Consecuencias de la Revolución Española de 1820

En 1815 cuando las luchas por la insurgencia desde Buenos Aires a México, planteaban un cambio total en el equilibrio de las fuerzas en América Latina, la derrota de Napoleón en la histórica Batalla de Waterloo el 18 de junio de 1815 generó una situación nueva, en efecto, los países vencedores de Napoleón reunidos en Viena bajo el liderazgo de Klemen Von Metternich (Alemania, 15 de mayo de 1773-Viena, 11 de junio de 1859), tomaron una decisión: que no admitirían dada la experiencia de la revolución francesa y su continuidad por Napoleón ninguna forma de gobierno en Europa que se alzara contra las monarquías legitimistas, es decir, monarquías absolutas, esa decisión tuvo un nombre, la Santa Alianza. No había dudas.

Simón Bolívar, lúcido entendió que esa decisión podía pesar gravemente sobre América que todavía se encontraba en guerra contra una monarquía legítima, la española, que en 1814 al regreso del rey Fernando VII de su prisión en Francia derogó inmediatamente la Constitución liberal de 1812, restableció el absolutismo y persiguió a los liberales que redactaron la Constitución de Cádiz y por tanto a los americanos que también la firmaron.

El regreso de Fernando VII tuvo un objetivo: la recuperación de las Colonias, en consecuencia, que poco se sabe de ello, se preparó una expedición de tropas españolas hacia América, pero el uno de enero de 1820 en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) el teniente coronel Rafael de Riego (1785-1823), se sublevó contra el envío de tropas a América y proclamó la Constitución liberal de 1812, una serie de ciudades españolas exigieron que el rey Fernando VII aceptara la Constitución liberal de 1812.

El pueblo español por distintos caminos se unió a los levantamientos de América impidiendo el envío de los soldados contra la insurgencia, la revolución unía así las dos orillas del océano, Fernando VII juró la Constitución de 1812 y suspendió el envío de las tropas contra los insurgentes americanos.

Pero en 1823, la Santa Alianza reacciona contra el fin de la Monarquía absoluta en España y envía un ejército francés, Los Cien Mil Hijos de San Luis, para devolver los poderes absolutos a Fernando VII, así fue, pero esos tres años de 1820 a 1823, finalizado el absolutismo, fueron decisivos en América, en suma, una visión mítica y autista de la historia ha impedido unir los eslabones de los procesos revolucionarios de un lado y otro.

Cuando en 1823 la Santa Alianza restableció el poder total de Fernando VII, ese poder estaba ya minado por la insurgencia, en las dos orillas el pueblo luchaba por la misma causa en 1824, mientras que en México en 1821 se había proclamado ya la Independencia, Bolívar y Antonio José de Sucre ganaban realmente las dos últimas batallas contra verdaderos ejércitos españoles, la primera el 6 de agosto de 1824, en Junín la ganaba Bolívar frente a las tropas del general José de Canteras, desposeído de sus funciones Bolívar traspasó el mando a Sucre, personalidad notable que fue el primer Presidente de Bolivia, que el 9 de diciembre de 1824 ganó la Batalla de Ayacucho, hizo prisionero al propio virrey José la Serna con sus generales, oficiales y 2 mil soldados.

¿Por qué esa parte del gran proceso común nos es ignorado? Por cierto la madre de Ernesto “Che” Guevara descendía del tronco del virrey la Serna, de todas formas Sucre murió asesinado por las nuevas oligarquías sin que sepa hasta hoy quienes fueron los culpables.

Y Bolívar moriría en 1830 cuando después de haber renunciado a todos los poderes, se dirigía a Caracas, todas las puertas de su patria se les cerraron, en Santa Marta donde muere, solo un español, Joaquín de Mier le cedió su mansión en la Quinta San Pedro Alejandrino donde murió el 17 de diciembre de 1830 rodeando de unos pocos seguidores, hasta el médico que le acompañaba era francés, gloria y tragedia de lo real que solo asumiéndola con sus contradicciones, hace ciudadanos concientes, no los hace nunca una historia mítica.