94 Aniversario de la Muerte del General Emiliano Zapata

Hoy es el 94 Aniversario de la muerte del general Emiliano, ocurrida el 10 de abril de 1919 en Chinameca, Morelos. A cien años del Plan de Ayala proclamado por el general Emiliano Zapata el 25 de noviembre de 1911, en plena efervescencia de la Revolución Mexicana, hoy sabemos, que el Plan de Ayala fue una manifestación de justicia y libertad, un documento de vanguardia para su época, que no solo queremos evocar y conmemorar este 10 de abril de 2013, a 102 años de su promulgación, sino valorarlo como herencia y retomarlo para nuevas reflexiones sobre nuestro pasado y presente.

No solo se trata de conmemorar 102 años de su creación, sino reflexionar sobre su importancia, su trascendencia, el legado del general Emiliano Zapata y revisar en que medida su lema: “Libertad, Justicia y Ley”, se ha llevado a la práctica.

De acuerdo con el historiador Friedrich Katz (Austria, 1927-EU, 2010), autor de La Guerra Secreta en México, Emiliano Zapara se había reunido con el presidente Francisco I. Madero, la primera y más ruda confrontación que tuvieron respecto a la cuestión campesina se expresó con la mayor claridad en sus relaciones con el Ejército Libertador del Sur encabezado por el general Emiliano Zapata. Cuando se reunieron por última vez, el 7 y 8 de junio de 1911, Zapata formuló tres demandas: la restitución de las tierras expropiadas a los campesinos; el establecimiento de una administración gubernamental revolucionaria en el estado de Morelos; y la retirada de las tropas del viejo ejército de Porfirio Díaz.

Madero le explicó que el problema de devolver la tierra a los campesinos exigía serios estudios y exhaustivas investigaciones y que no podía ser resuelto de inmediato. Sí cedió, sin embargo, en dos puntos, a condición de que Zapata disolviera su ejército: se nombraría a un maderista, ajeno al estado, Ambrosio Figueroa Mata (guerrerense) como gobernador de Morelos –la sugerencia de Zapata para el cargo ni siquiera se tomó en cuenta- y se acuartelaría en Morelos a tropas revolucionarias integradas al ejército federal.

El general Emiliano Zapata, amargado y decepcionado por las acciones del gobierno de Madero, se levantó contra él el 25 de noviembre de 1911, proclamando el Plan de Ayala.

Entre el 28 y 30 de este mes, importantes investigadores, sociólogos e historiares, se reunieron, un siglo después, en instituciones muy importantes de nuestro país, como El Colegio de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (CIDHEM), la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Conaculta, entre otras instituciones, donde se están abordando los orígenes, los protagonistas y la trascendencia del Plan de Ayala por ser un documento de enorme importancia, sobre todo para el campesinado del sur de nuestro México, por eso el Centro de Investigación en Sociología Política (CISP), no podía permanecer en silencio en presencia de este venturoso acontecimiento histórico, jurídico y político.

La relevancia del Plan de Ayala –redactado por Emiliano Zapata, Otilio Montaño y José Trinidad Ruiz, y firmado en el pueblo de Ayoxustla, Puebla-, radica en que es un documento jurídico, ideológico y político en el que los revolucionarios plasmaron sus principios e ideales, con el que se dieron sentido a su revolución al exigir la restitución de sus ejidos, tierras, montes, aguas.

El manuscrito del Plan de Ayala, quedó escrito en 11 hojas tamaño ministro a tinta negra y manguillo y, para secundar a su compadre Emiliano Zapata, Otilio Montaño se puso de pie y sobre una mesa rústica, con voz áspera y gruesa, dio lectura al documento…Era el martes 25 de noviembre de 1911.

El Plan de Ayala en Guerrero se firmó hasta el 18 de enero de 1912, después de una triunfal campaña, el general Julián Blanco recibió la visita de Otilio Montaño, y se le unieron los generales guerrerenses zapatistas: Heliodoro Castillo, Jesús H. Salgado, Lucio Blanco, Encarnación “Chón” Díaz, la coronela Amelia Robles, Adrián Castrejón, Epigmenio Jiménez, Silvestre Mariscal, Silvestre Castro “El Ciruelo”, todos ellos se reunieron en la comunidad de Dos Caminos, donde Blanco y los suyos suscribieron el Plan de Ayala. El acta respectiva dice entre otras cosas:

“El general Don Julián Blanco expresa que ha reconocido y firmado su adhesión al Plan de Ayala…haciendo constar por último, que el credo agrario-político contenido en el Plan… es su bandera”.

Con el texto del Plan de Ayala la rebeldía del zapatismo es valorada más allá del alcance político electoral del Plan de San Luis Potosí; de hecho, consideraron a Madero y a los maderistas como traidores. Es un manuscrito de lectura compleja, con el que se pretendió darle impulso a la Revolución una dimensión social y política; marcó además el inicio de un amplio programa político.

Los zapatistas se lanzaron a la Revolución con la convicción de que hacía falta un cambio político, confiando en Francisco I. Madero y en el artículo 3º. del Plan de San Luis Potosí; pero cuando los zapatistas ven que éste no responde a sus demandas y mantiene al ejército federal en armas, y la imposición de Ambrosio Figueroa como gobernador de Morelos, consideraron al caudillo coahuilense traidor al movimiento revolucionario que el mismo comenzó el 20 de noviembre de 1910.

Si bien los campesinos de los estados de Morelos y de Guerrero –recuérdese que el general Zapata llegó a tener un cuartel revolucionario en Tixtla, de donde expidió el nombramiento al general Jesús H. Salgado, gobernador de Guerrero, adoptando, por su modestia, el nombre de Director del Gobierno Provisional de Guerrero en 1914-. Los campesinos, repito, habían esperado por centurias que se les hiciera justicia, la rebeldía del general Zapata es razonable, no precipitada, rasgo que lo convierte, precisamente, en un auténtico revolucionario.

Traición muerte al general Emiliano Zapata

El presidente Venustiano Carranza trató de convencer al gobierno norteamericano, así como a las clases altas mexicanas tradicionales, de que él representaba la única alternativa viable tanto a la anarquía como al radicalismo. En consonancia con esta política, intensificó su compaña con Zapata y Villa y en abril de 1919 logró su primer éxito importante.

A principios de 1919 el general Pablo González encargó a uno de sus subordinados, el coronel Jesús Guajardo, la misión de matar a Zapata. Guajardo procedió a “desertar” con toda su tropa y pidió a Zapata que lo aceptara en su ejército. Tal petición representaba un importante refuerzo para Zapata, urgido como estaba de hombres y sobre todo de armas. Con todo su excepticismo lo llevó a ordenar a Guajardo que atacara una guarnición carrancista para probar su compromiso revolucionario.

Guajardo le dio la “prueba” requerida. No sólo efectuó el ataque, sino que incluso ejecutó a los soldados carrancistas capturados. Después de eso, Zapata consideró que podía confiar en Guajardo y aceptó reunirse con él en la hacienda de Chinameca.

El 10 de abril de 1919, el general Emiliano Zapata llegó a la hacienda con varios acompañantes. Guajardo lo recibió con una guardia de honor en posición de firmes. Cuando Zapata se acercó, una “salva de honor” (Katz, 600) lo mató instantáneamente. Por este asesinato, Guajardo recibió una cuantiosa recompensa de Pablo González. Aun cuando quedaron muy debilitados por la muerte de su jefe, los zapatistas continuaron luchando.

Como se puede leer en la prensa nacional, Andrés Manuel López Obrador, visitó la comunidad de Ayoxustla, estado de Puebla, el lunes 25 de noviembre de 2011, en el que participó en los actos conmemorativos del Centenario del Plan de Ayala. Las organizaciones campesina tienen entre sus objetivos principales combatir el despojo de tierras del que son víctimas los agricultores, le solicitaron a López Obrador, ex candidato presidencial del Movimiento Progresista, elaborar un nuevo “Plan de Ayala” para el siglo XXI.