Gobierno Fallido en Tixtla

Con el reciente surgimiento de la policía comunitaria en dos comunidades indígenas de Tixtla: Atliaca y Acatempa, significa que en la Región Centro los pueblos ya se están armado para su autodefensa, porque ni el gobernador Ángel Aguirre y Gustavo Alcaraz Abarca, alcalde de Tixtla, han sido capaces de darle seguridad pública y gobernabilidad.

Tixtla a pesar de la alternancia que ha existido desde la década del 90 del siglo pasado, cuando Jorge Vargas Alcaraz del sol azteca ganó en 1999 por primera vez la presidencia municipal de Tixtla. Entre el PRI y PRD, Tixtla parece estar condenada a vivir inmersa en una perpetua crisis interna, propiciada paradójicamente, por los mismos factores que apuntalan su existencia: el caciquismo, el caudillismo y el clientelismo faccioso y corrupto.

Sin esos mismos soportes, los presidentes municipales difícilmente podrían existir; sin embargo, son esos soportes lo que impiden superar la crisis interna que los aqueja desde sus orígenes, en Tixtla sólo el que tiene dinero puede ser presidente municipal y diputado local para comprar las candidaturas a los dirigentes de los partidos políticos corruptos (PRI y PRD), y en los comicios trafican con la pobreza de la mayoría de los electorales a quienes compran su voto.

Gustavo Alcaraz Abarca, al inicio de su gobierno, le tocaron sin proponérselo dos movimientos culturales, La Semana Altamiranista y el Tercer Encuentro de Cronistas en noviembre del año pasado, para ello arregló la presidencia municipal y la calle donde él vive. Y pensó que así sería el resto de los tres años de gobierno.

Sin embargo, en los primeros cien días de un gobierno regular, pronto le explotó la crisis a través de un gobierno fallido y de ingobernabilidad. Lo cierto es que el alcalde Tixtleco tiene que renovarse …o morir. Este choque entre el mal gobierno municipal y las comunidades de Atliaca y Acatempa y otras que seguramente habrán de seguir el camino de la autodefensa, expresa la crisis de vicios y males que se han venido acumulando a través de los últimos gobiernos municipales. Todo el cuerpo municipal está infestado y es impostergable extirpar:

  1. Tenemos un gobierno donde abunda el nepotismo, quienes detentan el poder actualmente en Tixtla es la familia del presidente y la esposa.

  2. La corrupción y falta de cualquier rasgo ético en el ejercicio de la función pública de que hacen gala esta familia del poder.

  3. El pragmatismo sin atenuantes y la lógica de sectas, tribus y caciques, incapaces de concebir ataduras a principios y valores.
  4. La grave dependencia de los recursos públicos y, por lo mismo, son recursos que los últimos presidentes municipales han desviado para enriquecerse, hoy vemos a los ex alcaldes con gasolineras en casi todo el Estado, negocios de mueblerías, tlapalerías, farmacias, casas lujosas con albercas, automóviles y camionetas de lujo, como las que usan los grupos fácticos, entre otros bienes materiales que antes tenían pero con cierta modestia; el poder político los enriqueció y se hicieron prepotentes y soberbios con el dinero del pueblo que han robado.
  5. ¿Mal de muchos, consuelo del pueblo de Tixtla? Todavía hay grados. El actual alcalde se encuentra casi al inicio de su gobierno nespótico y despótico, en los páramos de la incertidumbre, el caos. Desestabilizadas dos comunidades (Atliaca y Acatempa) donde sus habitantes en su mayoría son indígenas, el poder municipal está por derrumbarse si continúan los conflictos por la inseguridad e ingobernabilidad.
  6. Lo que se veía al principio como una nueva edición de gobierno, resultó ser una nueva farsa, demagogia sin reglas, sin instrumentos para cumplir con las promesas de campaña, finalmente el gobierno de Gustavo Alcaraz Abarca devino en crisis de seguridad pública y de ingobernabilidad.

  7. No hacer nada con este PRD significaría la muerte para el partido en el poder en Guerrero. Lo dicen las notas periodísticas nacionales y locales. En estos momentos el PRD no representa una alternativa política aceptable.
  8. Hoy ser perredista, sobre todo con la renuncia de Andrés Manuel López Obrador, o estar en el gobierno municipal de Tixtla, no es cosa de orgullo sino al contrario. En estos momentos la debacle del actual gobierno Tixtleco está cantada, porque una sola familia en el poder no es garantía de un buen gobierno, que dé seguridad pública, gobernabilidad y gobernanza a sus habitantes.