Altamirano y Clemencia

Ernesto Ortiz Diego
6 de Diciembre del 2013

El mes de diciembre es pródigo en la lecturas de las tres novelas que escribió el literato Ignacio M. Altamirano, nacido en Tixtla en 1854, comenzaré con la primera novela: Clemencia, y en otras colaboraciones comentaré La Navidad en las Montañas y finalizaré con El Zarco.

Altamirano escribió la novela Clemencia como proyecto de nación. Noé Jitrik (Argentina, 1928), crítico argentino, afirma, que la Novela Histórica llegó a América en los tiempos de la Independencia gracias a las ideas románticas sobre la libertad, el progreso y la identidad. Recordemos que los dos grandes autores del Romanticismo francés fueron: Víctor Hugo (1802-1885) y Francois-René de Chateaubriand (1768-1848). Y su seguidor más importante en México fue el maestro Ignacio Manuel Altamirano. 

La Novela Histórica Latinoamericana del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, bien sea romántica, realista, moderna o criolla, contribuyó “a la creación de una conciencia nacional familiarizando a sus lectores con los personajes y los sucesos del pasado. Se trataba de reconstruir o revisar de los grandes hombres y sucesos claves empleando un discurso narrativo, en ese contexto literario, Altamirano escribió la novela Clemencia, una de las primeras obras del Romanticismo Hispanoamericano y posee características del Romanticismo clásico que encabezaron Víctor Hugo y Chateaubriand, movimiento literario que tuvo auge en Europa en el siglo XIX.

Esta técnica fue utilizada por varios escritores románticos europeos como Guy Moupassant en su libro corto Recuerdo, Stendhal en su relato Vanina Vanini, Emile Zolá en La Taberna. De igual manera, Altamirano recurre al Romanticismo alemán con las siguientes características: resaltar los sentimientos del varón, exaltación de la mujer, gusto por la naturaleza, búsqueda de la espiritualidad del ser, exaltación de lo divino, retorno a la axiología de lo humano; además concuerda con la situación de Alemania en el siglo XIX, México también poseía problemas internos sociales y políticos. 

El políglota Altamirano, además de aprender francés para leer la producción literaria de Víctor Hugo y Chateaubraind. Asimismo, al ser traductor del idioma ingles, leyó a Charles Dickens (Inglaterra, 1812-1879), maestro del Romanticismo y Costumbrismo inglés. También aprendió alemán para poder leer el Romanticismo alemán, así pudo leer a Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), Friedrich Hölderlin (1770-1843) y Heinrich Heine (1797-1856). De este último, Altamirano posiblemente se haya inspirado en la novela Alemania, un cuento de invierno, para titular sus cuentos de invierno: Tres Flores (1867), Julia (1870), Antonia ( 1872), Beatriz (1873) y Atenea (1889).

En este orden de ideas, la novela Clemencia (1869), del escritor mexicano Ignacio Manuel Altamirano (Tixtla, 1834-Italia, 1893), quien como hombre de ideas liberales y como coronel del ejército juarista, luchó durante el gobierno republicano itinerante del presidente Benito Juárez contra las tropas de los invasores franceses del efímero imperio del archiduque Maximiliano de Habsburgo (1864-1867), instaurado en el poder por Napoleón III con el apoyo de los grupos políticos más conservadores y de tendencia pro monárquica de México, luego de un simulacro de plebiscito

Ignacio M. Altamirano aprovecharía esta experiencia en el campo de batalla para recrear, al estilo romántico de Jorge Isaacs, en su novela María, publicada dentro del Romanticismo en 1867, una historia de amor en su novela Clemencia (1869), considerada la primera novela moderna mexicana escrita con propósitos estéticos. 

En Clemencia, Altamirano vierte el sentimiento nacionalista que lo caracterizó desde sus raíces indígenas. La diégesis de Clemencia se desarrolla teniendo como telón a la historia real de México, la literaturización de los hechos reales de la toma de Guadalajara por parte de los franceses durante el imperio de Maximiliano I. Bajo este marco referencial se desarrolla la historia de amor no correspondido entre Fernando Valle y Clemencia, con la intervención antagónica de Enrique Flores e Isabel, prima del comandante Valle.

El relato de la intrahistoria amorosa sirve como pretexto para elaborar un romance nacional en el cual Altamirano defiende por principio de vida y por convicción política, la ideología liberal y positivista en la cual militaba; pero ante todo impregna el texto de las características del Romanticismo social de la época. En este sentido, Clemencia es una novela fundacional. La novela va adquiriendo progresivamente el carácter de una alegoría de la nación mexicana. 

Estructura de la obra Clemencia. A nivel composicional, el texto se estructura a partir de un dialogismo, un diálogo entre texto, cultura, realidad, historia, en la que Altamirano recoge parte de la Historia de México del siglo XIX. 

Altamirano ubica supuestamente una realidad pero sus protagonistas son ficcionalizados, un lector avezado encuentra una verdad histórica como es la lucha entre liberales y conservadores, y la toma de México por parte de los franceses. 

La novela Clemencia se compone de 37 capítulos, cuyos títulos condensan el eje romántico que será desarrollado en la narrativa. El título señala con certeza el leit motiv de los episodios. Los capítulos señalan una evolución cronológica y lineal de los sucesos narrados que se agrupan para formar episodios. Altamirano fue publicando semanalmente los episodios en su revista cultural El Renacimiento a partir de 1869. Los capítulos se enlazan hasta estructurar la novela en su totalidad. El narrador interviene cuando es necesario para afinar con su voz el carácter, la ética, los sentimientos, las ilustraciones y la resolución de conflictos.