Hannah Arendt ¿Qué es la Política?

Hannah Arendt, nació originalmente con el nombre de Johanna Arendt en el barrio de Hannover, Alemania, el 14 de octubre de 1906 y el 4 de diciembre de 1975, se apagó una de las voces más lúcidas de la teoría política contemporánea. Fue de raza judía, por eso su estancia en Alemania en la época del nazismo de Hitler, tuvo que exiliarse en Estados Unidos, donde produjo su pensamiento que ahora nos permite repensar la política, llenarla de nuevos contenidos, refundarla desde la existencia individual, desde la diferencia y la convivencia (Cansino 2006: 24-25). Arendt fue una estudiosa del pensamiento griego, particularmente de la obra de Aristóteles, La política.

La actualidad de Hanna Arendt radica en su existencialismo analítico. Su pensamiento fue original como se puede leer en dos de sus obras más importantes: La condición humana (1958) y ¿Qué es la política? (1993), esta última fue una obra póstuma, fueron ensayos, escritos, conferencias, que fueron sistematizados después de su muerte, como afirma la doctora Rhina Roux, profesora del CIDHEM. El éxito de Arendt ya lo había conquistado desde 1951 cuando escribió Los orígenes del totalitarismo.

Para Arendt la verdadera política tiene que ser democrática como condición de su existencia, donde los hombres en libertad, en pluralidad e igualdad deben participar en un espacio público. Esto tiene que ser así porque el hombre en lo individual, en su aislamiento, nunca es libre. Los hombres tienen que vivir en la polis, porque solo en ella se piensa, actúa y se conquista. A lo largo de su obra parecía confrontarse con su maestro Martin Heidegger.

Muchas veces me he preguntado por qué un estudiante de Literatura tiene que conocer de ciencia política, encontré la respuesta y razón en un ensayo de la doctora en ciencia política por la Universidad de John Hopkins, Baltimore, EUA, Paulina Ochoa, con el título “La resistencia poética: Hannah Arendt y los cronopios”, en el que señala que “El poeta se vincula con la política, justamente, cuando usa la razón y juicio y resiste (aun involuntariamente) las fórmulas vacías que naturalizan o cierran la política sobre sí misma. El lazo entre política y literatura sí está en el escritor; pero no en su compromiso con la vida pública sino en su capacidad y libertad de dudar sobre su arte”. (Ochoa 2002: 60).

Y es que la literatura y la imaginación literaria son subversivas, recordemos como el maestro Ignacio M. Altamirano utilizaba la literatura y el periodismo como armas de combate en defensa los principios liberales en los que él pensaba y actuaba cuestionando a los conservadores.

Líneas adelante, la también profesora en Teoría Política por la Universidad de Essex, Inglaterra, Paulina Ochoa, escribe que lo peligroso de las frases preacuñadas y los comportamientos convencionales surge cuando éstos “no surgen de la vida, sino de las malas novelas y películas americanas bobas”, como dice Patrick Süskind en la Historia del señor Sommer.

Según Arendt, la ciencia política, especialmente la de corte más empirista, es incapaz de comprender y, por supuesto explicar toda una serie de acontecimientos –desde la revolución a los fenómenos de la desobediencia civil- a lo largo de la historia que exigen una integración normativa y participativa de la sociedad en la cogestión de sus propios problemas (Agapito Maestre 1997:247-249).

Esta idea de Arendt, tal vez fue tomada por el politólogo Giovanni Sartori (2004), “a fuerza de abrazarse al método cuantitativo y lógico-deductivo ha acabado elaborando un discurso superficial e intrascendente, en ningún momento he querido circunscribir mi argumento a la ciencia política estadounidense…”

Esta posición de Sartori la comparte el politólogo César Cansino, ahora profesor del CIDHEM, “la ciencia política dominante en el mundo actual no tiene rumbo y camina con pies de barro, le ha dado la espalda a la vida, es decir a la experiencia política” (Cansino, La muerte de la Ciencia Política, 2010).

Cuando las fórmulas pierden su capacidad para expresar el vínculo del hombre con el mundo, se está en medio de una crisis de sentido, que por supuesto es también una crisis política. Arendt creía que ese era el origen principal de las tragedias del siglo XX (Ochoa 2002:61).

Conclusión breve

César Cansino le llama a Hannah Arendt la filósofa política más importante de todos los tiempos. Aunque a la pensadora de origen judío, no quería ser llamada filósofa porque sabía que reducir la incertidumbre democrática, o sea, remitir la posibilidad permanente de fundar el poder a través del intercambio de palabras a que una política a priori –a una esencia política- no era sino caer otra vez en la política que nadie hace, en la de los filósofos.

Para el filósofo francés marxista Claude Lefort, la polis, la sociedad política, sigue siendo –de acuerdo con una tradición que se remonta a Grecia- un espacio de encuentros y desencuentros, de abrazos y conflictos. La sociedad política es para él el lugar en que se juega el sentido de lo social.

La teoría política de Lefort se ha construido en diálogo permanente con otros autores, pero en especial con Hannah Arendt. Es precisamente en ella en que Lefort encuentra sustento para desarrollar su conocida concepción del poder político como un espacio vacío, secularizado, el cual ha de ser llenado de forma simbólica por la sociedad civil desde sus propias iniciativas y expectativas. Además, coincide con la filósofa judío-alemana en que la política es el verdadero espacio de creación de los hombres, a condición de que la sociedad se conciba como un espacio público-político.

Finalmente, sobre la base de algunas ideas originales de Hannah Arendt, y que le siguieron Claude Lefort, Cornelius Castoriadis, entre otros, Agapito Maestre el politólogo más importante de España, propone estudiar la sociedad civil como el espacio público por excelencia, el lugar donde los ciudadanos, en condiciones de igualdad y libertad, cuestionan y enfrentan cualquier norma o decisión que no haya tenido su origen o rectificación en ellos mismos. En ese sentido, la esfera pública –de la que también escribe Habermas- es el factor determinante de retroalimentación del proceso democrático y la esencia de la política democrática.