Maquiavelo y Ángel Aguirre

Nicolás Maquiavelo fue un personaje central en la época de El Renacimiento, su libro El Príncipe es un buen pretexto para describir y analizar el comportamiento de Ángel Aguirre Rivero, que desde 1996 a 1999 gobernó el estado de Guerrero, la primera vez que fue gobernador, y en se segunda oportunidad de 2011 a 2015, si es que no hay desaparición de poderes, se convertirá en el gobernador con 8 años y ocho meses el de mayor longevidad en el poder en Guerrero en la época moderna.

Este análisis parte de la ciudad de Florencia, cuna de Nicolás Maquiavelo, el funcionario florentino que pasó a la historia con su libro El Príncipe, que es algo así como un catálogo de consejos para los gobernantes que quieren mantenerse en el poder sin escrúpulos, sin demasiados principios y teniendo presente la propuesta de que el “fin justifica los medios”.

Pero de Florencia, Italia, pasamos con cierta rapidez al estado de Guerrero para observar el Movimiento Popular Guerrerense, que describe a Ángel Aguirre como un político sin escrúpulos, un gobernante maquiavélico, capaz de incurrir en todo tipo de mentiras y de excesos con el fin exclusivo de mantenerse en el poder.

El ejercicio diario de la política ahora, es tan falto de escrúpulos, tan agresivo, tan destructivo como lo fue en la época de Maquiavelo y tal vez aún más, Maquiavelo conocía bien la naturaleza humana y hay ciertas ocupaciones donde la naturaleza no se manifiesta como debiera, por ejemplo, una de ellas es la política.

Es un hecho muy impactante que Maquiavelo casi nunca se refiere al arte de su época -El Renacimiento-, y sin embargo, al hombre a quien dedicó su libro El Príncipe, Lorenzo de Médici, es el Médici cuya estatua fue esculpida por Miguel Ángel, eso ocurría a la vuelta de la esquina en ese momento. Fue una era de violencia política extrema –como ahora en Guerrero y en todo el país-, y aunque Maquiavelo como Secretario de la Embajada, mantenía un tomo mesurado, puede inferirse que estaba impactado por la violencia inmisericorde que se creía necesaria y aceptable en la época.

Un pasaje en El Príncipe dice: “Aprendí en mi época que no hay amistades en la política, todos somos tiburones merodeando, esperando rastros de sangre en el agua. Uno puede afirmar con certeza sobre los hombres que son muy ingratos, además mentirosos y manipuladores, evitan el peligro y codician el poder, mientras los trate bien serán suyos, pero cuando están en peligro se volverán contra usted”.

Si Maquiavelo viviera y observara la forma de cómo se conduce Aguirre en su estilo personal de gobernar, Maquiavelo le hubiera aconsejado: Todo el mundo sabe lo digno de alabanza que es para un Príncipe el honrar su palabra y de ser muy directo en lugar de ser esquivo en sus directrices. Sin embargo, la experiencia muestra que los Príncipes que han logrado grandes cosas, han sido aquellos que han dado su palabra a la ligera, que han sabido engañar a los hombres con su astucia, y que al final han prevalecido sobre los que siguen principios honestos.

Los políticos pueden justificar todo lo que hacen en términos del interés nacional, pueden mentir, engañar, hacer trampas, siempre que puedan convencerse de que lo hacen supuestamente por el bien de la mayoría, lo que por supuesto es maquiavélico, y a la dirigencia del PRD le es más fácil hacer eso, que al Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) que tiene una conciencia social y una historia basada en la moralidad. Ángel Aguirre ha podido ser despiadado en el engaño al magisterio de la CETEG, con su política demagógica y autoritaria, como en la época de Maquiavelo.