127 Aniversario de los Mártires de Chicago

El Día Internacional del Trabajo se celebra cada uno de mayo, desde su instauración en 1889 por el Congreso Obrero Socialista Internacional celebrado en París, Francia. Esta celebración nació como un homenaje a los Mártires de Chicago, cinco obreros anarquistas y sindicalistas fueron ejecutados injustamente en Estados Unidos por participar en una gran huelga por la jornada laboral de ocho horas. La huelga se inició el uno de mayo de 1886 y los trabajadores fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887.

Como resultado de aquellas grandes movilizaciones, los empresarios, la oligarquía y el gobierno de Estados Unidos reconocieron la jornada laboral de 8 horas. Protestas similares hicieron que se reconocieran en muchos países del mundo.

En México, la creciente oposición al régimen de Porfirio Díaz después de 1900, cuya manifestación más dramática fueron dos huelgas, una en Río Blanco, en 1906, y la otra en Cananea, en 1907; la feroz represión gubernamental que se desató contra los huelguistas intensificó enormemente el descontento popular.

En la fábrica de textiles de Río Blanco, en la región central de México, los obreros tuvieron choques sangrientos con los dueños de las fábricas, quienes habían establecido reglamentos que aseguraban nuevas formas de control sobre la fuerza de trabajo.

Los obreros recurrieron al presidente Porfirio Díaz solicitando su mediación; él aceptó interceder, pero apoyó a los propietarios de las fábricas en casi todos los puntos. Los obreros, negándose a aceptar las propuestas de “conciliación” de Porfirio Díaz, se lanzaron a la huelga.

Friedrich Katz, escribe en La guerra secreta en México, que el ministro alemán en México, Wangenheim, describió la situación con las siguientes palabras: “A la delegación de Patronos de Orizaba, que había pedido ayuda federal para aplastar a los obreros, [Díaz] contestó sollozando: Gracias a Dios, todavía puedo matar”. Cuando leo esta frase mortal, Ángel Aguirre Rivero es la encarnación de Porfirio Díaz porque también el guerrerense aún puede matar.

Wangenheim, que no sentía ninguna simpatía por los huelguistas, informó varios días después:

Se están divulgando más y más detalles de la forma sencillamente bárbara en que el comandante Ruiz ha tratado a los obreros insurgentes de Río Blanco. Todavía [ayer] se podía oír desde Orizaba el continuo tiroteo en las montañas a medida que las tropas iban encontrando y matando a obreros fugitivos que se habían escondido. Más dé cuatrocientos indios han sido fusilados. Tan sólo el Ferrocarril Mexicano ha traído nueve vagones atestados de cadáveres desde Orizaba.

En Cananea, en el estado fronterizo norteño de Sonora, los mineros en huelga exigían el mismo pago para los trabajadores mexicanos que para los norteamericanos. Esta huelga fue aplastada con parecida crueldad. Estas grandes huelgas empezaron a dar nuevo carácter a las fuerzas de oposición contra Porfirio Díaz que encabezó Ricardo Flores Magón, paisano de Díaz, de Oaxaca.

Cuando la tensa situación fue exacerbada por el casi simultáneo comienzo de una crisis económica, política e internacional, sonó la hora de la revolución, como aquí en Guerrero, algún día sonará la hora en que toda la entidad a excepción de los oligarcas, exijan la caída del gobernador Ángel Aguirre Rivero.

La crisis económica de México fue el resultado del enorme de las inversiones extranjeras, agravado por malas cosechas que afectaron de la manera más aguda a los estados del norte. El gran flujo de inversiones extranjeras después de 1900 había hecho al país más y más dependiente de las naciones industriales avanzadas; la adopción del patrón oro por México en 1905 había frenado el crecimiento económico, y la crisis cíclica que ocurrió en los Estados Unidos durante 1907-1908 tuvo un efecto devastador sobre México en general y sobre los estados norteños en particular.

Don Francisco I. Madero se convirtió en una figura nacional en 1909, cuando publicó un libro sobre el tema de la sucesión presidencial. En este libro afirmó que los problemas fundamentales de México eran el absolutismo y el poder irrestricto de un hombre (como ahora en Guerrero, el problema de nuestra entidad es Ángel Aguirre). Sólo la introducción de la democracia parlamentaria, un sistema de elecciones libres, y la independencia de la prensa y los tribunales serían capaces de transformar a México en un Estado democrático moderno.