El Concepto de lo Político

Es el título de uno de los libros más interesantes de Carl Schmitt, politólogo, filósofo y jurista alemán, un teórico adscrito al fascismo alemán y al Realismo Político en la teoría de las Relaciones Internacionales. Fue colaborador del régimen nazi de Hitler. Su obra más importante, El concepto de lo político, la escribió en 1932. Schimitt, tuvo una vida longeva, nació en Plettenberg, Prusia, Imperio alemán, el 11 de julio de 1888 y falleció a la edad de 97 años, el 7 de abril de 1985.

Héctor Cuadra, doctor en Estudios Internacionales por la Universidad de Birmingham, Inglaterra, y profesor e investigador de la Universidad Iberoamericana (UIA Santa Fe), en alusión a Carl Schmitt, escribió una frase muy famosa en la que dice “El poder corrompe a quien lo sustenta, y humilla a quien lo padece”. (Reflexiones sobre ética y política internacional, México, UIA, p. 27).

Su línea de investigación es el conflicto social que desemboca en la guerra. En su texto principal “El Concepto de lo Político”, hace una revisión exhaustiva de los politólogos que le antecedieron, iniciando su análisis con Aristóteles, Jean Bodin, Nicolás Maquiavelo, llegando a un primera conclusión en el sentido de que el Estado y la soberanía son el fundamento de las restricciones a la guerra y a la enemistad hasta ahora logradas por el Derecho Internacional.

El politólogo Miguel Ángel Valenzuela Schelly, ubica el pensamiento schmittiano en dos vertientes: por un lado, en su aspecto intraestatal –por lo que es más conocido en la teoría política-, y por el otro en el interestatal o internacional, es decir, en el plano de las relaciones internacionales.

Schelly, profesor del Centro de Relaciones Internacionales de la FCPyS-UNAM, escribe que para comprender a Carl Schmitt y sus aportaciones al pensamiento político, es imperativo recordar que vivió o, en su caso, sufrió la República de Weimar (1919-1933); por esto, podríamos explicar su crítica al liberalismo en varios niveles de su andamiaje, como el abandono de la teología, por parte de lo público, la utilización de la democracia sólo como procedimiento, la fuente del poder soberano, el propio concepto de lo político –su obra más conocida-, la teoría del decisionismo y el Estado de excepción, fundamentos estos últimos de su crítica.

De estos temas del filósofo de Plettenberg, el que más interesa para esta colaboración es el Concepto de lo político, en el que afirma que el fundamento de lo político –su punto de partida o el eje de la actividad política-, estableciendo el binomio amigo-enemigo y la conflictividad que esto supone es la lógica que guía y sustenta el ámbito de lo político en sus distintas expresiones.

Seguidamente, hace una distinción entre amigo-enemigo, sería la decisión (cuasi)primaria, originaria y aglutinadora de un Estado. El enemigo, afirma, no puede ser reducido a la figura del adversario privado o del competidor económico; el enemigo es el que desde dentro o fuera pone en peligro la existencia misma de la unidad política; es decir, aquel que representa una amenaza existencial.

Para Schimitt la enemistad y la conflictividad eran un estado latente –que caracteriza a lo político- es la vía que evitaría la racionalización o instrumentalización total -en términos de la Escuela de Frankfurt- de la vida humana. En consecuencia, para el jurista alemán, la guerra –o su perenne posibilidad- representa la máxima expresión de la esencia del hombre y la negación total de los valores liberales fundamentales: seguridad, utilidad y racionalidad.

Otro tema de enorme trascendencia en la actualidad, es el Nomos de la Tierra, obra escrita por Schimitt en 1950, en la que hace una enorme revisión histórica del derecho público europeo como base del Nomos de la Tierra –también podríamos decir que del orden jurídico-político internacional- asimismo, escribe un análisis del nuevo nomos creado por Estados Unidos, de forma paulatina a partir de la Doctrina Monroe y hasta los juicios de Nüremberg, pasando por la primera posguerra y los fallidos intentos del Protocolo de Ginebra y la Sociedad de las Naciones, hasta culminar su análisis del Pacto Briand-Kellog, sumamente cuestionado este último por Schimitt.