Diplomado de Historia de México y Sentimientos de la Nación

Este viernes 5 de julio, el maestro Ricardo Infante Padilla y yo, iniciamos un diálogo sobre los Bicentenarios del Primer Congreso de Anáhuac, los Sentimientos de la Nación y la Declaración de Independencia de la América Septentrional, tres sucesos históricos que se dieron en lo que hoy es el estado de Guerrero bajo el liderazgo de José María Morelos y Pavón, la sede de este Diplomado es el Centro Guerrerense de Estudios Interculturales, que dirige el doctor Aurelio Vázquez Villanueva.

Como sostienen Luis Villoro y Mauricio Tenorio, la historia no sólo es obra de los historiadores, sino del ejercicio espontáneo de personas “que buscan comprender los lazos que las unen a su comunidad” (Luis Villoro, El sentido de la historia, p. 43). Entender el pasado forma parte de la toma de conciencia de uno mismo, porque las creencias al respecto dan forma, así sea de manera indirecta, a actitudes en relación con el presente, y guían nuestros juicios a propósitos de la realidad inmediata.

Así pues, y al igual que antes, la historia hoy nos sirve para entender dónde estamos: “parecería que, de no remitirnos a un pasado con cual conectar nuestro presente, éste resultara incomprensible, gratuito, sin sentido.

Remitirnos al pasado dota al presente de una razón de existir, explica el presente. En la compleja transición política y social que vive México desde principios del siglo XXI, cuya realidad es confusa y relativamente caótica, la historia integra un marco de referencia coherente de principios y presupuestos sobre el mundo y sobre las cosas del mundo. Desde ahí se organizan el pensamiento y la acción; ya se contextualizan la decisión y la acción individual.

La reconstrucción de la trayectoria reciente de la identidad nacional supone recuperar una Historia de México no partidizada, que contenga el pasado común a todos los mexicanos, uno de cuyos capítulos tendría que ser el recuento de la transición, que vendría a sumarse a la narrativa de la construcción del Estado nacional que dominó la narrativa de la historia del siglo XX.

Esta operación supone nuevas lecturas del pasado y, sobre todo, distinguir el conocimiento histórico de sus usos en la formación de una conciencia nacional, teniendo en cuenta la obligada diferencia que separa a la historia como saber disruptivo, de la historia patria, cuyos destinatarios son en primer lugar los escolares, aunque ambas dan contenido a la identidad nacional.

Es decir, un nuevo consenso nacional sería el resultado de un nacionalismo cívico –como llaman algunos autores al nacionalismo que se vincula con las instituciones de la democracia liberal- que incluyera los valores democráticos, así como la historia patria que está dirigida a los niños, y la historia que se enriquece de continuo gracias a las preguntas del presente…

No es verdad que la historia sólo la escriben los vencedores y los poderosos, creo que deberíamos tener una actitud más reflexiva y crítica frente a la historia como frente a la memoria, porque no es cierto que la historia la escriben siempre los vencedores porque no siempre la saben escribir ni les interesa escribirla y porque la memoria resulta que no es tan verdadera como creíamos.

El historiador Mauricio Tenorio Trillo, en su nuevo libro “Reescribir el pasado y reinventar el presente”, se revela en su apasionado alegato de la Historia como ejercicio intelectual y creativo sobre el revivir del pasado y la construcción del presente, es el más irreverente y lúdico trabajo que ha escrito.

En su libro, Tenorio muestra al lector que es mucho más complicado escribir la Historia de lo que nos imaginamos, que la memoria es muy importante tanto como el olvido y que la Historia no nada más fue echa para atarnos al pasado sino para inventarnos un nuevo futuro y tener una actitud más irreverente frente a la Historia, pero al mismo tiempo mucho más respetuosa porque es sumamente complicado escribir el pasado. La Historia como la memoria se reconstruyen constantemente.

Por eso mismo, en estos 16 viernes, los historiadores y los que no somos historiadores de carrera, vamos a intentar una nueva aventura, reconstruir el pasado de los tres Bicentenarios: El Primer Congreso de Anáhuac, los Sentimientos de la Nación y la Declaración de Independenciade la América Septentrional, teniendo como faro al gran José María Morelos y Pavón.