La Violencia en México: de Problema Legal a Problema Socio-Político

Es un hecho que en el sexenio que está por terminar, la violencia fue un factor que dañó demasiado al país, no solamente en términos de víctimas (casi 50,000 muertos, donde falta por determinar cuántas de ellas eran personas involucradas, víctimas inocentes, víctimas de daño colateral por quedar entre el fuego cruzado y víctimas de la arbitrariedad de los bandos involucrados), sino también qué tanto lo anterior se ha convertido en un gran problema social y político. Social porque vivir en un país bajo un fuego sistemático e indiscriminado, es ya de por si peligroso y desmotivante, pues las condiciones sociales y culturales para que los mexicanos progresen se ven menguadas por esta situación. En lo político, el que se observe a México con una lente donde la peligrosidad es lo que más se refleja, pone en entredicho la capacidad de gobernabilidad del Estado y por otro lado, el país decae a niveles de cuasi-estado fallido, como se habló hace tres años, incluso la democracia se vuelve endeble, de parapeto. Por otro lado, esto determina que las inversiones extranjeras inhiban su actividad y por supuesto, el país se ve afectado en esta perspectiva, en otras palabras el país no garantiza seguridad.

Si bien es cierto que por su naturaleza geográfica en su vecindad con Estados Unidos, México es el "puente" por donde cruzan la frontera buena parte de las drogas, esas que llegan a Nueva York, Chicago, Dallas, Boston, etc. También es verdad que se necesita una colaboración mutua entre ambos gobiernos, no únicamente para que la agenda de las relaciones entre ambos países no sea solamente el problema de los estupefacientes, sino que se amplié a renglones más estratégicos (educación, inversión, tecnología) que incluso sirvieran para obstaculizar en parte, que miles de mexicanos se incorporen al tráfico de drogas, pues la pobreza social deviene en una pobreza moral, es decir consolidar la ayuda económica, educativa, tecnológica, aspectos que como paradoja Estados Unidos lo ha hecho con otros países, con buenos resultados.

La legalidad de México debe recuperarse, pero en paralelo se necesita una serie de circunstancias que lo permitan: mayor democracia efectiva no simplemente en las formas, en otras palabras una mayor inclusión social, terminar con la impunidad sea donde sea, apoyar a la consolidación de la sociedad civil sin tapujos, empujar un proceso educativo que tenga como objetivo un proyecto nacional, como lo han hecho los surcoreanos, brasileños y otros países emergentes, combatir la pobreza con trabajo y cuidar nuestros recursos naturales, entre otros aspectos.

Hay necesidad de un proyecto coherente con los tiempos y con la responsabilidad de consolidar la democracia. Entramos a un siglo XXI con demasiados riesgos, la violencia generada es un ejemplo de tales peligros, pensar en soluciones no está nada mal, la cosa es ¿cómo hacerle? En tiempos electorales y a unos días de inaugurar un nuevo gobierno, todo mundo piensa en un mejor futuro, deseamos que así sea, que Huitzilopochtli no siga siendo el siniestro dios, que influya sobre los mexicanos del siglo XXI.