¿Y después de las elecciones?

El posible regreso del PRI  a la presidencia de México y su posicionamiento a nivel nacional como la fuerza política preponderante, nos hace recordar que el PRI no ha dejado de ser un partido político fuerte, a pesar de sus divisiones internas y sus crisis políticas. Su estructura corporativa ha seguido fiel a su tradición política y a su estilo muy especial de entender la política.

Sin embargo, es posible que el PRI se vea obligado a gobernar al menos desde el poder presidencial, con una tónica un poco menos autoritaria e intolerante, por alunas razones. Primero por primera vez gana unas elecciones en un marco democrático más o menos respetable, digo más o menos porque el aparato priista y sus viejas costumbres continúan vigentes, pero al menos este triunfo bajo las reglas democráticas, le otorgan un grado de legitimidad que debe aprovechar en su función gubernamental. Segundo, el PRI se encuentra con una sociedad civil más consolidada y con posibilidades de ser contestataria,  ya no es la sociedad civil maniatada, inhibida y supeditada a varios candados institucionales, sino que se observan ímpetus de organización social de una forma bastante dinámica, esto debe tomarse en cuenta si se desea equilibrar a un país desigual en varios aspectos y con excesivas zonas marginales que laceran todavía la vida social. Tercero, políticamente la oposición tendrá un papel fundamentalmente de crítica permanente, pudiendo ser un factor de presión para tratar al menos de mantener el equilibrio político y poder lograr acuerdos en las reformas que se deseen llevar a cabo.

Se pudiera pensar que el regreso del PRI, es también el refrendo de que la sociedad mexicana sigue apostándole a una supuesta política ya conocida, donde reflejaría una sociedad que tal vez desea el regreso del paternalismo priista y sus acciones corporativas, es decir una sociedad finalmente conservadora que le causa incertidumbre lo desconocido (llámese la izquierda) y que prefiere lo ya conocido (haciendo apología del famoso dicho popular) que a  posturas novedosas que todavía políticamente hablando, no puede razonar. Sin dejar de lado los mecanismos que el PRI ha usado siempre en términos de compra de votos, cacicazgos sindicales, rurales y una clase política arribista y disciplinada.  

Las interrogantes nacen en varios sentidos ¿Qué hará el PRI con el crimen organizado?, ¿Cómo interpretará la democracia en el supuesto de que entienda que la sociedad civil mexicana es otra? Incluyendo los que votaron por el mismo PRI, ¿Qué política internacional habrá con el nuevo gobierno? ¿Podrá disciplinar a su clase política tradicionalmente antidemocrática que existe en los diferentes estados del país? Estas y varias preguntas están en la mente de muchos mexicanos, que sorprendidos unos, contentos y molestos otros, esperarán las respuestas para un México que indudablemente requiere de grandes transformaciones sociales y sobre todo, respeto, incluso por la vida misma y respeto por los derechos humanos.