Los Vientos de Cambio Verdadero Soplan Fuerte

La violencia no es un fenómeno nuevo en México. Por muchos años, de hecho siglos, la violencia provenía de una élite en control de las instituciones del estado quienes abusaban y despreciaban el pueblo, situación que desafortunadamente no cambió con la alternancia de poder político en el año 2000. El estado, de facto encargado del aseguramiento del bienestar del pueblo, comprometió estas obligaciones por intereses particulares en beneficio de un pequeño grupo de privilegiados (referido abajo como la "oligarquía"). La falta de instituciones realmente democráticas en manos del pueblo permitió estos abusos y es la razón del gran desprecio generalizado hacia las instituciones de hoy, y por ende la corrupción rampante en el país. La violencia organizada que sacude a México es, como lo es en Colombia, una expresión de la frustración ante la impotencia de poder salir de la desesperación asociada con la pobreza y los abusos violentos de que son diariamente sujetos la mayoría de la población.

Hay mucha gente ligado a los intereses del narcotráfico en México. Más del 52% de los mexicanos están en la pobreza (CNN, 2011). El desempleo real anda alrededor de 40%. Entre ellos quienes sí tienen la suerte de tener trabajo, muchos reciben un salario mínimo (4.50 $US/día), el cual es el más bajo del continente (Venelogía, 2012)… aún más bajo que lo vigente en Haití… y la mayoría reciben menos de dos salarios mínimos. La desigualdad sigue abrumadora y existen en realidad tres Méxicos; la oligarquía que vive en opulencia gracias a la mano de obra barata, la gran mayoría quienes viven en una esclavitud legitimada, y un nuevo pero rápidamente creciente grupo que fueron "por la libre" y no respetan leyes pero viven mejor que la mayoría. Uno de estos últimos es el narcotráfico que aporta aproximadamente 5% (59,000 millones de dólares ... similar al aportación del turismo) del PBI de México (Droga, 2012) y es la fuente de ingresos que mas filtra hacia la gente pobre. Dadas las condiciones actuales del país, ni en los sueños más guajiros pudiera ser imaginada la posibilidad de acabar con este muy necesitado ingreso. No hay el más mínimo interés colectivo en pararlo.

Mandar el ejército a "acabar con los delincuentes" es una vez más, otro abuso violento perpetrado por la oligarquía. Es una estupidez de primer orden y una crueldad que solo fomenta crueldades recíprocas. La situación merece la intervención inmediata de organizaciones internacionales en defensa del pueblo. Los crímenes en contra de la humanidad en México perpetrados por el estado en manos de la oligarquía, como por siglos antes, han quedado impunes.

El narcotráfico responde a una demanda por un segmento grande de la población Norteamericana. Los estupefacientes son una salida temporal de su miserable e incomprensible realidad. El pueblo Mexicano no tiene la más mínima culpa por esta situación y por consiguiente ninguna obligación legal ni moral de combatirlo. Ochenta mil muertos y desaparecidos en los últimos seis años es solo una pequeña parte del terrible costo que han pagado los mexicanos, y solo para que los gobernantes Americanos puedan seguir confundiendo a su población de que su podrido sistema socio-económico inventado por la oligarquía, que premia el abuso de un humano por otro, es lo mejor que ha existido, y que todo lo malo viene de afuera. Estados Unidos está en plena declive y no hay razón alguna seguir ligado a un país que nunca tuvo el interés en apoyar el desarrollo de México. Hay otros países con reglas de juego mucho más favorables.

La educación del pueblo debería de ser la prioridad del estado. El rezago en la educación ha sido la gran debilidad de México mientras que el resto de la humanidad ha abrazado firmemente la "edad del conocimiento". Sin educación, no podemos esperar una democracia plena, ni lo más mínimo necesario de tener instituciones funcionales y respetadas. Es una estupidez culpar los rezagos en la educación de todo un país a un individuo, y más estúpido aún, culpar a los maestros. El rezago tiene que ver con la falta de importancia e inversiones asignadas a la educación por los gobiernos de las oligarquías, el fomento de la escuela privada en detrimento a la escuela pública, y la mala nutrición de los niños de México. Pero más que nada, tiene que ver con el hecho de que un pueblo educado no es compatible con un país que ofrezca mano de obra barata, y mucho menos compatible con una oligarquía en el poder. Los grandes empresarios, los maquiladores, no necesitan pensadores cultos, necesitan "bots". Es tiempo de mandar a estos empresarios, quienes solo saben competir con mano de obra barata, al continente Africano. No es que tengo algo en contra de África, es simplemente que solo allí, y sólo en algunos pocos países de allí, el salario mínimo es un poco mas bajo que en México. Necesitamos empresarios quienes no tienen miedo de competir con la fuerza de la ciencia, la tecnología y la innovación. Hay muchos de estos empresarios esperando un clima favorable para llegar a México.

Los abusos de la oligarquía, disfrazados como el estado, han lastimado el alma y el corazón de los mexicanos. La desconfianza es generalizada, los valores humanos han erosionado, la tranza y el engaño impregnan todo los sectores de la sociedad. Desde los mecánicos hasta los cirujanos, es una verdadera odisea encontrar profesionistas confiables en México. Cualquier análisis objetivo mostrará que México sí tiene la reputación internacional que merece.

Nosotros, los indignados de México, como los indignados de Europa y EEUU, saben que hay otra vía distinta que la erosión de los programas sociales (la supuesta "austeridad gubernamental"… yo lo llamaré "deslinde gubernamental") para salvar a sus países de la inminente quiebra económica y moral. Saben que la oligarquía ha evadido pagar impuestos consistentemente desde los años 80’s. Saben también que en sociedades más equitativas en ingresos, hay menos droga, menos crimen, mejor salud, mejor educación, mejor cultura, mejor ciencia, y mejor participación de los ciudadanos en todo aspecto de la sociedad (Wilkinson, 2001). En México, empresas compinches de la oligarquía subordinan gobernantes y así evitan pagar impuestos.

En este país de los ignorantes, las televisoras y sus patrocinadores controlan con mucha facilidad a su público, dándoles pasatiempos frívolos como telenovelas y fútbol, entre comerciales para productos chatarra (o productos que solo puedan comprar la oligarquía) y programas de discusión política con gente comprado por la oligarquía disfrazados como pensadores libres y legítimos. Por este control han logrado imponer desde leyes perjudiciales para la mayoría, hasta presidentes. La televisión es una concesión del pueblo y debería de ser usado como una herramienta de excelencia para asegurar el desarrollo; debería de ser educativo, plural, al servicio de la comunidad, y en manos del pueblo. Los fabulosos jóvenes estudiantes de esta generación en México (Yo También Soy 132) han logrado entender de cómo los grandes medios de comunicación perjudican el desarrollo del país. Esta generación de estudiantes es diferente, creo yo, por su acceso a otras fuentes mucho más plurales de información, particularmente la Internet (que ha superado muchos intentos de censura por la oligarquía). Hay que apoyar a nuestros jóvenes, son los más despiertos y cognitivos de todos los segmentos de la población, y es su vida y su futuro que está más en juego. No nos conviene otro infame 1968, queremos un histórico 2012.

Los cambios que requiere México son profundos y van a afectar todas las instituciones y hasta la estructura misma de la sociedad.  No llegáramos a esta transformación sustituyendo un hombre por otro más guapo, o por sustituir un hombre por una mujer. Necesitamos actores con capacidad de entender la problemática a fondo y quienes están libres de implementar reformas verdaderas.  Las fuerzas opositoras al cambio verdadero son potentes y en este momento están mostrando su furia a la posibilidad de su caída del poder. Tienen mucho armamento bien refinado en su poder, desde la manipulación de la información, la compra de lealtades, fraude sin vergüenza, y hasta la capacidad de asesinar impunemente. Sin embargo, los vientos de cambio verdadero están soplando fuerte y creo que esta vez no van a ser apagados. Somos la mayoría, los despiertos, quienes sueñan en un cambio verdadero y si todos hacemos nuestra pequeña parte, se logrará desvanecer la oligarquía que más ha perjudicado a este pueblo y México será, por fin, libre de desarrollarse en cada rincón y en cada persona.