Edgar Morin Y Alfredo Gutiérrez Gómez

Ernesto Ortiz Diego
14 de Diciembre del 2013

Mtro. Alfredo Guitérrez Gómez

Edgar Morin es, seguramente, un sabio. Sus libros, conferencias y maestrías le han convertido en una conciencia de Francia y el mundo. Él es un referente universal por vía de su Cátedra en la UNESCO –con varias cátedras en México y América Latina- y presencia en muy distintos países.

En estos momentos de crisis la lectura de sus libros constituyen una necesidad física y metafísica. Varios de sus libros los tengo dedicados con tinta azul y una letra redonda de líneas rectas y un pulso notable. Estos libros fueron dedicados en su estancia en la Universidad Iberoamericana (UIA-Santa Fe), en unión de mi maestro el sociólogo Alfredo Gutiérrez Gómez (imagen izquierda), en paz descanse. 

El tránsito de ese gran viaje intelectual (Morin nació en Paris en 1921) hacia la Filosofía y la Sociología constituye una proeza intelectual y, sobremanera ética que vivió, con él, a su vez, una generación de luchadores enfrentados con el nazismo y que tuvieron que transitar hacia lo que Edgar Morin, en su libro “La téte bien faite, Repensar la réforme, Réformer la pensé” define con claridad. No traduzco sus palabras al entregarme y firmarme el libro porque, sin duda, su pluma y su talento son demasiado generosos para nuestros días: “Un conocimiento, dice, capaz de afrontar las complejidades”. Ha sido regla de mi vida frente a toda simplificación ideológica o cultural. 

Observo en el último libro que escribió mi maestro (también de Héctor Murillo Cruz, colaborador de Colloqui) Alfredo Gutiérrez Gómez, La Propuesta, dos tomos, con quien me unía la relación profesor-alumno en la UIA-Santa fe y porque él también desde joven vivió en Ciudad Juárez, Chihuahua. Nadie como Gutiérrez Gómez el más lúcido seguidor de Edgar Morin. Quien dice del pensador francés, que fue un resignificador del conocimiento. Impulsor del Pensamiento Complejo y el conocimiento transdisciplinar de la ciencia. 

Edgar Morin –decía el sociólogo Gutiérrez Gómez- visita México desde años atrás. En sus exposiciones, en sus libros y en su carácter, fluye un impulso que él mismo rastrea hasta sus orígenes en su propia cuna familiar, multihistórica y transcultural. Como un ser fronterizo, se habituó a ver la realidad desde ambas orillas, a husmear detrás de la selección que distingue y seleccionar, a mirar del otro lado de la realidad acotada.

En el tema que aquí se desarrolla él tiene una palabra antigua y nueva, conservadora y revolucionaria que aportar, con su modesta y alegre presencia; también con su profundidad y amplitud, con su ciencia y su conciencia. 

La obra completa de Edgar Morin tiene que ver con la necesidad de no ver el conocimiento como un almacén de archivos muertos, formado por actos inconexos de experiencias individuales incomunicables, independientes de las condiciones del contexto, de la biografía individual, de la historia y la cultura. 

Edgar Morin es un autor original de temas no fácil de digerir, porque sus escritos vienen de un sociólogo y filósofo, sus temas son: el pensamiento complejo, los paradigmas, la epistemología, la transdisciplinaridad, el sujeto y el objeto en la perspectiva de la complejidad, entre otros temas de nuestro tiempo. 

En el ensayo final, “El proteccionismo científico y la apertura interdisciplinar”, Alfredo Gutiérrez Gómez da un paso hacia delante respecto de la obra de Morin y se adentra en la institución universitaria, en sus limitaciones, tareas y metas. La Propuesta del ex profesor de la Universidad Iberoamericana (UIA Santa Fe), apunta hacia recuperar los vastos alcances de la duda originaria, que no conoce fronteras ni respeta autoridades. La universidad que acepte el pensamiento complejo será abierta e interdisciplinar, con las extendidas consecuencias que tal aceptación trae consigo. 

La complejidad, dice Edgar Morin, requiere para existir del orden y del desorden, de principios antagónicos y complementarios, Alfredo Gutiérrez Gómez, deslimitador y propositivo, reflexiona sobre y desde la complejidad.