El Apresamiento de la “Maistra” Elba Esther

El apresamiento de la “maistra”, Elba Esther Gordillo Morales, no es un dato relevante solamente por lo que significa, en el corazón dialéctico de la educación, ese acto de coraje contra la mafia, múltiple y consternante integrada, en pautas (como prueba no menor su alianza con Calderón y ex ante con los gobiernos prisioneros de la corrupción) y que ya incluyen a sus retoños en el festín de un sistema, corrompido, que los partidos no se atrevieron a quebrantar.

Dejemos, al margen, la dimensión monetaria del despilfarro para no caer en la anécdota del escándalo que es otra dimensión mafiosa porque paraliza, con el grito, la posibilidad del sistema creador que dice, sin más, san se acabó.

No convirtamos la sorprendente decisión del Poder Político con la escandalera habitual sobre los sobornos de Wal-Mart. Asumamos la existencia de un tejido corrompido, igualmente, a escala de gobernadores y representantes del Congreso –el “Niño Verde” no es una diversión ni una anécdota- que configuran, sin duda, la mafia en el Poder.

La crisis del capitalismo de los compinches ha puesto en evidencia sistemas estructurales de vandalismo mafioso integrados en el Estado de Derecho y socavando y destruyendo la relación entre la Sociedad y el Poder.

Salvando las distancias sin establecer paralelismos, repito, de escándalos –salida lamentable que posibilita la ironía y poco más- recuerdo el texto, implacable de Giorgio Bocca –“El Infierno, Encuesta sobre un país de la Mafia” en su traducción del italiano- que señalaba, inclusive, a un Primer Ministro acusado de pertenecer a ella. Lo señala con estas palabras sobrecogedoras: “Yo me pregunto qué Gobierno, qué Parlamento los nuestros como sus centenares de diputados que deben su elección a la Mafia, que están en el poder para impedir que tal Estado combata la corrupción. Yo demando cómo se puede tratar al mismo país en orden a la esperanza de 1945 cuando cayó el fascismo. Yo me pregunto qué mal oscuro golpea a la gente para que el cielo sea siempre portador de la muerte”.

Ese alegato desesperado, hundido en una pregunta dramática sin respuestas, no es equivalente a México, pero sí es cercano a las mismas interrogaciones que sobrevuelan, cada día, nuestras vidas.

Eso del “inferno profondo” que proponía Bocca me acerca a la carta de Emilio Portes Gil a Cárdenas el 9 de enero de 1963 –¿lejos o cerca?- y que comenzaba así: “Señor General Lázaro Cárdenas. Mi muy querido amigo (la carta es muy larga y tomo sólo su centro terrible): “¿Que hemos cometido errores? ¿Que hay inmoralidad? ¿Que hay demagogia e inmoralidad en la Reforma Agraria? ¿Que la Nacional Campesina durante los últimos periodos de gobierno, que se coludió con los latifundistas y con los funcionarios pícaros del Agrario para vender terrenos ejidales y para repartir miles y miles de hectáreas enclavadas en las obras de irrigación en el Norte de Tamaulipas y en otros Estados de la República? ¿Que esa misma Nacional Campesina se coludió con los explotadores de las 350,000 familias ixtleras? ¿Que en Petróleos existen algunos negociantes que se adjudican cuantiosos contratos de obras, que roban descaradamente y que tienen depósitos en dólares en el extranjero? ¿Que el Partido Revolucionario Institucional impuso a gobernadores a dedo en algunos Estados y que todavía subsisten algunas de esas satrapías? Es cierto. Pero también lo es que tales errores pueden y deben ser reparados a la brevedad posible, y nadie puede negar que López Mateos, con toda energía ha venido reprimiendo esas inmoralidades que principiaron desde que se inició la Revolución Mexicana”.

Añadía, en el siguiente párrafo: “Claro que entonces las inmoralidades eran pequeñas: coyotes que se conformaban con cualquier cosa. Pero del 40 para acá, repito, las inmoralidades han llegado a un grado extremo, y han salido hornadas sexenales de millonarios. Quiero invitarte a que reflexiones que el deber nuestro no es combatir el régimen, sino ayudarlo sugiriendo respetuosamente las reformas que deben hacerse para evitar todas las inmoralidades y todas las claudicaciones que se siguen cometiendo. Bien sabemos que en poder de favoritos, de políticos corrompidos, de familiares de magnates existen cientos de gasolineras, las más ricas de la República, y que hasta algunos prominentes extranjeros cuentan con algunas de esas fuentes de riqueza”.

La carta, más larga –lo esencial de ella es lo dicho antes- terminaba así: “Quedo como siempre, tu amigo que mucho te estima. Firmado: E. Portes Gil”.

Leyendo a Giorgio Bocca y a Emilio Portes Gil me sobrecoge el título del gran periodista italiano “L’Inferno, profondo sud, male oscuro”.

Las satrapías de que hablaba Portes Gil son hoy estructuras consolidadas, oligárquicas, que merecen, con toda su riqueza y poder el título de Bocca: “profondo male oscuro”.