De la Independencia a la Consolidación Republicana

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El 8 de junio de 1808 la tranquilidad de la Ciudad de México se vio interrumpida por la noticia de que el rey de España Carlos IV abdicaba a favor de su hijo Fernando VII, pero mayor sorpresa causó otra noticia, España había sido invadida por los ejércitos franceses de Napoleón quien arrojó del trono a los Borbones y proclamó rey de España y de las Indias a su hermano José Bonaparte. La sorpresa se convirtió en oportunidad política, comenzaba una larga época de rebeliones, golpes y derrocamientos que duraría once años por lo que el Estado mexicano nacería frágil y endeudado con una economía paralizada, una sociedad dividida y una completa desorganización.

La compleja y crítica situación de la Corona española en 1808 provocó el nacimiento de revueltas e intrigas en la sociedad novohispana, los ideales de Independencia empezaron a propagarse en diversos grupos y regiones tanto en criollos como en mestizos, desde entonces hubo intentos de golpes de Estado y conspiraciones que desembocaron en Querétaro.

En casa de los esposos Miguel Domínguez y Josefa Ortiz de Domínguez, Corregidores de Querétaro, se organizaban tertulias literarias a las que asistían los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, algunos sacerdotes y comerciantes y el cura Miguel Hidalgo, hombre ilustrado y ex rector de El Colegio de Valladolid.

Los conspiradores planeaban hacer una insurrección en diciembre de 1810, pero al ser denunciados no tuvieron otra alternativa que lanzarse a la lucha, el domingo 16 de septiembre de 1810 Hidalgo llamó a misa y el pueblo de Dolores acudió, la misa se convirtió en una arenga: “hay que unirse y luchar contra el mal gobierno”, exhortaba Hidalgo, un cura, un líder espiritual, llamando a la unión y a la lucha, el resultado fue incendiario.

Peones, campesinos, artesanos, mujeres y niños, reunieron hondas, palos, instrumentos de labranza y una que otra arma y se unieron a Hidalgo dando inicio a la lucha por la Independencia.

Luego de tomar el pueblo de San Miguel El Grande la misma noche del 16 de septiembre de 1810, este singular ejército nombró a Hidalgo Generalísimo y a Ignacio Allende, Teniente General. En el santuario de Atotonilco, Hidalgo dio a las fuerzas insurgentes su primera bandera, una imagen de la Virgen de Guadalupe.

Dos semanas más tarde, los insurgentes entraban a la rica ciudad de Guanajuato, Hidalgo pidió al Intendente Juan Antonio Riaño rendirse, pero este se atrincheró en la Alhóndiga de Granaditas con los vecinos ricos, Hidalgo dio la orden de ataque y tras de una larga resistencia, la muchedumbre invadió la Alhóndiga y se lanzó a una cruenta matanza y saqueo, que Hidalgo y Allende no pudieron detener, este suceso le restaría simpatizantes al movimiento y retardaría su triunfo.

A pesar del temor que despertó la violencia, la insurrección se extendió por todo el territorio novohispano, motivando que personajes como el sacerdote José María Morelos y Pavón, se uniera al movimiento.

A fines de octubre de 1810, Hidalgo llegaba al Monte de las Cruces, a las puertas de la Ciudad de México, donde aquella muchedumbre heterogénea e impreparada enfrentó y derrotó a mil criollos y realistas; Hidalgo trató de entrevistarse con las autoridades coloniales pero terminó por ordenar la retirada quizá ante el temor de que se repitieran los excesos de Guanajuato o ante el peligro de verse acorralado por las ordenadas tropas de Calleja.

La tropas realistas al mando del general Félix María Calleja siguieron a Hidalgo, el desastre se consumó el 17 de enero de 1811 en Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, donde 5 mil realistas disciplinados derrotaron a 90 mil insurgentes; los líderes del movimiento escaparon al norte, pero traicionados fueron procesados en Chihuahua. Como intimidación las cabezas de Hidalgo, Aldama, Allende y José Mariano Jiménez, fueron colocadas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, aún así el movimiento había herido de muerte al virreinato.

A la muerte de estos líderes, surgió como caudillo el cura José María Morelos, antiguo arriero familiarizado con gentes y caminos quien al mando de un ejército poco numeroso pero disciplinado, se movía con gran talento militar, pronto se apoderó de muchas poblaciones del sur y convocó a un Congreso en Chilpancingo en septiembre 1813 que emitió la Declaración de Independencia de la América Septentrional, nombrado jefe del Ejecutivo, Morelos adoptó el título de Siervo de la Nación, sin embargo, su fracaso en Valladolid precipitó su caída, en noviembre de 1815 fue condenado y tras de sufrir la degradación eclesiástica, fue fusilado el 22 de diciembre de 1815 en San Cristóbal Ecatepec, Estado de México.

Para ese momento, el reino mostraba las huellas de la guerra, su centro estaba devastado por la miseria y la ruina, hacia 1816 la Nueva España parecía haberse pacificado, Juan Ruiz de Apodaca fue nombrado virrey y de inmediato ofreció una amnistía a los insurgentes que muchos aceptaron.

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En 1820 surgió un plan independentista dentro de las filas realistas, su autor, Agustín de Iturbide, un militar criollo que simpatizaba con la autonomía, pero rechazaba la violencia del movimiento insurgente. Lo curioso de la historia es que Iturbide cuya misión era liquidar al General Vicente Guerrero, líder del ejército insurgente del sur, lo invita a unírsele, a su vez Guerrero estaba completamente aislado, y había llegado a una conclusión semejante, la Independencia sólo era posible en unión con el jefe realista, así es que pidió a sus tropas reconocieran a Iturbide como el primer jefe de los ejércitos nacionales, de este acuerdo, el 24 de febrero de 1821, surgió el Plan de Iguala, recibido con entusiasmo por la población y por gran parte del ejército insurgente.

La Corona española nombró a Juan O´Donojú, jefe político de Nueva España, quien llegó a Veracruz en julio de 1821 cuando la Independencia era irreversible, O´Donojú entendió la situación, se entrevistó con Agustín de Iturbide y firmó el Tratado de Córdova en el que reconocía la Independencia y el establecimiento de un Imperio Mexicano, así el 27 de septiembre de 1821, una ciudad engalanada con arcos triunfales recibió a los libertadores: Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, y al ejército Trigarante.

La larga lucha por la Independencia provocó la desorganización de la Nueva España, dirigida con una deuda de 45 millones de pesos, y sin experiencia política, el nuevo imperio nacía sobre bases muy frágiles, Iturbide no supo enfrentar la situación y al chocar con los congresistas, amenazó con la renuncia, pero era tanta su popularidad que el rumor de su renuncia fue el pretexto para que el sargento Pío Marchá se amontase con su ejército el 18 de mayo de 1821 al grito ¡Viva Agustín Primero, emperador de México!

Entre el alborozo popular y el descontento de los insurgentes republicanos, Iturbide se coronó emperador el 21 de julio de 1822, pero este experimento monárquico no duraría mucho, ante el malestar reinante Iturbide abdicó el 22 de febrero de 1823, y en mayo salía desterrado rumbo a Italia, un año después al desembarcar en México fue fusilado.

La búsqueda para la fundación del nuevo Estado Libre y Soberano fue incierta, se proclamaron los Estados Unidos Mexicanos, y en la Constitución de 1824 se estableció una república representativa, popular y federal, con un gobierno dividido en tres poderes, y conformado por 19 estados, 4 territorios y un distrito federal. Guadalupe Victoria, se convirtió en el primer Presidente de la República.

En 1828 se llevaron a cabo las elecciones para la primera sucesión presidencial, y México no superó la prueba, el voto de la legislatura favoreció a Manuel Gómez Pedraza, pero el general Antonio López de Santa Anna se pronunció a favor del general Vicente Guerrero. El Congreso sin autoridad constitucional designó a Vicente Guerrero, presidente y Anastasio Bustamante, vicepresidente. La vida presidencial era fugaz e inestable, Guerrero dejó el poder en 1830 a favor de Bustamante, poco después derrotado por Santa Anna, que asumió su primera de sus múltiples presidencias durante larga estancia en la historia mexicana.

Generalmente la independencia de Texas se atribuye al centralismo, pero su pérdida estaba anunciada por la entrada sin control de colonos norteaericanos y el interés expansionista de los Estados Unidos. Al independizarse Texas, el gobierno de México mantuvo la entrada de colonos norteamericanos que fueran católicos, la enorme frontera, la lejanía y la falta de recursos, favorecieron que una mayoría protestante y esclavista se fuera apoderando del territorio, de manera que en las colonias existía la ilegalidad y un ánimo separatista que se multiplicó, todas las condiciones se acomodaron para que Texas se independizara del Estado Mexicano. El gobierno envió una expedición al mando del general Antonio López de Santa Anna para someter la rebelión texana, Santa Anna recuperó el fuerte del Álamo, pero al mismo tiempo, Texas declaró su independencia.

El país entró a uno de los periodos de mayor inestabilidad económica del siglo, para la década de 1840 la desigualdad entre México y Estados Unidos se había ensanchado, la población norteamericana llegaba a 20 millones, mientras que México apenas rebasa a los 7 millones de habitantes y carecía de elementos para enfrentar a un país con grandes recursos humanos y materiales .

En 1845, Texas, aprobó la oferta norteamericana de unirse a Estados Unidos, y en 1846 este país declaró la guerra sin otro argumento que la conquista de nuestro territorio, para enero de 1847, Nuevo México y California, poco poblados y casi sin defensa habían sido anexados a Estados Unidos. El ejército mexicano, mal comido, mal armado y desmoralizado por la superioridad del enemigo se mantuvo en la lucha contra soldados bien preparados y aprovisionados lo que fue insultante.

Después de cuatro derrotas en el Valle de México, Santa Anna, ordenó el retiro del ejército de la capital, para entonces fue el pueblo quien defendió la ciudad ante el avance del enemigo, lo que produjo un río de sangre y la declaración del estado de sitio.

El 14 de septiembre de 1847, en el Palacio Nacional hondeaba la bandera norteamericana, México había perdido la mitad de su territorio. Nicholas Trist, enviado por el presidente James K. Polk, para negociar la paz, contestaría a su familia: “en todas las conferencias sentí vergüenza ante la maldad de la guerra, porque fue un abuso de poder de nuestra parte”.

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El país disminuido en su territorio y empobrecido, se dio a la tarea de restaurar la República pero sin poder consolidar un gobierno estable, entonces surgió de nueva cuenta Antonio López de Santa Anna como el hombre fuerte que México creía necesitar, convirtiendo la presidencia en dictadura, adoptó el título de su Alteza Serenísima y enfrentó de nuevo al expansionismo norteamericano que presionó hasta lograr la firma de un nuevo Tratado de la Mesilla con México, con el cual conquistaron el territorio de La Mesilla, los 10 millones de dólares obtenidos de este Tratado le sirvieron a Santa Anna para mantenerse en el poder, pero el costo político fue demasiado alto y su descrédito aún mayor.

En 1855 derrotado por los liberales que se alzaron proclamando el Plan de Ayutla de 1854 bajo el liderazgo del general Juan Álvarez. Santa Anna deja el poder y toma el camino del exilio.

Desterrado Santa Anna, comienza la época del licenciado Benito Juárez, gran defensor de la vida republicana, Juárez llega al frente de la generación del 57, una de las generaciones más brillantes que ha dado el país, el Liberalismo Mexicano. El primer presidente provisional a la salida de Santa Anna, es Juan Álvarez, quien forma su gabinete con liberales puros: Melchor Ocampo, Benito Juárez, Ponciano Arriaga y Guillermo Prieto. Al poco tiempo daba inicio la reforma liberal, continuando con el camino que habían trazado hombres como Valentín Gómez Farías, años antes. La Constitución de 1857 tan moderna en aquel entonces como hoy, introdujo en forma sistemática los derechos del hombre, libertad de educación y de trabajo, libertad de expresión e igualdad ante la ley.

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Pero la oposición a la Reforma del partido conservador lleva de nuevo a la lucha armada, en medio de una atmósfera de intrigas, traiciones y exilios, el país se divide con la existencia de dos presidentes, del lado conservador el general Félix Zuloaga se elige presidente en la ciudad de México. Por los liberales, Benito Juárez, sustituye constitucionalmente a Ignacio Comonfort y empieza su particular defensa cargando con la Presidencia de la República por todo el territorio nacional.

Para consolidar el apoyo de los puros y de la clase empresarial tan interesada en los bienes del clero, en 1859 Juárez y su gabinete promulgaron la Leyes de Reforma, nacionalización de bienes del clero, separación de la Iglesia y el Estado, y libertad de cultos.

Como no había recursos los dos bandos comprometieron al país, con acuerdos extranjeros, los liberales con Estados Unidos, y los conservadores con Europa. Juárez fue sitiado en Veracruz, ciudad de raíz liberal, pero salió triunfante y fue electo Presidente.

Pero la paz se negaba a llegar, y los conservadores asesinaron a varios líderes liberales, y conspiraron desde Europa, llegaba el tiempo del Segundo Imperio.

Un grupo de mexicanos monárquicos promueve contra Juárez y la Reforma liberal, un nuevo destino para la nación, la coyuntura era favorable, pues Juárez había suspendido los pagos de la deuda externa obligado por la escasez. Veracruz ve llegar a las flotas española, francesa e inglesa. El Presidente Benito Juárez envía a Manuel Doblado a negociar con los intervencionistas, argumentando que la suspensión era sólo temporal.

España e Inglaterra aceptan, pero Francia se niega, e inicia su avance, Juárez autoriza la formación de guerrillas para defenderse, y Puebla al mando del General Ignacio Zaragoza se prepara para enfrentar al mejor ejército del mundo. El conde de Lorencez confiado en la superioridad de su ejército no entendió las advertencias y el 4 y 5 de mayo de 1862 las tropas del General Zaragoza lo derrotaron.

Pero la humillación sólo sirvió para que Napoleón enviara 30 mil soldados más bajo un nuevo mando. Un año después y luego de un largo sitio, la ciudad sucumbió ante los franceses y Juárez tuvo que abandonar la capital. Fue así como llegaron en 1864 Maximiliano de Habsburgo y Carlota, a instaurar en México una monarquía europea, paradójicamente, Maximiliano era un liberal convencido, y al poco tiempo de ser coronado, anunció que no suprimiría la tolerancia de cultos y la nacionalización de bienes de la iglesia; sorprendido muchos conservadores le retiraron su apoyo.

Mientras tanto, Benito Juárez cargaba a la República por el país, hasta instalarse en Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez, en su honor), y para fines de 1865 las guerrillas republicanas convertidas en verdaderos ejércitos, iniciaron su avance; la crisis financiera empezó a aislar al imperio, Maximiliano exigió el cumplimiento de los Tratados europeos, pero ni Napoleón III ni el Papa atendieron su súplica. Maximiliano pensó abdicar pero sus ministros se opusieron aunque después lo abandonaron a su suerte.

A principios de 1867, el rápido avance republicano dejó al imperio reducido a Puebla y Veracruz, el emperador Maximiliano se replegó a Querétaro que pronto fue sitiado. Porfirio Díaz tomó entonces Puebla, rodeado por los republicanos, Maximiliano vio su destino cumplido, aunque el mundo pidió clemencia, Juárez no cedió y Maximiliano fue fusilado el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas junto a los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía. En el sitio de Querétaro, dos tixtlecos se cubrieron de gloria: Vicente Jiménez e Ignacio M. Altamirano, “Héroe del Cimatario”.

Tras su retorno a la ciudad de México, Juárez convoca a elecciones en donde tres liberales se enfrentan por el poder. Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, el héroe militar de la guerra que buscaba el poder. Aunque sus enemigos se multiplicaban Juárez es elegido presidente de la República cargo que ostentará mediante la reelección hasta su muerte en 1872. A la muerte de Juárez lo sucede en la Presidencia otro liberal, Sebastián Lerdo de Tejada, reelegido en 1876, pero Porfirio Díaz destacado militar durante la intervención francesa lo desconoce, lo mismo que José María Iglesias, presidente de la Suprema Corte de Justicia, declara nulas las elecciones por fraude.

Al final, el 23 de noviembre de 1876, Porfirio Díaz ocupó la ciudad de México al frente de un ejército y una semana más tarde asumía la Presidencia, el hombre fuerte que México buscó desde 1821 había llegado, después de 50 años de turbulencia política y militar, la paz y el anhelado progreso parecían por fin alcanzables.

La paradoja es que Porfirio Díaz mientras no tuvo el poder, luchó contra la reelección, a la postre él haría de la reelección un instrumento para instaurar una dictadura de más de 30 años.

Bibliografía:

Zoraida Vázquez, Josefina, De la Independencia a la consolidación republica, en Nueva historia mínima de México, México, 2007, El Colegio de México, pp. 137-191.
Hamnett R. Brian, La política española en una época revolucionaria, 1790-1820, México, 2011, FCE.
Hamnett R. Brian, Raíces de la insurgencia en México, Historia regional, 1750-1824, México, 2010, FCE.