Seguridad pública ¿Hacia dónde?

Todavía no pasamos página del capítulo electoral, el litigio sigue su rumbo y el encono también, pero el país no detiene su marcha ni su sangría. Llamado a convertirse en un tema mayúsculo de la campaña presidencial, en verdadero campo de batalla de la contienda, la seguridad pública no fue, sin embargo, lo que se esperaba, ni para bien ni para mal: ni las grandes críticas ni los grandes proyectos.

Como quien se despide pero no quiere irse, el presidente Felipe Calderón asistió a la xxxiii Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. Genio y figura, Calderón Hinojosa aprovechó la ocasión para rendirse tributo, para elogiar la tarea de su Gobierno y, de paso, cacarear avances. Más que anecdótico, sintomático porque no solo pinta al presidente Calderón de cuerpo entero sino que ofrece un cuadro del momento por el que atraviesa el país. Mientras el discurso oficial y oficioso se obstina, se regodea, en negar la realidad, la criminalidad, la violencia y la impunidad persisten de forma cotidiana por todo el territorio nacional y en algunas plazas la impresión es que la delincuencia organizada no mengua en absoluto, todo lo contrario: se enseñorea y escala.

De confirmarse en el Tribunal Electoral su triunfo, Enrique Peña Nieto tendrá que responder a un escenario complejo y quizás bajo condiciones de arranque poco favorables o no tan halagüeñas como anticipaban. Sin embargo, no tiene todo en contra. Lejos estamos de ello. Insuficiente y limitada, pero la estrategia de combate a la delincuencia seguida por la actual administración le hereda a Peña Nieto y su equipo, mayor infraestructura y corporaciones policiacas en vías de saneamiento.

Y no solo eso. Mención aparte merece la comunidad de propuestas en la materia:

  1. Replanteamiento de la estrategia: ni Peña Nieto ni Andrés Manuel López Obrador propusieron cambios radicales, mucho menos Josefina Vázquez Mota, pero se instaló un relativo consenso en torno a modificar la actual estrategia gubernamental.
  2. Enfoque integral: de la rectificación, complementación —o consolidación por otras vías, como sugiere el pan— de la estrategia calderonista, se sigue el planteamiento de una nueva ruta, la cual en todos las propuestas tiene un carácter integral.
  3. Énfasis preventivo: las tres principales fuerzas políticas se pronunciaron en igual sentido en su estrategia
  4. Inteligencia financiera: todos proponen acciones que mejoren la detección del lavado de dinero
  5. Depuración de los cuerpos policiacos: en esta asignatura priva la convicción de que se debe continuar con la profesionalización y depuración de las corporaciones policiacas en todos los niveles
  6. Reforma del sistema penitenciario: menos puntuales, pero prevalece la idea de emprender una reforma que haga efectivo el propósito de la reinserción social
  7. Acciones centradas en delitos de alto impacto: un punto más de convergencia, particularmente en las estrategias propuestas por el priismo y las izquierdas.

Si no una plataforma compartida, al menos un piso común de propuestas. Si no visiones gemelas, iniciativas transitables y próximas, que pueden ofrecer una base prometedora de negociación y acuerdo.

En pleno litigio poselectoral resulta difícil imaginar siquiera la posibilidad de que los partidos de izquierda acompañen alguna iniciativa del pri. Pero una vez que se haya agotado la querella —al menos en los tribunales—, López Obrador y los partidos que lo postularon no podrán eludir ni aplazar más su definición acerca de su "lealtad" democrática: hacerle el vacío y jugarle a las contras al gobierno peñista, y en el pecado llevar la penitencia; o bien asumir la derrota, pasar página y promover su agenda legislativa, es decir, abrir el juego de la negociación.

En tal caso, la seguridad pública y el combate a la delincuencia organizada parecen el terreno idóneo para un primer paso en el quehacer político y gubernativo.