Vivimos en Tiempos en Indignación

¿Qué es un gobierno socialista de izquierda? Es un gobierno que considera prioritario el progreso y la igualdad social por medio de la protección de los derechos colectivos (sociales), derechos llamados civiles, frente a intereses privados, oligárquicos, conservadores, representados por la derecha partidista.

Vivimos tiempos de indignación y por eso mismo vivimos tiempos de reflexión, como decía una profesora de la Universidad Iberoamericana “Cuando uno está enojada, cuando uno tiene rabia digna, hay que escribir con claridad sobre la tierra, hay que preguntarnos de donde salió todo este enojo, buscando se va conociendo el corazón dentro y entendiéndose juntas con otras aprendemos que vamos caminando”.

Muchos de los valores de la izquierda original, se aproximan a los del humanismo, incidiendo en la solidaridad con los más desfavorecidos dentro de la sociedad: sectores populares, trabajadores, inmigrantes, minusválidos, ancianos, entre otros grupos marginados.

La izquierda auténtica como la que teorizaron Carlos Marx y Federico Engels, se suele identificar con el pacifismo, rechazando la represión y la intervención brutal del aparato represivo del estado (ARE).

Una izquierda democrática respalda la legitimidad y respeto a los derechos humanos; pero un gobierno como el que encabeza Ángel Aguirre Rivero que agrede a un pueblo desarmado, que reprime a profesores como los de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), que sólo busca la defensa de sus derechos laborales y la reivindicación de sus derechos conculcados por un gobierno sátrapa, soberbio, represor no merece que se le llame gobierno socialista de izquierda.

El gobierno de Aguirre no puede considerarse socialista porque reprime y asesina a su pueblo como los hicieron los nazis de Adolfo Hitler y los fascistas de Benito Mussolini en Italia que acabó con la vida del socialista Antonio Gramsci en la década del 40 del siglo pasado.

Los gobiernos de Aguirre y de Enrique Peña Nieto son fascistas porque gobiernan a favor de la oligarquía y en contra de los derechos y libertades del pueblo. Porque la lucha de la CETEG ahora no sólo es de profesores inconformes, sino que se ha convertido en una lucha popular, como la lucha que se levantó en contra del general Raúl Caballero Aburto en 1960, donde el pueblo se unió a los estudiantes de El Colegio del Estado (hoy Universidad Autónoma de Guerrero) para exigir la desaparición de poderes como el que hoy encabeza Ángel Aguirre, también de Ometepec como el ex gobernador Raúl Caballero Aburto, o sea que no es una mera casualidad que los dos sean ometepecanos y represores.

En presencia de esta represión brutal como la que sucedió el pasado 5 de abril de 2013, ordenada por Aguirre Rivero, apoyado por la policía federal antimotines de Enrique Peña Nieto; el pueblo debe unirse a los profesores de la CETEG, no para pedir la desaparición de poderes, sino para exigir la caída de este gobierno sátrapa.

Por lo pronto y antes de la desaparición de poderes, se debe exigir la destitución de todo el aparato represivo del estado que encabeza Humberto Salgado Gómez, secretario general de Gobierno; Guillermo Jiménez Padilla, secretario de Seguridad Pública; Moisés Alcaraz Jiménez, director de Gobernación; Pedro Julio Valdez Vilchis, director general de Comunicación Social; Silvia Romero Suárez, secretaria de Educación, Martha Elva Garzón Bernal, procuradora de Justicia; entre otros pésimos servidores públicos.

En presencia de un gobierno represor, los tres partidos de izquierda (PRD, PT y PMC), si es que sus dirigentes tienen ética partidista deben asumir una postura ideológica para deslindarse de un mal gobierno, sino lo hacen son cómplices de este gobierno que cada día va a la deriva.

El gobierno de Aguirre no es solo represor, sino que es también matón, ya lo demostró la primera vez que fue gobernador de Guerrero (1996-1999) en la masacre de El Charco, el 7 de junio de 1998, en una escuela indígena del municipio de Ayutla de los Libres. Un grupo de elementos del ejército comandados por el general Alfredo Oropeza Garnica, masacró a 11 indígenas e hirió a 5 más, por instrucciones del gobernador Aguirre, el mismo gobierno que dio instrucciones para que reprimiera y asesinara a dos estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa el pasado 12 de diciembre de 2011. Y ahora, la represión más reciente, este viernes 5 de abril de 2013, reprimió salvajemente a los profesores de la CETEG que estaban bloqueando la Autopista de El Sol (Chilpancingo), un grupo de policías antimotines al mando de un comandante que no le quiso dar su nombre al periodista Sergio Ocampo Arista, del periódico La Jornada y de “Tribuna Libre” de Radio UAG, y no le quiso dar su nombre, porque solo los asesinos ocultan sus nombres.

El escenario que se perfila en este conflicto que originalmente fue magisterial encabezado por la CETEG, es un endurecimiento del gobierno en contra del pueblo de Guerrero, con un desenlace brutal con resultados imprevisibles con la posible caída del gobierno de Aguirre por corrupto, represivo y despótico.

Guerrero se está cayendo a pedazos, perdió la paz y la tranquilidad, y tiene el tejido social y el alma desgarrada, el cachondeo apocalíptico con entereza, necesitamos repasar rigurosamente este horror, preguntamos de dónde salió todo este enojo, todo este dolor, toda esta rabia que sentimos para conocernos y reconocernos.

Permítanme que haga un brevísimo recuento de hechos que todos conocemos. Pero vale la pena refrescar nuestras memorias de hombres y mujeres libres:

Primero, la tercera parte de los mexicanos viven ya fuera de México, 37 millones de personas, una de las más grandes migraciones de la humana; 20 millones de mexicanos han salido desde la firma del Tratado de Libre Comercio en 1994, aunque la inmensa mayoría va a Estados Unidos y Canadá, hay mexicanos que se van a países tan lejos como Japón.

Segundo, México y Guerrero no es la excepción, vive en un estado de guerra permanente, y de ocupación militar y policiaca. No debemos casarnos de repetir las cifras de la guerra impulsada por Felipe Calderón y continuada por Enrique Peña Nieto y Ángel Aguirre Rivero, hay 100 mil muertos, de los 18 mil desaparecidos reportados y muchos más no reportados, 50 mil secuestrados y medio millón de desplazados. Se trata del conflicto más mortífero del mundo, una espiral de barbarie como lo que califica Le Monde, se han registrado numerosas masacres.

Guerrero ha dejado de ser ya un estado de derecho, lo que existe es una regresión antipolítica, una desviación estructural de poder, y la cooptación de los medios de comunicación. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, definió esta situación de lo que sucede en México y Guerrero, como el uso de los poderes del Estado para perseguir y abatir los derechos civiles de la gente más marginada, en otras palabras, quienes están en el poder formal actúan de mala fe hacia la población que se supone debe proteger, según Amnistía Internacional la tortura y la represión practicada por las fuerzas de seguridad mexicana y de Guerrero, es una práctica generalizada y sistemática que en los últimos años alcanzó niveles escandalosos.

Hace dos años, cuando llegó al poder por segunda vez Ángel Aguirre Rivero, sugerí aquí mismo que no estábamos al borde del abismo, sino que ya habíamos caído en él, seguimos cayendo, y no se ve el fondo. Este es el “Nuevo horizonte” que nos ofreció Aguirre en su campaña electoral. Es un horizonte que debemos tener continuamente presente cuando nos organizamos para una lucha campal hasta que haya la desaparición de poderes en Guerrero.