejan de surgir grupos que incitan al daño y la destrucción.

Parecemos estar atrapados entre dos fuerzas. Una que globaliza a las sociedades aumentando sus interacciones, lo que facilita la explotación de los recursos de los demás, entre los que destaca la fuerza de trabajo, de la que son expulsados enormes contingentes que se encuentran ante expresiones de rechazo en las sociedades que los atraen para explotarlos, los invitan siempre y cuando no se integren; la otra es la articulación del odio contra los que se obligaron a migrar y que son distintos. Las fobias crecen y se generalizan creando un clima de odio que todos hubiéramos deseado se terminaran con las grandes tragedias de la humanidad.

Uno de los grandes retos de la humanidad consiste en luchar contra las fobias étnicas y religiosas que han facilitado genocidios y limpiezas étnicas, y aunque suene paradójico, una gran parte de la des construcción del odio tendrá que pasar por las jerarquías religiosas que tendrán que transformarse para desandar un camino que ellas torcieron.