López Obrador: el tamaño de la turbulencia

No hay duda que el anuncio de Andrés Manuel López Obrador sacudió al sistema político, aunque a muchos por las razones equivocadas.

Debe haber decepcionado a los que apostaban que anunciaría acciones violentas, plantones, tomas de plazas, tal cosa les daba herramientas para mantener su discurso y acciones contra la izquierda y de esa forma asegurar que el país se siga corriendo hacia la derecha, tal vez por eso los panistas insisten en que es necesario un partido de izquierda, al que llaman responsable, porque les facilita tener una fuerza contra la cual dirigir sus puyas. Con esto, AMLO les quita el referente que ellos creen justifica una agresión contra los grandes conglomerados. El presidente del Banco de México ya se descaró diciendo que quiere una ley que facilite despedir a los empleados y el secretario general de la OCDE viene a decir que hay que salir de la mediocridad, aunque no dice que él ayudó, y con mucho, a meternos a esa mediocridad. El PAN por su parte levanta armas para terminar de linchar al ex candidato de las izquierdas, con esto se les aleja.

A los sectores más corruptos de la izquierda les quita una base electoral y de movilización muy importante, la que posiblemente usaron para vender posiciones políticas. ¿Habrá sido eso lo que propició el rompimiento entre ellos y AMLO?

A los priistas parece preocuparles que les arrebate ciertas clientelas, las que atiende solamente en las coyunturas electorales.

Anunciar su intención de reforzar a MORENA introduce un elemento muy interesante a la política nacional porque permite varios procesos paralelos

Sacude a la izquierda de la modorra en la que estaba colocada y en la que había entrado cuando empezó a saborear las mieles del poder. Tanto aquellos que se especializaron en las carreras legislativas, como aquellos que se corrompieron como cualquier político mexicano hoy se verán huérfanos de un apoyo que daban por sentado y tendrán que luchar por conquistarlo.

Le da una razón de existir a amplios sectores que se desmarcaban del PRD y las otras fuerzas de izquierda pero que aceptan el liderazgo de López Obrador. Hay un marco no partidista para la militancia política.

Reanima a las fuerzas de izquierda y le plantea un reto importante a los legisladores izquierdistas, porque las bases de MORENA podrán llamarlos a cuentas y mal harían si se escudan en las siglas de sus partidos para no dar cuentas.

Se abre un espacio para el desarrollo de cuadros políticos y los canales para el surgimiento de nuevos líderes sociales. Esto le puede dar un refresco, muy necesario, a la política en general y a la izquierda en particular.

Obviara la simulación entre los cuadros políticos actuales, lo que facilitará depurar a las fuerzas de izquierda.

Bien haría AMLO si no solamente continúa activando a MORENA y si no la reduce a un instrumento político-electoral, sino si le da un propósito muy concreto. Una idea podría ser la creación de la fiscalía del pueblo, de tal forma que los cuadros de MORENA se convierten en fiscales que vigilan a las autoridades electas en pueblos, municipios, gobiernos y al poder federal. De funcionar esto tendría un fuerte impacto sobre la transparencia gubernamental, obligaría a los gobiernos a rendir cuentas y le daría un enorme poder a la sociedad.

Los políticos no responderán porque ser buena gente, más bien, la tentación para alejarse de la sociedad es muy fuerte, y se facilita por la debilidad de la sociedad. El fortalecimiento social cambiará a la política.

La sociedad mexicana no sabe quejarse, no sabe pedir cuentas, no sabe pelear por sus derechos. Si AMLO logra alguna de estas cosas habrá ayudado a cambiar a la sociedad mexicana y su política.

Muchos esperan que López Obrador se convierta en un gran caudillo porque eso les permite atacarlo. Creo que ha dado una muestra de madurez y de sentido del futuro y la dirección política. Su gran reto es lograr conjuntar un grupo de líderes que articulen un movimiento de masas cuya dinámica obligue a los gobiernos a caminar con una nueva dirección. La tarea no será fácil, tendrá obstáculos de propios y extraños, y más de aquellos que ven su triunfo como el obstáculo para el reforzamiento y mantenimiento del status quo, de un orden de cosas que hoy nos tiene al borde del precipicio en muchos sentidos.

Un movimiento de masas sólido y con un claro sentido de dirección, nos alejara del precipicio, pero también nos impulsara hacia el cambio de una cultura política perniciosa que se aferra en sostener los valores del pasado.