Segundo Debate Presidencial

No fue un torneo de lodo como anticipaban el clima de confrontación propagandística y la estrategia del miedo puesta a circular en días recientes. Ni siquiera la más beligerante, Josefina Vázquez Mota espada en ristre, se lanzó a matar con alguna "revelación" escandalosa o un nuevo documento "explosivo" surgido de la compu de Ernesto Cordero, ex titular de Hacienda. Peña Nieto ni se despeinó y López Obrador se comportó como un caballero de antes ("usté disculpe", "pero la respeto"). Hasta el cuarto pasajero se mostró reposado en el hiperactivo cumplimiento de su deber.

Un debate sin sofocos ni acaloramientos. Quizá por la dificultad de entender el mecanismo o por la endiablada rapidez del reloj degollando segundos, pero el duelo de lenguas viperinas e inteligencias afiladas no tuvo lugar. No hubo sangre, agresión multitudinaria ni nocaut. No hubo, en sentido estricto, tiempo de contrastar ocurrencias y proyectos por la simple razón de que el formato no daba para ello. No hubo emociones fuertes, sustos ni cachetadas. Nadie mostró la foto del perredista "quemando pozos" —debe haberla, ya aparecerá— ni ofreció el link para echarle una ojeada a los emisarios del pasado, jugueteando en "malas compañías". Nadie mencionó la soga en casa del ahorcado (Televisa impone presidentes, The Guardian cobra en Morena, Fox vota PRI) ni se tragó el anzuelo de la peligrosa-provocación lanzada por el candidato de los valientes.

Así es la política mexicana. Contenida, mustia, discretita. La ropa sucia se lava en casa y la materia espesa se encapsula en spots. Más de dos horas de "aburrimiento" sin cortes comerciales ni edecanes perturbadoras. Tres bloques temáticos de amplitud vaporosa para esquivar el bulto y andarse por las ramas. Cada quién su vida y su estrategia. Cada cual su cálculo y disposición, propósito y deseo. Cada uno moviendo las piezas en su particular tablero y operando en universos paralelos.

Así es la democracia en general. Aburridona, decepcionante, anticlimática. El pueblo quiere fibra, pasión y cabezas rodantes (sólo metáfora) y le salen con delicadezas escandinavas. Mala vibra, pésimo planteamiento. Así no se contrastan posiciones. Así no se deslindan territorios. Así no se destripan adversarios. Así no queda claro contra quién votar ni a qué vociferante populista negarle el saludo, la sal y el sufragio.

La democracia en los barrios bajos suele ser así, salvajona y pedestre. También en los suburbios elegantes de la aldea. Por eso el secretario de Gobernación asume el cargo, dicta cátedra de inteligencia emocional y establece jurisprudencia: la ley prohíbe hacer propaganda, no divulgar información verídica. Alta política de hombres de Estado. El dato duro al servicio de la comunidad. No vaya a ser que alguien se trague el sapo (bullshit) y la carroza se vuelva calabaza (tragedia griega).

En efecto, Josefina se llevó el debate y está a punto de arrebatar el posdebate. La encuesta dirá si vive. El próximo sondeo revelará los menguados signos vitales del cadáver —¿el pez por su boca muere?— y determinará las posiciones en el trecho final.

Mientras ocurre, porque ocurrirá, un ligero repaso a lo que pudo verse y oírse el 10 de junio.