Los Embajadores de Hidalgo ante Estados Unidos

Entre los documentos más significativos de la formación histórica de México, existe uno bien relevante, el nombramiento por Hidalgo del primer embajador ante Estados Unidos; Miguel Hidalgo en 1810 presidía el primer gobierno de la revolución, el nombramiento se hizo en favor de un guatemalteco especializado en botánica, nombrado Mariscal de Campo, se había unido al movimiento independentista en Guadalajara, se llamó Pascasio Ortiz de Letona (Guatemala, 1785-México, 1811) ¿dónde está su nombre en las calles o en la memoria colectiva? En ninguna.

Era presidente de Estados Unidos entonces, James Madison, el documento a favor de Ortiz de Letona como embajador plenipotenciario le concedía toda clase de atribuciones para firmar Tratados y Convenios. El documento terminaba así: “Dado en nuestro palacio nacional de Guadalajara, a 13 de diciembre de 1810”. Los firmantes aparecían de esta forma: Miguel Hidalgo, generalísimo de América; Ignacio Allende, capitán general de América; José María Chico, ministro de Gracia y Justicia, presidente de esta nueva América.

El nombre de México no aparece, y el documento se dirigía al Congreso de Estados Unidos, y no al presidente Madison. Pascasio Ortiz de Letona, desconocido en México, merece memoria generosa, no llegó nunca a Estados Unidos, apresado en Molango, en la Huasteca del estado de Hidalgo, prefirió suicidarse antes de que le condujeran a la capital del virreinato para hacerle confesar con torturas, tenía preparado el botánico veneno para un caso de urgencia, no dudó en usarlo antes de denunciar a los firmantes del documento.

El segundo nombramiento de embajador recayó sobre Bernardo Gutiérrez de Lara, que convenció a Hidalgo de tener buenas relaciones con el gobierno de Estados Unidos, año de 1811, es decir, cuando Elizondo perseguía ya de muy de cerca de Hidalgo.

Gutiérrez de Lara en una larga aventura pudo llegar a Estados Unidos, se entrevistó con el secretario de Estado, Monroe, tenemos noticias de la entrevista por el embajador de España en Washington, Luis de Onís, hizo un relato al virrey Javier Venegas, he aquí sus palabras: “Monroe le dijo a Gutiérrez de Lara que su gobierno el de Estados Unidos, apoyaría con todas sus fuerzas a la revolución de las provincias mexicanas con armas y municiones, y 27 mil soldados, pero que para ello, debería establecerse una buena Constitución en México y Monroe le ponderó la de Estados Unidos, y le dio a entender que su gobierno deseaba que el gobierno de México tuvieran la misma Constitución y que entonces admitirían en la Confederación en las provincias insurgentes para formar la potencia más formidable del mundo”.

Añade, Luis de Onís, que Gutiérrez de Lara al oír la proposición de Monroe que significa la integración en Estados Unidos, se levantó de su silla y salió furioso del despacho así terminó el segundo nombramiento de Hidalgo de embajador en Estados Unidos.

El diplomático de Español en Washington, Luis de Onís, en una larga carta dirigida al virrey de Nueva España, uno de abril de 1811, le dice al virrey lo que sigue: “Vuestra excelencia se haya enterado por mi correspondencia que este gobierno, el de Madison, no se ha propuesto nada menos que fijar sus límites en la desembocadura del Río Bravo, parecerá –le añade al virrey- un delirio este proyecto a toda persona sensata, pero no es menos seguro de que existe.

Cuando Onís firmó este documento para el virrey de Nueva España, anticipó ya el porvenir, lo que venía, Gutiérrez de Lara sobrevivió a Hidalgo fusilado en 1811, Gutiérrez de Lara era gobernador de Tamaulipas en 1824, y fue el hombre que autorizó el fusilamiento de Agustín de Iturbide, Primer Emperador de México independiente.

¿Qué novelista hubiera imaginado semejante cúmulo del futuro?