Policía y política no van pegados

No pegar policía con política dicen los perredistas, la razón, porque no se hace en ninguna parte. Este fue un argumento central para rechazar la reforma administrativa de Peña Nieto, aunque luego estuvieron de acuerdo en autorizar lo que nadie hace a cambio de meter “controles democráticos”, o sea que ciertos nombramientos se aprueben en el senado; dicho en español, buscan un tema más para poder negociar en lo obscurito. No hay más remedio que plantear el escepticismo cuando lo que era esencial repentinamente deja de serlo, sospechamos que para lograr alguna concesión. Los principios duran solamente un encabezado de periódico y de repente ni eso, bien lo decía Groucho Marx, quién conforme pasa el tiempo se convierte en una fuente fidedigna para entender a la política mexicana: estos son mis principios si no les gustan tengo otros, máxima que los políticos mexicanos de todos los colores siguen al pie de la letra.

Por otra parte, el hecho que algo no se haga en ninguna parte no quiere decir que por eso sea correcto, ya lo dijo el filósofo, las minorías se equivocan a veces, las mayorías siempre; sobre el particular forojovenes incluye la siguiente cita: “Existen por ahí diversas teorías psicológicas y de la información que tratan de demostrar una realidad contraintuitiva: que la mayoría se equivoca. Que la masa es tonta”. No se por qué supone que es contraintuitiva, es simplemente la afirmación de que las mayorías cometen un error tras otro, eligieron a Hitler, a Fox, a Peña Nieto, ¿necesitamos más ratificación? Y siguen, “como dice el filósofo Gustavo Bueno, que 100 individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de 100 sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota”. No es necesariamente cierto que los equivocados sean tontos, simplemente que se equivocan y que sean la mayoría no les da atributos de más. Así el hecho que nadie pegue a la policía con el aparato de control político, quiere decir tal vez que no lo consideran sensato, que el paradigma que lleva a tal separación refleja la forma como deben hacerse las cosas, o por lo menos ahí, así deben hacerse. No perdamos de vista que en México las cosas se hacen únicas, aunque se hagan mal. Policía y gobernación representan dos funciones del estado. La represión y la construcción de armonía y cada una de ellas se sustenta en criterios y definiciones socio-políticas distintas.

La represión se debe utilizar cuando hay elementos que ponen en peligro al sistema, esto requiere una buena definición del mal, cuidando mucho no confundir una protesta por cuestiones de mal funcionamiento o mal gobierno para no asumir que los que protestan se lanzan en contra del sistema. O sea que debe haber un criterio político en el manejo de la represión, o sea que no se debe usar la fuerza bruta sin hacer distingos. No es lo mismo un grupo de estudiantes protestando que un bloqueo de carreteras por parte de criminales, si no se actúa de forma inteligente se corre el riesgo de poner a todos los factores sociales en la misma canasta.

La gobernación incluye la correcta administración de los recursos públicos y la construcción y renovación sistemática del consenso, para esto hace falta entender muy bien el tejido social sin aplicar prejuicios y conocer las fallas del tejido político, de tal manera que sus culpas no se le atribuyan a la sociedad. Hay que tener mucho cuidado en el manejo del disenso para entenderlo como el reclamo de mejoras en el sistema y no de agresión contra el sistema. No es lo mismo una organización ciudadana exigiendo se rindan cuentas claras sobre actos de gobierno, que un grupo de criminales cobrando impuestos de protección.
Lo ideal es que la represión sea poca y la gobernación mucha, pero cuando ambas funciones se pegan corremos el riesgo de que el criterio de la represión se imponga, llegando a contaminar el pensamiento gubernamental, de tal forma que se concentre en la lucha contra los enemigos –algunos de ellos ficticios- distrayéndolo de la necesidad de renovar consensos.
El planteamiento administrativo-político del nuevo gobierno demuestra que su paradigma de gobierno es el control no el consenso, están pensando en resolver los problemas de la gobernación a golpes, y si algo comprobó el grupo que se va, es que esa es una premisa falsa que no lleva a ningún lugar adecuado. A final de cuentas es la represión no la democracia lo que domina sus actos de gobierno, siendo que debe ser exactamente al revés.