José María Morelos y Pavón

El cura y generalísimo José María Morelos y Pavón, a la muerte de Hidalgo el 30 de julio de 1811, la bandera de la rebelión cruzó la Nueva España como un incendio moral, tuvo Hidalgo muchos sucesores, quizá ninguno como José María Morelos y Pavón.

Se cruzan sus destinos en dos momentos, el primero cuando Morelos solicita ingresar el 24 de agosto de 1791 en el Colegio de San Nicolás, cuyo rector era Miguel Hidalgo, la relación entre el discípulo y el maestro fue corta, Hidalgo en 1792 abandonó la rectoría para hacerse cargo del curato de Colima, no se sabe mucho de ese encuentro, salvo que Morelos ante los jueces afirmó que Hidalgo le dijo que la rebelión era justa.

En 1792 Hidalgo tenía 39 años, Morelos 27. Morelos recibió el bautismo el 4 de octubre de 1765, fue bautizado en la Catedral de Valladolid y se le asentó como español; en 1808 Morelos era cura de Carácuaro, allí le llega la noticia de que en el Ayuntamiento de la Ciudad de México, dado que el rey Fernando VII era prisionero de los franceses, en el Ayuntamiento se pidió que al faltar el poder del rey el gobierno debería ejercerse por los americanos.

Después del levantamiento de Hidalgo en Dolores, 15 y 16 de septiembre de 1810, Morelos se apresura en buscar a su antiguo rector, lo encuentra en Indaparapeo, Hidalgo vio en aquel cura erguido y rotundo la chispa de la insurgencia. Esa chispa de la insurgencia se encendió en el sur lo que hoy es el estado de Guerrero.

Inmediatamente Hidalgo escribe la siguiente credencial: “por la presente comisiono en toda forma a mi lugarteniente –Hidalgo había sido nombrado Generalísimo en Celaya el 22 de septiembre de 1810, al señor cura José María Morelos, cura de Carácuaro para que en las costas del sur levante tropas procediendo con arreglo a las instrucciones que le he comunicado”.

Acapulco, en suma, se convertía en la diana militar para Morelos, día 20 de octubre de 1810, el 24, sin respiro Morelos mandó forjar lanzas y con las escopetas que encontró alzó su primera guerrilla el 25 de diciembre de 1810. Dejaba tres hijos, Juan Nepomuceno Almonte, que tuvo con Brígida Almonte en 1803, y que sería un día la figura central del emperador Maximiliano de Habsburgo. José Victoriano, hijo de María Ramona Galván y otra hija que nació en 1809.

Morelos no dudó, dijo sin más, que Hidalgo, su maestro, le había dicho que la causa de la insurgencia era justa, iniciaba así su primera campaña el 25 de octubre de 1810. El minúsculo ejército de Morelos crecería como la espuma, su meta era Acapulco y las costas del sur, en el camino, como un viento de revoluciones cruzadas, le llegaron noticias de que las Cortes de Cádiz en España proclamaban con los diputados americanos la libertad de prensa, era una revolución que cruzaba el océano.

El 11 de noviembre de 1810, Morelos acampaba en Pie de la Cuesta, había pedido al cura que le remplazaba en Carácuaro que se le reservase la tercera parte de los ingresos de la parroquia, no volvería nunca, la guerra de insurgencia se transformaba en una guerra de ideas que tenía una escala, la América entera y distinta, desigual y compleja.

Hidalgo era un criollo refinado de ojos verdes y una cultura universal para su tiempo. Morelos de sangre india, negra y española, procedía del gran crisol del mestizaje, valiente y prudente le presentaba el gran remolino de la revolución social aspirando a una nueva Constitución, la haría, la culminaría en Chilpancingo, en el alud tumultuario de la conciencia.