La Cultura Gerencial

Los nuevos sistemas democráticos funcionan con dificultad si pretenden basarse únicamente en la mera eficacia de la gestión económica encaminada a resolver los problemas de la población más pobre sin el auxilio de una concepción política que conecte la administración con una normativa cultural.

Sin embargo, tanto en la izquierda como en la derecha ha surgido la tentación de auspiciar un sistema autolegitimado, autónomo y basado en la mera racionalidad y la formalidad de la administración en su capacidad de generar las condiciones políticas del bienestar popular.

Bajo estos supuestos, el sistema político ya no requeriría de mediaciones y por lo tanto de fuentes extrasistémicas de legitimidad, este es sin duda, el sueño de muchos administradores que desearían tener la libertad de gestión suficiente para intentar sobre la base de la calidad y de la racionalidad que su gestión política vuele por su propio impulso sin necesidad de recurrir a superestructuras ideológicas o mediaciones sociales.  En este sueño en caso de existir déficit de racionalidad y eficiencia el propio sistema lograría curar las heridas con medidas de carácter, es el sueño de la araña que construye su tela a partir de sus propios materiales.

Esta utopía nos permite determinar rápidamente varios puntos estratégicos. Veamos el ejemplo de la situación que estamos viviendo en México tanto a nivel nacional, local y regional. La nueva gestión gubernamental debe operar sobre la base de una nueva cultura que sustituya al Nacionalismo Revolucionario del PRI que ha entrado en quiebra.

Se ha hablado de una cultura gerencial cuya estructura simbólica debería tener la capacidad de articular la identidad del sistema político, no cabe duda que a escala mundial se han acumulado muchas experiencias que alimentan a la cultura gubernamental enriquecida además por la transferencia de hábitos y prácticas procedentes del mundo empresarial.      

No me quiero detener en detalles técnicos, pero si quiero preguntar ¿Es suficiente una cultura gerencial para dotarle legitimidad a un sistema político democrático? No lo creo, ni siquiera en el dudoso caso de que una cultura semejante trajera el bienestar económico para las amplias capas de la población más desposeída, la economía por su sola no produce legitimidad.

La misma apreciación se puede hacer sobre el equivalente en la izquierda de la cultura gerencial, me refiero a la cultura asistencial que dirige su fuerza hacia acciones de socorro de la población más empobrecida sin tomar en cuenta el complejo tejido cultural de la sociedad. No se puede gobernar un Estado o una ciudad como si fuera un hospital sin que tarde o temprano surjan problemas de legitimidad.  

La hegemonía de una cultura gerencial presupone que el sistema político mexicano desde las elecciones en el año 2000 cuando pierde el PRI la presidencia de México, ya no requeriría de fuentes externas de legitimidad puesto que la misma eficiencia de los aparatos de gobierno deberían ser una base suficiente para garantizar su continuidad.

Pero como todos sabemos y como es obvio los aparatos gubernamentales en México están muy lejos de esta eficiencia gerencial o asistencial, están demasiado contaminados por formas corruptas, paternalistas o corporativas de gestión como para funcionar alimentados únicamente por una nueva cultura gerencial y mercadotécnica.