Suplencia Presidencial

Taimado y astuto como es, Andrés Manuel López Obrador atisba el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (tepjf) en torno a la elección mayor: "No debe extrañarnos —dijo en conferencia de prensa— que se cancele la elección presidencial, que se invalide. La Constitución establece para estos casos lo que procede, que el Congreso, en este caso la Cámara de Diputados, elige a un presidente interino. Se puede llegar al acuerdo de que sea un presidente honorable para convocar en un plazo de 15 o 18 meses a más tardar, según establece la Constitución, a nuevas elecciones."

El anticipo —faltaba más— es interesado, insidioso y ligeramente inexacto. La determinación, que deberá suceder a más tardar el próximo 6 de septiembre, sólo corresponde al árbitro último en materia electoral. El tabasqueño, además, erra al señalar que la designación de un presidente interino es facultad de la Cámara de Diputados. Sin embargo, no está "delirando" ni expresa una postura "absolutamente fuera de lugar", como dijo, también arteramente, Pedro Joaquín Coldwell, dirigente nacional del Revolucionario Institucional.

El ex candidato presidencial de las izquierdas, en todo caso, enseña la médula de su escenario óptimo. Basta advertir que ante la eventual —e improbable— invalidez de la elección, como lo demanda el recurso legal interpuesto por el Movimiento Progresista, tanto el viejo como el nuevo artículo 85 constitucional son consistentes y claros al prever, en su párrafo primero, que si al iniciar un periodo constitucional la elección presidencial no estuviese hecha o declarada válida, "cesará el Presidente cuyo periodo haya concluido y será presidente interino el que haya designado el Congreso, en los términos del artículo anterior".

Es bastante remota, empero, pero existe la posibilidad de que, por primera vez en casi 80 años, se tenga que echar mano del mecanismo constitucional para la suplencia presidencial; un asunto toral de la reforma política que, a su vez, sólo espera ser publicada en el Diario Oficial de la Federación para su entrada en vigor, luego de la declaratoria de aprobación hecha por la Comisión Permanente del Congreso de la Unión el pasado 18 de julio.

La provocación pejista incita, mas la relevancia histórica obliga a repasar el camino recientemente remozado respecto a la falta absoluta del Presidente de la República. Si bien es cierto que, en esencia, no se modificó el primer párrafo del artículo 85, el resto de los engranajes, sobre todo los contenidos en el 84 constitucional, sufrieron modificaciones amplias y loables, aunque no exentas de asegunes.

No es la Gran Reforma del Estado; ni siquiera es el dictamen aprobado con antelación en el Senado de la República, que abarcaba la reelección de legisladores y autoridades municipales, la revocación del mandato presidencial, la reconducción presupuestal y el veto presidencial al Presupuesto de Egresos. No obstante, la reciente reforma política es un avance no menor, que únicamente espera su publicación en el Diario Oficial de la Federación para formar parte del derecho positivo.

Entre las modificaciones a doce artículos de la Constitución y las adiciones a siete más, se desprenden figuras de trascendencia para el desarrollo democrático del país: las candidaturas "independientes", que significan el quiebre del monopolio partidista a las postulaciones a los cargos de elección; la consulta "popular", que permitirá, al presidente de la República o una tercera parte del Congreso o al 2% del listado nominal de electores, poner a consideración de la ciudadanía temas de trascendencia general; la iniciativa "preferente" para el Ejecutivo, que le permitirá presentar dos iniciativas o señalar como tales dos que hubiese presentado anteriormente, al principio de la apertura de cada periodo ordinario de sesiones, para ser discutidas y votadas, en sentido positivo o negativo, en 30 días naturales... Lo dice el jurista Miguel Carbonell: "[La democracia es] un sistema que permite ir arreglando los problemas comunes de forma pacífica y deliberativa. La reforma política, con todo y sus insuficiencias, nos acerca un poco más a ese ideal. En un país como el nuestro, eso merece ser justamente valorado y aplaudido."

Un avance que se verá en los próximos meses y años, aunque varios apartados —las candidaturas "independientes", por ejemplo— todavía necesitan ser aterrizados en la legislación secundaria para ser aquilatados a cabalidad...