El Contrapoder de la Izquierda

Una misma doctrina política puede tener una función disruptiva en un contexto y reiterativa de una situación de dominación en otro, ejemplos: son todas la revoluciones. El Liberalismo fue disruptivo cuando logró la abolición del absolutismo de la monarquía y conservador al servir al desarrollo del capitalismo.

El Marxismo-Leninismo fue la más poderosa arma ideológica contra la explotación capitalista para convertirse después en ciertos países en un instrumento de una clase burocrática opresiva.

Los socialismos reformistas lograron transformar al capitalismo salvaje en un estado de bienestar más justo y actualmente se convierten a menudo en cómplices de un sistema de dominio basado en la desigualdad.

A la inversa, doctrinas que han servido a la dominación pueden servir de tal modo que contribuyan a la liberación.

Las religiones al transformar su visión de lo sagrado en una ideología han podido servir en manos de las iglesias ha mantener sistemas de poder, sin embargo, en la acción de un Gandhi, de un Martín Luther King, de los cristianos en la acción de los pobres en nuestro país, la religión al volver a sus orígenes se coloca del lado de la emancipación humana, es entonces de izquierda.

La confusión de la izquierda con una doctrina ideológica determinada, ha sido una de las causas de su perversión, para ser de izquierda había que abrazar un credo, quien difería de la doctrina oficial y ortodoxa era tránsfuga o reaccionario, de allí el sectarismo y la intolerancia, además si la izquierda se confunde con una doctrina sólo quienes la interpretan correctamente pueden dirigirla, hay un único grupo capacitado para señalar un rumbo político, el que detenta la teoría verdadera.

La actitud transformadora de la realidad social se reduce entonces a la adhesión a quienes detentan la doctrina y saben interpretarla. Pero en cambio, si la izquierda no se identifica con un sistema teórico permanente, permanecerá entonces sin ella ante cualquier crisis ideológica, porque no es una explicación del mundo en la cual ya no pudiéramos creer, sino una decisión frente al mundo que tenemos que asumir, no es una teoría que desemboque en una acción, sino postura moral que acude para justificarse a una teoría.

Todo sistema político es una superestructura de poder como escribía Antonio Gramsci; Max Weber definía el poder político como la probabilidad de imponer la voluntad de una persona o de un grupo sobre los demás. Cuando esa voluntad se ejerce de manera permanente se convierte en dominación.

La dominación puede ser más o menos violenta, expresarse en distintas formas de opresión, pero implica necesariamente la imposición de la voluntad de unos hombres sobre otros.

De derecha podemos llamar a la actitud y a la práctica social que directa o indirectamente contribuye a la reiteración de un sistema determinado.

La izquierda en cambio, puede definirse por la actitud y la práctica sociales orientada por la proyección de una sociedad otra, de una sociedad donde se elimina la dominación, por eso una postura de izquierda es necesariamente crítica en su reflexión, disruptiva en su acción.

Frente al poder impositivo dominante la izquierda tiene que oponer un contrapoder, pero el contrapoder de la izquierda está imbuido de una paradoja, pretende ejercerse para contribuir a la desaparición del poder impositivo.

Por eso el terreno privilegiado de la izquierda es la oposición a un sistema de dominación constituido, cuando deja de ser oposición y llega a una posición política en la que puede imponer su poder, su gobierno sólo tiene sentido si se ejerce para contribuir a hacer desaparecer las condiciones y estructuras que permiten una dominación.

Si acaba ejerciendo en cambio a su vez otro poder impositivo, si olvida su vocación como posición disidente y establece un nuevo sistema de dominio se traiciona así misma y deja de ser de izquierda. ¿No es esto lo que ha sucedido en la mayoría de las revoluciones?