Calderón Ante el Uno de Julio

El titular del Poder Ejecutivo Federal enfrenta un adverso escenario sucesorio: según todos los estudios demoscópicos conocidos, lo más probable es que le entregue la banda presidencial a Enrique Peña Nieto, del PRI.

Panista desde la cuna, hijo de uno de los ideólogos originarios del PAN –Luis Calderón Vega-, Felipe Calderón Hinojosa seguramente enfrentará algo doloroso, no sólo por el abandono de Los Pinos y la reprobación implícita de su gobierno sino porque le estaría devolviendo la Silla del Águila al ente político que, en su visión, es sinónimo de corrupción y autoritarismo: el Partido Revolucionario Institucional.

Peor imposible para el Presidente y su partido ante las urnas: la salida de Los Pinos, el tercer sitio en el reparto de las curules del Congreso de la Unión y la pérdida de algunos de sus bastiones más trascendentes, como las gubernaturas de Jalisco y Morelos. Incluso si, por las causas que sean, se produce un vuelco el día de la jornada y el priista ve frustradas sus aspiraciones, el siguiente cuadro probabilístico indica que Andrés Manuel López Obrador sería el próximo mandamás del país. Aunque más retirada, la proyección luce todavía más dura si se considera que encumbraría al político a quien Calderón y los suyos demonizan desde hace por lo menos seis años (2006) y con quien mantienen serias diferencias en materia económica, política, social y cultural.  

El Presidente de la República no tiene para dónde hacerse. Ante esta circunstancia, tan áspera como el fracaso del proyecto que se proponía instaurar la moralidad en el ejercicio del poder e impulsar el bien común, Vicente Fox se encargó de poner limón a la herida hace unas semanas: "Sólo con un milagro ganaría Josefina".

Ni Gran Elector ni Gran Selector: aunque lo intentó, el segundo jefe del Ejecutivo emanado de las filas del Partido Acción Nacional –al igual que sucedió con su antecesor- no pudo ni siquiera colocar a su delfín en la antesala obligada de la justa constitucional: la candidatura presidencial de su partido.

Así, al tiempo que Josefina Vázquez Mota se alzaba con el triunfo en la interna panista, Calderón daba por seguro que no lo sucedería uno de los suyos, uno de su círculo cercano. La hoy candidata, ciertamente, fue formalmente su coordinadora de campaña en el proceso 2005-2006, su secretaria de Educación por más de dos años y su interlocutora como coordinadora de la bancada panista en la Cámara de Diputados. Sin embargo, nunca rompió el cerco de los leales ni obtuvo toda la confianza del michoacano.  

No obstante, parece que Felipe Calderón todavía no se resigna ni está dispuesto a asumir sin más el triunfo de los opositores…Tal arrebato, en la visión de algunos analistas políticos, explica su activismo de los últimos días: el tuit para corregir al candidato de las izquierdas durante el segundo debate, su declaración de que cualquiera de los tres aspirantes puede ganar la elección y los desplantes de sus secretarios de Gobernación, de Hacienda y de Economía, sobre todo a partir de lo afirmado por el tabasqueño en el debate del 10 de junio. Hechos que, en suma, llevan a preguntarse sobre la postura presidencial ante la contienda y, sobre todo, acerca de su estrategia y racionalidad cuando se contrapone con sus intervenciones, en lo fundamental, únicamente al candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.

Para el Presidente y Acción Nacional se asoma un horizonte negro en las urnas. Tras el uno de julio, el primero tendrá que pensar en su tránsito del poder al no-poder y el segundo, en su reconstrucción como partido político.