Morelos y el Congreso de Chilpancingo

El 30 de julio de 1811, Francisco Javier Venegas, Quincuagésimo virrey de Nueva España, anunció por bando que el indulto concedido a los insurgentes se terminaba. El anuncio coincidía con el fusilamiento del cura Miguel Hidalgo, el gran líder había muerto casi a las mismas horas.

Pero la chispa encendida en Dolores en la amanecida del 15 y 16 de septiembre de 1810, era ya un gran incendio moral, entre sus sucesores, uno, Morelos, tendría una significación constituyente extraordinaria. No era un criollo puro como Hidalgo de refinada educación, un hombre de la Ilustración. Morelos con sangre india, negra y española, se le asentaría en el bautismos en 1865 como español, entra a la batalla de la insurgencia, representando a las clases oprimidas que solo podían acceder por la vía del seminario y la iglesia, Benito Juárez lo reconocería él mismo lo vivió sin equívoco.

Era una condición educativa y social del tiempo histórico, en suma, el cura de Carácuaro con el mandato de Hidalgo en el bolsillo para hacer la guerra en las costas del sur, rebelaría su arrojo y lucidez en la gran batalla, el 2 de mayo de 1812 abandonó Cuautla sin que su adversario, el realista Mario Félix Calleja lo percibiera.

Morelos perseguido, en una ocasión hasta el caballo perdió, asume que la insurgencia tiene que crear un gobierno y una Constitución, el guerrillero que conquistará El Fuerte San Diego, y entrará en abril de 1813 en Acapulco, sabe que el tiempo es corto. Excomulgado, rebelde, nombrará su hijo Juan Nepomuceno Almonte, capitán a las 9 años de edad, el nepotismo herencia colonial es mala herencia.

Lúcido, sabe que tiene que encontrar aliados y envía un mensaje a Inglaterra por vía del de un capitán de la fragata, sabe que el mundo observa la independencia americana como un conflicto mundial, en plena campaña, sabe a su vez que las Cortes de Cádiz con los diputados americanos han aprobado la libertad de imprenta.

Es una rebelión, la Constitución española del año de 1812 coincide con la revolución americana, la Iglesia en México tuvo que aceptarla, pero con sórdida resistencia, temía que sus leyes fueran contrarias a sus privilegios, así era la vida, allá y acá ¿cómo no vincularlo?

Libertador del sur, Morelos asumirá con el Congreso de Chilpancingo y la Constitución que le sigue, la de Apatzingán de 1814, en parte debida a la pluma de Carlos María de Bustamante, a quien por carta le dice que ha recibido el texto, y que lo acepta con correcciones, la idea de la Independencia pues, en las leyes, con el discurso los Sentimientos de la Nación y su interpretación de si mismo, como Siervo de la Nación, Morelos transforma la rebelión en leyes y elige al Primer Congreso de Anáhuac, como el centro del sistema, se reconocerá al declarar Morelos la independencia en América Septentrional, con ese mismo nombre, América Septentrional en 1821 proclamará la Independencia definitiva de México Agustín de Iturbide pero personalizando el poder.

El periodo legislador de Morelos tiene singular importancia en la creación, en medio de la trágica contienda el reconocimiento del valor revelante de las instituciones. Todavía hoy nuestras instituciones son débiles, dura es la historia.

Finalmente, protegiendo al Congreso a su cabeza, como escolta, José María Morelos y Pavón, es hecho prisionero el 5 de noviembre de 1815, cuando con el Congreso se dirigía de Tezmalaca a Pilcaya, una inmensa página de la historia se inició ese día, el 22 de noviembre de 1815, encadenado llegaba a la ciudad de México, su causa en manos de la Inquisición terminó con su fusilamiento el 22 de diciembre de 1815 a las 3 de la tarde.

En la memoria del pueblo nunca ha muerto, muchos de los que mueren son enterrados sin haber vivido, no fue el caso del cura de Carácuaro, vivió y sobrevivió al inclemente juicio, esto es, a la presión inmensa que se ejercía sobre un sacerdote excomulgado; dejemos que sus últimas horas sean contradictorias como es la vida, su muerte merece respeto en la gloria y en la tragedia de la existencia.