Comunicado 067/13 de la PGR, el Peritaje que Merecemos

 Por Lúar Moreno Álvarez

Seis meses después de la explosión en el edificio B2 de PEMEX, la Procuraduría General de la República consiguió presentar a la opinión pública mexicana un peritaje final sobre esta tragedia a través del comunicado de prensa 067/13. El comunicado de dos páginas (disponible en línea en la liga [1]) concluye que “se sumaron una serie de particularidades que dieron origen a la explosión del área suroriente del sótano del inmueble, en primer lugar la presencia del metano de origen biológico acumulado a lo largo del tiempo, […] y los vapores provenientes de los materiales solventes que en un espacio confinado, se generó un elemento de ignición causando el estallido […] de tipo difuso, que se inició con una chispa de origen eléctrico o mecánico generando un flamazo de forma instantánea que consume en su totalidad la mezcla explosiva (de vapores y gas metano) presente en la zona de pilotes aumentando la temperatura y presión ocasionando quemaduras en los tres empleados que se encontraron en la zona de pilotes para por último fracturar, romper y proyectar la loza de cimentación, y a causa de la onda expansiva, se continúan rompiendo y proyectando las lozas con efecto de abombamiento en los diferentes niveles del área del siniestro (sic).”

Las conclusiones aportadas por la PGR añaden muy poco a la información que fue dada en los días inmediatos al siniestro, ya que solamente se concretan a confirmar la hipótesis de la acumulación de gas metano manejada desde un inicio mediante los hallazgos del estudio geológico del subsuelo del complejo de oficinas centrales de la paraestatal, mismo que de acuerdo con el propio comunicado solamente comprobó la existencia de “diversas capas de sedimento impregnado de hidrocarburos” (presumiblemente procedentes “de los depósitos de combustible de la Huasteca Petroleum Company, que hasta los años treinta estuvo situado en dicho predio (sic), o del depósito de almacenamiento de hidrocarburos del servicio público del Distrito Federal, inmueble que también se localizó en esa ubicación”), además de la presencia de “microorganismos (anaerobios) productores de metano” que infelizmente “se desarrollaron en condiciones óptimas, ya que al estar en contacto con los hidrocarburos, se potencializó su crecimiento y reproducción (sic).”

Un lector suspicaz (no yo, por supuesto) podría sugerir que en la información dada por el comunicado 067/13 de la PGR hace falta todavía una conexión objetiva entre los resultados del análisis geológico y la tragedia misma. ¿Cómo –se preguntaría– podría haberse dado una acumulación tan indetectable de metano a lo largo de los años en esa zona? Muy bien, el metano en sí es inodoro, “no huele”, pero una emanación constante del gas desde ese fatídico subsuelo debería haber causado intoxicaciones frecuentes a no pocos trabajadores del lugar o a habitantes de la colonia. Después de todo, ésta situación en sí no es nada descabellada, pues como ya se mencionó en una entrega previa de Colloqui [2], el metano puede penetrar al interior de los edificios a través de las grietas y poros de sus pisos poniendo en peligro a sus ocupantes, por lo cual construcciones como el Dakin Building en Brisbane California, cercanas a vertederos de este gas, tienen sistemas de captura y ventilación del mismo en sus basamentos [3]. Sin embargo, esto implicaría la existencia de responsables directos de la explosión [4], pues en automático obligaría a preguntarse quién y con qué intereses emitió en su momento los permisos para que las oficinas centrales de la empresa más importante del país se asentaran en una bomba de tiempo; o quiénes han sido los directores responsables de que hasta ahora, 37 muertos y 121 heridos después y a sabiendas del funesto terreno en el que descansan las edificaciones, en “Petróleos Mexicanos (ya se hayan) tomado las medidas necesarias instalando sistemas de ventilación en el inmueble a fin de evitar la acumulación del gas”, o que –contrariamente a todo buen juicio– sus cimientos se utilicen como bodegas para almacenar solventes inflamables, tal y como lo señala el comunicado.

Desde luego, la suspicacia del lector no podría descartar a la mala fortuna como la autora material de una más de las tantas tragedias en las que ya se le ha probado culpa, sobre todo en nuestro país. Aunque mucho muy improbable, es posible que aproximadamente a las 15:00 horas del pasado 31 de enero, en los microorganismos anaeróbicos del peligroso subsuelo del complejo de PEMEX se despertara un frenesí alimenticio que los llevara a entrar en una orgía de actividad bioquímica capaz de producir en unos cuantos y fatales minutos el metano suficiente para hacer explotar los primeros pisos del edificio B2. Al fin y al cabo, shit happens, como bien pudieron comprobar en enero de 2001 por ejemplo los habitantes del pueblo de Hutchinson en la región central de Kansas, EE.UU., donde una explosión de metano mató a dos personas, destruyó dos negocios locales y creó una serie de “geisers” de agua y gas que mantuvieron en una justificada angustia a las comunidades de esa región durante semanas [5], hasta que científicos de la Universidad de Kansas determinaron las causas geológicas de la explosión (un escape a través del subsuelo del metano proveniente de minas localizadas a unas millas de Hutchinson) y equipos de la NASA y la Universidad de Winsconsin comprobaron que ya no existía más peligro, haciendo públicos todos sus hallazgos a través de un ejemplar sitio de internet [6], como seguramente lo harán también la PGR y sus equipos de investigación en los próximos días para tranquilizar a los habitantes de la colonia Verónica Anzures al norte del Distrito Federal.

No obstante, a la suspicacia del lector no le importaría tanto el origen del metano y las desafortunadas condiciones de su acumulación como su cantidad y concentración en las celdas de cimentación del B2. Sin necesitar de mucha experiencia técnica, este lector podría navegar un par de horas por el internet para encontrar todo un acervo de los protocolos científicos existentes a la fecha para investigar las explosiones de gas (que por cierto, suceden, han sucedido y sucederán a lo largo y ancho del mundo en todas las épocas, tanto en universidades de principios del siglo XX como en clubes de Striptease de la actualidad [7]), hallando desde experimentos en programas de divulgación [8] hasta enciclopedias completas dedicadas al tema, que entre otras cosas dan cuenta detallada de los factores de riesgo y su prevención, de los tipos de explosiones, de las teorías analíticas que las estudian, y de los casos (como la explosión de “San Juanico”) que han pasado a la historia como ejemplos trágicos para el entrenamiento de los peritos a nivel mundial [9]. En particular, este lector hallaría que entre las distintas metodologías de análisis existe una, llamada el método de las energías múltiples (Multienergy Method) que se usa de forma estándar en el análisis forense de las explosiones por gas como la acontecida en el edificio B2 [10, 11], y que teniendo en cuenta para esta última que el volumen de la celda donde se encontraban los trabajadores dando mantenimiento a los pilotes está entre 18 y 21 metros cúbicos aproximadamente (de acuerdo con las diversas estimaciones proporcionadas por la prensa), le permitiría hacer la siguientes secuencia de inferencias asumiendo el peor escenario posible:

1. Para las concentraciones explosivas de metano, de entre 5% y 15%, sólo pudo haber entre 500 y 1800 gramos del mismo en la celda de cimentación al momento de la explosión.

2. Tomando el lugar aproximado en el que se encontraba dicha celda como el epicentro de la explosión, y considerando las siguientes distancias de referencia respecto del mismo (obtenidas, por ejemplo, con la escala y mapas proporcionada por Google Maps y las fotos aéreas del complejo de PEMEX mostradas en los diarios, así como el croquis del edificio presentado por la misma PGR en conferencia de prensa):

a. Al fondo del pasillo al lado del B2 en el que se encuentra el busto de Lázaro Cárdenas, y donde estaban rotos los vidrios hasta varios pisos arriba;
b. A las sucursales de los bancos junto al B2;
c. A la puerta de inspección (por donde los trabajadores entraban a las celdas); y
d. A donde se encontraba el jefe de la cuadrilla durante la explosión,

y ya que la literatura respectiva establece que los vidrios se rompen (y algunos marcos de las ventanas se ven afectados) a una sobrepresión de entre 0.35 y 0.69 bar (1 bar es más o menos la presión atmosférica a nivel del mar, mientras que la presión atmosférica a la altitud de la ciudad de México es de 0.9 bar) [9-12], solamente las concentraciones de más de 10% de metano pueden causar ese daño a esa distancia, así que por lo tanto había entre 1 kg y 1.8 kg de metano en el recinto.

Croquis del edificio B2 presentado en la conferencia de prensa de la PGR el día de la explosión.

Croquis del edificio B2 presentado en la conferencia de prensa de la PGR el día de la explosión.

3. Como las concentraciones altas de metano, cercanas al 15%, le hubieran causado a los bancos un daño mayor al de 0.207 bar (el límite para deformar la armazón de acero de los edificios y hasta arrancarla de los cimientos según las referencias consultadas), lo cual los hubiera destruido por completo, solamente la concentración de alrededor del 10% puede ser consistente con los daños mostrados por las fotos de los bancos exhibidas en la prensa. Esto es, sólo pudo haber entre 1 kg y 1.2 kg de metano para causar la explosión.

4. La posibilidad previa genera dos contradicciones: la primera, que la presión de la explosión al radio de la puerta de inspección superaría los 0.334 bar pudiendo llegar hasta cerca de los 0.360 bar, que son las presiones a las que la literatura señala que una explosión puede derrumbar una casa por completo. Entonces ¿por qué no hubo ningún daño a la estructura del edificio más allá de esa zona, hacia donde se encontraba el jefe de la cuadrilla? Y la segunda contradicción es que la presión de la onda de choque para derribar a una persona que está de pie se calcula en más de 0.21 bar, pero el jefe de la cuadrilla solamente pudo recibir una presión máxima de aproximadamente 0.102 bar para la concentración de metano plausible [11-13]. ¿De dónde llegó ese exceso de presión que lo derribó de acuerdo con sus declaraciones?

5. La figura siguiente (modificada de la que apareció hace unos meses en el diario Milenio) puede ayudar a imaginar mejor la situación descrita en el punto anterior: fuera de círculo azul no debería haber más daños que vidrios rotos y marcos de ventanas doblados, y entre el azul y el círculo amarillo debería ir aumentando el daño, hasta ser catastrófico y total dentro de éste último. Todas las personas dentro del círculo amarillo deberían tener ruptura de tímpanos, y dentro del círculo rojo, daño pulmonar. Pero el lector suspicaz notaría que solamente hubo afectación en el rectángulo correspondiente al perímetro del edificio B2, cundo debería haberse dado de forma radial al sitio de la explosión. Esto último es lo que le resultaría más desconcertante, ya que no es consistente con la conducta esperada por una explosión de gas. La única forma que la suspicacia lectora imaginaría para conseguir un daño tan localizado (y seguramente como producto de ver tantas series de televisión conspirativas) es una demolición controlada con una cantidad mínima, pero suficiente, de explosivos químicos colocados por un especialista en demoliciones.

Nota: El radio del círculo azul es de aproximadamente 25 metros, mientras que el del círculo amarillo es de alrededor de 12 metros. El círculo rojo es más o menos el radio de la celda de cimentación.

Nota: El radio del círculo azul es de aproximadamente 25 metros, mientras que el del círculo amarillo es de alrededor de 12 metros. El círculo rojo es más o menos el radio de la celda de cimentación.

6. Por otra parte, el análisis forense de la grasa corporal de los trabajadores de COPICOSA debería ser determinante para saber si la explosión fue por metano [14, 15]. Si ese análisis hubiera sido pasado por alto, no habría forma de determinar que la explosión fue debida a este gas, más allá de la flora y fauna anaeróbicas presentes en el aciago terreno del complejo de oficinas de PEMEX. Así mismo, las sobrepresiones involucradas para la concentración de metano de 10% no son suficientes para causar los daños observados en la subestación Búfalo a decenas de metros de distancia fuera de la zona de destrucción, lo que implicaría que debió haber una segunda explosión –que no pudo ser debida a gas–, la cual ya ha sido referida por muchos testigos y hasta descrita en cadena nacional en los principales noticieros de Televisa el día de lo explosión [16].

Toda esta cadena de inferencias, aunada al hecho de que los cánones internacionales establecen protocolos muy distintos para presentar el análisis de un siniestro por gas (por ejemplo, los reportes mostrados en [17] y [18]), que incluyen entre sus características básicas el nombre de los investigadores involucrados –generalmente científicos contratados por o miembros de un órgano gubernamental de carácter no judicial para evitar el oxímoron legal de ser simultáneamente juez y parte–, así como un detalle pormenorizado de cada uno de los pasos de la investigación, que se lleva a cabo en las semanas posteriores al accidente para evitar en lo posible la inminente “contaminación” del lugar de los hechos, podría invitar al lector suspicaz a quedar bastante inconforme con el comunicado 067/13 presentado por la PGR, y hasta deseoso de exigirle un reporte más elaborado y digno de un país institucional… como Noruega.

Porque el lector suspicaz que así razonara estaría olvidando la pieza más importante para su análisis: el mismo México. Un país donde su gente gusta de que sus gobernantes le faciliten otros lados donde mirar para evitar ver en el espejo a los verdaderos responsables de todas sus tragedias, como la incineración de decenas de bebes en una guardería consumida por el fuego de la impunidad elitista. Un pueblo que acepta explicaciones como la de una niña que aparece asfixiada por las sábanas de su propia cama después de tres semanas de peritos entrando y saliendo de su habitación para hacer reconstrucciones de hechos; o de inundaciones que dejan sin hogar a casi todos los habitantes de la capital de un estado porque a la luna se le ocurrió ejercer más gravedad sobre el agua del mar que sobre el agua de los ríos; o de una epidemia de influenza tan peligrosa que resulta necesario mandar a toda la población a llevar al virus mortal de vacaciones a las playas. Un pueblo cuya agudeza intelectual surge en todo su esplendor siempre y cuando se trate de analizar el desempeño del entrenador de la selección de fútbol, o de las causas de sus derrotas que hacen que aunque sí se pueda, no se pueda nunca.

Así que para un país donde la explicación fácil siempre ha sido más placentera y mejor recibida que el rumiar incómodo de los hechos, este comunicado es suficiente y más que merecido, aunque le cause prurito a los lectores suspicaces. Para mí, que no leo con suspicacia estas líneas, sino que las escribo desde la más absoluta ingenuidad, las concluyo esperando que a la mala fortuna y a sus microorganismos productores de metano les comience a dar por causar las tragedias en domingo, cuando los edificios están vacíos.

Referencias:

[1] http://www.pgr.gob.mx/prensa/2007/bol13/Ago/067-13.pdf, última revisión en línea el 08 de agosto de 2013.
[2] http://www.colloqui.org/colloqui/2013/2/5/metano-como-causa-de-la-tragedia-en-el-b2-de-pemex-explosion.html
[3] http://en.wikipedia.org/wiki/Dakin_Building
[4] “Hallan causas, no responsables”, Abel Barajas y Antonio Baranda, Diario Reforma, Ciudad de México (4 febrero 2013). Versión en línea disponible en: http://ciam.wordpress.com/2013/02/05/05feb13-reforma-8-col-hallan-causas-no-responsables/
[5] www.kgs.ku.edu/Publications/GeoRecord/2001/vol7.2/Page1.html, última revisión en línea el 9 de agosto de 2013.
[6] http://www.kgs.ku.edu/Hydro/Hutch/index.html, con todas sus ligas disponibles en línea en su última revisión del 9 de agosto de 2013.
[7] http://en.wikipedia.org/wiki/Gas_explosion, revisado el 9 de agosto de 2013.
[8] Experimento sobre las dificultades encontradas para que ocurra la explosión de una casa debido al metano producido, en este caso, por una “cocina” casera de drogas ilícitas http://www.imdb.com/title/tt1887371/; un fragmento de este episodio puede verse en http://www.youtube.com/watch?v=0QV1zR9kIM0. Y otro experimento a escala sobre la explosión de metano producido por bacterias en las alcantarillas http://www.imdb.com/title/tt2096118/, también parcialmente presentado en http://www.youtube.com/watch?v=DokeJj0pxPw, o en su versión a escala real en http://dsc.discovery.com/tv-shows/mythbusters/videos/sewer-explosion-high-speed.htm.
[9] Frank P. Less, “Loss Prevention in the Process Industries (Hazard identification, assessment and control)” 2nd edition, Vols. 1, 2, 3. Butterworth-Heinemann, Great Britain, 1996.
[10] CCPS (Center for Chemical Process Safety of the American Institute of Chemical Engineers), “Guidelines for Evaluating the Characteristics of Vapor Cloud Explosions, Flash Fires, and BLEVEs”, American Institute of Chemical Engineers, New York, 1994.
[11] Joaquim Casal, “Evaluation of the Effects and Consequences of Major Accidents in Industrial Plants”, Elsevier, Hungary, 2008
[12] G.C. Mays and P.D. Smith, (eds.) “Blast effects on buildings (Design of buildings to optimize resistance to blast loading)”, London, 1995.
[13] Nabil M. Elsayed, James L. Atkins, Nikolai V. Gorbunov, “Explosion and Blast-Related Injuries (Effects of Explosion and Blast from Military Operations and Acts of Terrorism)”, Elsevier Academic Press, China, 2008.
[14] Watanabe T., Morita M., “Asphyxia due to oxygen deficiency by gaseous substances”, Forensic Science International 96 (1998) 47–59.
[15] Nagao M., Takatori T., Oono T., Iwase H., Iwadate K., Yamada Y., Nakajima M., “Death due to methane gas explosion in tunnel on urban reclaimed land” Am. J. Forensic Med. Pathol. 18, 2 (1997) 135-139.
[16] http://www.youtube.com/watch?v=mvZfG-fxCzQ, con narración de Joaquín López Dóriga.
[17] Reporte del accidente de la caldera de la Planta de Extrusión de la Corporación Dana en Paris, Tennessee, de Junio 18 de 2007, presentado el 9 de Julio del mismo año. Disponible en línea en http://www.dieselduck.net/library/09%20accidents/2007%20FTSM%20Boiler%20Accident.pdf
[18] U.S. CHEMICAL SAFETY AND HAZARD INVESTIGATION BOARD, “Final Investigation Report: No. 2005-04-i-tx Refinery Explosion and Fire (15 Killed, 180 Injured)”, BP Texas City, Texas, March 23, 2007. Disponible en línea en: http://www.csb.gov/assets/1/19/csbfinalreportbp.pdf