Educación y Proyecto de Nación, Subdesarrollo o Potencia Emergente

La globalización es un tema que se aborda a partir de diferentes aristas, desde que comenzó a despuntar como un proceso económico y político ha sido enriquecido en su análisis por varios autores como Bauman y Giddens entre otros. El comercio ha sido un elemento que ha justificado el proceso globalizador, que por lo general recurre a la teoría del libre comercio para consolidar su influencia económica, pero también en ese transitar de mercancías y de mecanismos económicos creados ex profeso, la tecnología se ha convertido en un importante factor, más que nada porque la estandarización del trabajo y la calidad de los productos se han fundamentado en dicha tecnología. Pero también la globalización ha puesto al descubierto debilidades estructurales de no pocos países (y aquí entra México), relacionadas no solamente con su economía, sino también con su Proyecto de Nación, con su futuro inmediato, en un mundo de grandes intercambios pero también de inmensas desigualdades.

Esta dinámica económica ha puesto a cada quien en su lugar, a los países tradicionalmente hegemónicos les ha costado poco su posicionamiento, pero asimismo han nacido un grupo de países emergentes con una dinámica económica y tecnológica importantes. Es el caso de Corea del Sur, estratégicamente posicionado con un proyecto económico paradigmático y con una calidad de vida aceptable, pero también los llamados países BRICS, que han logrado conjuntar una serie de características que les otorga un estatus significativo en esta nueva era global.

En este marco de cosas, en México la educación sobre todo la tecnológica debe ser una variable a considerarse de manera muy responsable, si es que se desea ubicarse en un contexto internacional diferente en esta senda del futuro global, para ello es necesario ubicar a la educación no solamente en una perspectiva masiva y productora de profesionistas, sino apoyada en un entramado de Proyecto de Nación incluyente y donde las instituciones educativas, tengan muy claro aquellos valores que les permita impulsar entre sus estudiantes tanto el interés por la ciencia como la del amor al país, de igual manera inculcar una gran dosis de responsabilidad.

Bajo esta perspectiva el siguiente articulo aborda la importancia de generar un capital humano desde una educación basada en un Proyecto de Nación, con valores inherentes al compromiso, responsabilidad, calidad, bienestar, desarrollo tecnológico e investigación científica, que puedan incidir en que México sea verdaderamente una potencia emergente y salga del esquema del subdesarrollo, muy interiorizado incluso por las nuevas generaciones como una actitud que significa conformismo, corrupción, apatía, educación sin un mercado laboral y falta de capacidades intelectuales.

Con la inserción de México al proceso de globalización la educación se ha vuelto más prioritaria, por ser la base en la formación del capital humano tan necesario en los nuevos procesos productivos y en el desarrollo económico. “La teoría del capital humano constituye un paradigma que explica de manera sistemática, la relación entre educación, productividad e ingresos” (Rangel y Boncheva, 2008:31). La educación permite la formación de especialistas, técnicos y personal altamente capacitado para impulsar la ciencia y la tecnología, pero además impulsa otros rubros socioeconómicos necesarios para promover medios ambientes idóneos como la creación de pequeñas y medianas empresas.

A pesar de que se pronostica que México se ubicará en las diez economías más dinámicas del mundo antes del 2020, aún existen problemas estructurales para salir adelante. Hay un 40% de población pobre que retrasa el posicionamiento del país a una sociedad más incluyente, donde el ingreso per cápita en el tercer trimestre de 2012 alcanzó 10,481 dólares [1]. Pero también se requiere una educación superior tecnológica que defina un crecimiento diferente de país, no precisamente basado en una mano de obra calificada y barata, sino que sea trampolín de un capital humano generador de conocimiento y de un desarrollo propio, más mexicano.

Uno de los aspectos que es necesario tomar en consideración, es la creación de un Proyecto de Nación que incluya a la educación tecnológica como el principal baluarte formativo en la creación de conocimientos, donde la tecnología y la ciencia se promuevan de manera casi estratégica, pero con un objetivo primordial. Una de las recomendaciones de la OCDE (2010) para México, es. ”Fortalecer la gestión y el financiamiento de las escuelas, factor clave para el logro de resultados educativos adecuados y de niveles académicos altos” [2]. Sin embargo tanto la gestión como el financiamiento de recursos, va aparejado en una mala interpretación de la centralización de decisiones, producto de políticas de poder que nada tienen que ver con el propósito del proyecto educativo y de crecimiento.

Pero no se puede generar un desarrollo como el planteado anteriormente, si no se toman en cuenta aspectos importantes como la cohesión social, la seguridad, el bienestar social y la democracia que también fomenta la educación. Corea del Sur, país paradigmático por su modelo económico, no pudo encontrar una vía más viable para su desarrollo económico y social que la base educativa. Rangel y Licona (2007) afirman: “Es importante mencionar la relevancia que tiene para el gobierno coreano la formación de individuos con alto nivel de identidad nacional y la conservación de sus valores como nación ante el proceso de internacionalización a que se enfrentan producto de su estrategia internacional de comercio”.

En México al menos en los últimos años, no hemos visto un proyecto definido de nación donde la educación tecnológica se convierta en un pivote que impulse la investigación y desarrollo en un sentido disciplinado y coherente. Incluso en el proyecto Hacia dónde va la Ciencia en México convocada por el CONACYT y la Academia Mexicana de Ciencias junto con el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, celebrado en febrero pasado, se aceptó que a pesar de que el país acumuló conocimiento básico por 30 años, no se llegó a aplicarlo en productos o tecnología [3]. Es decir, a mi parecer porque no existe un Proyecto de Nación a mediano plazo, más allá de los tintes políticos y modelos educativos del momento.

Pero ¿cómo lograr estructurar un Proyecto de Nación? Mucho se ha hablado de los coreanos en Asia y los brasileños para el caso latinoamericano, que ya tienen tiempo pensando en ubicarse como potencia emergente y dejar atrás el modelo de subdesarrollo que tenían desde la década del sesenta. Sin embargo se debe recalcar que para lograr alcanzar tales objetivos, se requiere de una educación que lleve una visión holística de valores fundamentales, que trastoque al estudiante construyendo una responsabilidad hacia el país, otorgándole un entramado de valores de compromiso, esto se logra a través de ligar la investigación científica y tecnológica con el “ser” emprendedor, con el bienestar social y por ende con el desarrollo nacional. Si bien la globalización ha roto fronteras e impulsa el comercio creando un aparente anti nacionalismo, eso no significa que la educación olvide la estrategia de elevar el perfil del país con un conocimiento llevado a la práctica y que refleje bienestar social.

En estas circunstancias la educación tecnológica, es la que está más obligada a plantearse la visión descrita arriba, pues si no hay congruencia entre la producción de ingenieros, técnicos y demás capital humano con el crecimiento del país y su avance tecnológico, cada vez más se cerrarán las oportunidades para crear un capital humano con grandes capacidades y con la visión de apoyar el crecimiento de la sociedad en general. En el caso especifico de los tecnológicos públicos, donde semestralmente se forman profesionistas ligados con los centros productivos y empresas medianas y pequeñas, habría que diseñar y fomentar una educación con los objetivos expuestos con anterioridad, de otra manera se gastan millones de pesos reproduciendo esquemas obsoletos y sin que repercuta en un conocimiento aplicado y mucho menos impactando socialmente.

El proceso de globalización es un fenómeno complejo que ha llegado para quedarse un buen rato, hay dos tipos de países los que lo aprovechan y los que se rezagan o como dice Bauman (2011) “Algunos nos volvemos plena y verdaderamente globales, otros quedan detenidos en su localidad, un trance que no resulta agradable ni soportable en un mundo en que los globales dan el tono e imponen el juego de la vida”. Así pues tratando de ser optimistas, hay que aprovechar la educación superior tecnológica y empujarla para poder construir un país con mejores ventajas, más competitivo pero de tal forma que las fuerzas del mercado no solamente discriminen, sino hay que apostar que la educación puede ampliar las oportunidades a sectores cada vez más amplios.

Bibliografía

  1. Bauman, Zygmunt (2011) La globalización. Fondo de Cultura Económica, México.
  2. Rangel Delgado, J.E. y A.Licona Michel (2007), ” La formación de recursos humanos como política en Corea del Sur” en Los vínculos, Corea del Sur y México. Universidad de Colima. pp.129-143.
  3. Rangel Delgado, J.E.y A. I. Boncheva (2008) Educación superior y empleo, casos México y Tailandia, Universidad de Colima.

Sitios Electrónicos

[1] http://eleconomista.com.mx/pib-per-capita-mexico. Revisado 4/03/2013.

[2] http://www.oecd.org/mexico/45391108.pdf. Revisado 1/03/2013.

[3] http://www.jornada.unam.mx/2013/02/26/ciencias/a03n1cie. Revisado 3/03/2013.