Después de la Elección… Asignaturas Pendientes

Después de cada elección, enmienda o ajuste a las reglas del juego. Como si la legislación resultara obsoleta cada tres o seis años. Como si la materia que se pretende regular —realidad política, comportamiento de actores, disputa por los espacios de poder— conociera mutaciones violentas al final de cada ciclo y demandara transformaciones de gran calado.

La idea no es exacta, si nos atenemos al calendario, pero ofrece una imagen aproximada de lo que ha sido el cambio político en México en poco más de cuatro décadas. La dinámica central de una larga y accidentada transición democrática que algunos estudiosos han concluido en llamar transición votada por su componente esencial: reforma, adecuación, expansión, enmienda, contrarreforma, fundación y refundación del complejo jurídico-institucional destinado a garantizar procesos electorales confiables, transparentes, legítimos.

Transición por la vía electoral, peculiaridad mexicana para cumplir el requisito elemental de una democracia digna de crédito: sufragio efectivo, no defraudación; que cada voto cuente y se cuente. Y en esas coordenadas, sobre tal esperanza que define umbrales, objetivos, propósitos, la erección de un aparato encargado de orientar el esfuerzo nacional:

Confección de códigos cambiantes, tornadizos, herméticos o enmarañados pero nunca integrales; dictados por la coyuntura, la fiebre del momento ("pluralizar", "ciudadanizar", "des-espotizar") o el cálculo de la fuerza hegemónica en los pasillos del Legislativo.

Construcción de una imponente estructura profesional, técnica y operativa, garante de la organización eficaz de comicios federales (ife) y una conducción cupular (Consejo General) sometida a las presiones y veleidades de la política.

Lenta y calamitosa instalación del tinglado para dar cauce a lo contencioso: un tribunal especializado para administrar justicia electoral (tepjf) y una fiscalía encargada de investigar y perseguir los delitos en la materia (Fepade).

Transición votada, democracia electoral. No hay registro en el mundo conocido de un esfuerzo de tal magnitud y tamaña concentración de recursos materiales y humanos, inteligencias, ilusiones y delirios. ¿Esperanzas frustradas o sólo carcomidas por el paso del tiempo? Sería injusto regatear méritos a lo que representa el opus magnum de la transición mexicana: ife, Trife y Cofipe, creación colectiva y convergencia efectiva de la pluralidad ideológica y partidista representada en los espacios circulares de la política institucional.

Sólo que esa misma condición, de herramienta instrumental para la democracia, reclama espíritu crítico para atender las naturales perversiones, degradaciones, vacíos y ausencias de nuestro sistema electoral. El entramado de leyes e instituciones que ordena la lucha política para la integración de los poderes públicos —Ejecutivo y Congreso— debe ser sometido a la más rigurosa vigilancia de expertos, observadores y analistas, actores políticos, organismos civiles especializados, opinión pública y ciudadanía interesada.

En la apertura de un nuevo ciclo, frente a los enigmas de la segunda alternancia, algo debe cambiar. Para empezar, en lo que compete al ámbito estrictamente electoral: la agenda de los pendientes y la inexcusable revisión de incompetencias, equívocos, vicios, ambigüedades. Y un tanto más allá, hasta donde la imaginación y la inteligencia políticas alcancen a identificar causas y efectos, enlaces sistémicos, vasos comunicantes entre esferas artificialmente separadas, nuevos enfoques para construir consensos y establecer nuevas jerarquías…

En eso estamos. En la impugnación como acicate o provocación, oportunidad o riesgo. En la antesala, quizás, de un nuevo impulso reformista que rebase el cortoplacismo… ¿Miscelánea de menudencias para taparle el ojo al macho o transformación sustantiva del régimen político y de gobierno? ¿Simulación precaria o nuevo curso de desarrollo para la democracia en construcción?