Miguel Hidalgo en charlas de café con Patria Galeana

¿Por qué cerrarse a dialogar con los personajes del pasado? Se pregunta la historiadora guerrerense Patria Galeana -descendiente directa del general Hermenegildo Galeana-, y con una buena dosis de imaginación, café y una profunda revisión de las fuentes originales e historiográficas que han abordado la vida del cura Miguel Hidalgo, la historiadora se encuentra con el cura de Dolores en los portales de Tlalpan, imaginariamente.

En una intensa conversación, el Padre de la Patria expone sus ideas, devela los hechos en los que participó, la forma como puso en jaque al gobierno de la Nueva España con un grito, y se entera cómo la historia neoconservadora ha intentado devaluar su figura.

Hidalgo era un gran lector, dice a Patricia Galeana, profesora e investigadora de la UNAM, que él leía a los ilustrados ingleses, Lucke y Hume, y también a los ilustrados franceses, Rousseau, Voltaire, Diderot, Condorcet, D`Alembert y Montesquieu. Confiesa que en Valladolid existía una colección oculta que tenía las obras de Voltaire, que estaba de moda. Que en Valladolid, hacían tertulias en su casa, la que llamaban “La Francia chiquita”. Y que de estos enciclopeditas, tomó las ideas libertarias.

-¿quién lo invitó a las reuniones y qué se discutía en ellas?, pregunta la historiadora Galeana.

-Me invitó Ignacio Allende. Deliberábamos acerca del camino a aseguir ante la falta del rey en España (…) las reuniones en Valladolid fueron descubiertas, pero sus miembros salieron ilesos porque aseguraron que buscaban preservar el reino para Fernando VII. En ellas participaba Allende. Después las reuniones siguieron en San Miguel de Allende. Después continuaron en San Miguel y en Querétaro. En esta última ciudad se llevaban a cabo en la casa de doña Josefa Ortiz, esposa del corregidor Miguel Domínguez; la corregidora, era una mujer inteligente además de guapa, era buena amiga de Hidalgo y una de las más entusiastas de la causa de la Independencia.

Hidalgo nombró a los dirigentes que encabezaron la lucha insurgente en todas las provincias del reino de la Nueva España, claro, el más sobresaliente fue Morelos que insurreccionó el sur y la toma de Acapulco. Había que encender la llama de la insurgencia por todo el territorio. Planteó con toda claridad la independencia política, económica y social de la nación, en sus cartas, en sus proclamas y manifiestos.

A Morelos lo instruyó para la organización de un Congreso republicano, con representantes de todas las ciudades, villas y lugares del reino, para que dictara leyes suaves, benéficas y acomodadas a las circunstancias de cada pueblo, lo que dio como resultado los Sentimientos de la Nación en el Primer Congreso de Anáhuac el 13 y 14 de septiembre de 1813.

Hidalgo le recuerda a Patricia Galena que la guerra es a muerte o era la vida, de los realistas o de la insurgencia. Así son las revoluciones, sangrientas. Recuerda la Revolución francesa de 1789, la guillotina no dejó de trabajar noche y día.

Hidalgo recuerda como se inició el movimiento de Independencia. El 16 de septiembre de 1810, con su hermano Mariano, Allende, Aldama, José Santos Villa y 10 hombres más salieron de su casa y fueron a la cárcel a liberar a los presos, con ellos sumaron 80 hombres. Como era domingo, aunque de madrugada, tocó las campanas para llamar a todos a misa, así llegaron a 300 hombres y empezó la lucha de la insurgencia.

No era una empresa fácil. La Nueva España era la joya más preciada de la Corona. España se resistía a perderla; después se tardaron muchos años en reconocer oficialmente la Independencia, hasta 1836. No sin antes intentar su reconquista en 1829 durante la Presidencia de México, del general Vicente Guerrero. Pero la Independencia tenía que consumarse, tarde o temprano.