Iniciativas Reformistas

No le espera una luna de miel. El mexiquense parece sensible ante ello y, por lo pronto, se mira porfiado en las reformas "que necesita el país", ora publicando un artículo sugerente: El comienzo del cambio; ora presumiendo que ese, el de las modificaciones legislativas más acuciosas, fue el tema central en la reunión celebrada con el presidente Felipe Calderón; ora haciendo un llamado a las fuerzas políticas para actuar con "civilidad e institucionalidad."

De manera sucinta, Peña Nieto afirma que tres iniciativas son "prioritarias" para ser presentadas al Congreso de la Unión una vez que sea nombrado presidente electo, por ley a más tardar el 6 de septiembre: En primer lugar, promoverá la creación de la Comisión Nacional Anticorrupción: un órgano constitucional autónomo que, a partir de denuncias ciudadanas, tenga facultad de investigar y sancionar actos de corrupción de funcionarios en los tres órdenes de gobierno y los tres poderes de la Unión. En segundo lugar, impulsará la profundización y la ampliación de la transparencia en todos los órdenes de gobierno y poderes de la Unión. Para ello, propone dotar al IFAI de competencia en asuntos de las entidades federativas, los municipios, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Por último, impulsará la creación de una instancia ciudadana y autónoma que supervise la contratación de medios de comunicación con fines publicitarios, en todos los niveles de gobierno. Esta medida tiene como finalidad garantizar que los contratos publicitarios se lleven a cabo bajo los principios de utilidad pública, transparencia, respeto a la libertad periodística y el acceso ciudadano a la información. Si bien éstas serán sus tres primeras iniciativas, su equipo también estará trabajando en las reformas económicas a las que se ha comprometido y que, en su momento, presentará al Poder Legislativo y a todos los mexicanos.

Los objetivos políticos de esa primera agenda de cambio lucen claros:

  1. Refrendar que la de Peña, como ha dicho en diferentes ocasiones, será una "Presidencia Democrática";
  2. Desvanecer de la agenda pública el capítulo poselectoral y
  3. Ganar legitimidad de inmediato, si es posible incluso antes de tomar posesión del cargo.

Aunque seguramente debe ser afinado, también es patente que se trata de un paquete de reformas nada despreciable para el combate de la corrupción, el avance de la transparencia y la rendición de cuentas.

Otra insistencia transformadora de Enrique Peña y varios de sus correligionarios pasa por su organización, el Partido Revolucionario Institucional. El originario de Atlacomulco lo dice a su modo: "Mi participación personal con mi partido político será, primero, en mi carácter de presidente de la República; tendré un gran respeto por la institución presidencial y gobernaré para todos los mexicanos. Pero ello de ninguna manera me priva, ni conculca mi derecho político a mantener mi militancia y mi actividad política dentro de mi partido, el que espero permita también impulsar reformas al interior de mí partido, como varios sectores del propio partido han venido señalando y postulando. Creo que el partido tiene que renovarse, actualizarse, reformarse para la vida política institucional de los tiempos modernos y de los tiempos democráticos."

No deja de ser llamativo, por donde se vea, el remache del priismo en torno a su propia reformulación, sobre todo porque ni siquiera en la derrota, en los años fuera de Los Pinos, esa tarea fue acometida. Inclusive algunos duros, como Jesús Murillo Karam, coordinador jurídico de Peña Nieto y candidato a la Secretaría de Gobernación, se muestran abiertos y notoriamente interesados en el punto.

Más sugestivo resulta lo anterior si se toma en cuenta que no se miran incentivos para una renovación —en clave democrática— del partido. No sólo porque, como se dijo, prácticamente sin cambiar el partido regresará a Los Pinos; es decir, no necesitó disfrazarse de demócrata ni realizar una renovación programática profunda ni siquiera en los peores momentos, cuando se realizaban vaticinios sobre su desahucio con la derrota en las elecciones del 2000 o con la terrible debacle de julio del 2006.

Tampoco se ven los grandes "ideólogos" o pensadores en el partido. Nacido desde el poder para el poder, a lo largo de la historia no se encuentran muchos representantes de esa especie, pero es claro que hoy en el PRI dominan los políticos pragmáticos y experimentados, los operadores de una maquinaría bien engrasada y extendida a lo largo de todo el territorio nacional.