La Iglesia de México y la Independencia

El doctor José María Luis Mora ( 1794-1850), fue una de las figuras mayores de la Independencia, en su libro “México y sus revoluciones”, no duda en decir que en el México del Siglo XIX no hubo nada más que dos fuerzas: la Iglesia y el Ejército ¿qué actitud tomó la Iglesia a la hora del levantamiento?

Es sabido que Hidalgo como Morelos fueron sacerdotes y que muchos otros se sumaron a la gran batalla, no cabe eludir el gran conflicto de intereses y de clases sociales, eludirlo sería mentir, prueba de ello, el 15 y 16 de septiembre de 1810 partiendo del pueblo de Dolores se pusieron en marcha los liberadores, no menos cierto, es que el día 24 de septiembre el arzobispo de México Francisco Javier de Lizana y Beaumont (24 de mayo de 1802 – 1 de enero de 1815), se dirigió a los fieles: mis dóciles ovejas y a todos los que gloriáis el nombre cristiano en este reino tan feliz para condenar el movimiento de Independencia.

Su palabras exactas: “amados habitantes, los sean de mi diócesis o de otras, yo no puedo prescindir de avisarles del riesgo que corren vuestras almas y la ruina que amenaza a vuestras personas, si no cerráis los oídos a la tumultuaria voz que se ha levantado en esto días en los pueblos de Dolores y San Miguel El Grande, algunas personas díscolas entre las cuales oigo con dolor de mi alma el nombre de un sacerdote digno de compasión, por su mal ejemplo, parecen ser los principales autores de la rebeldía”.

La condena como se ve era absoluta, incomparable e inequívoca. El mismo día 24 de septiembre de 1810, el obispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo, procedía a la excomulgación de los jefes de la insurgencia y la de todos los que le siguieran, en su edicto decía: “ El 16 del corriente –septiembre- al amanecer Hidalgo sorprendió y arrestó a los vecinos europeos, saqueó y robó sus bienes, y pasando después a las 7 de la noche a la Villa de San Miguel El Grande ejecutó lo mismo, apoderándose de una y otra parte de la autoridad y del gobierno”.

En el mismo edicto dice que Hidalgo, sus palabras a la letra “pintó en su estandarte la imagen de nuestra señora de Guadalupe, y le puso la inscripción siguiente “¡Viva la religión, viva nuestra madre santísima de Guadalupe, viva Fernando VII, viva la América y muera el gobierno!”

Añadía el obispo Abad y Queipo: como la religión condena el asesinato, la opresión de los inocentes, y la madre de Dios no puede proteger los crímenes es evidente que el cura de Dolores, pintando en su estandarte de sedición la imagen de nuestra Señora y poniendo en él la referida inscripción, cometió dos grandes sacrilegios gravísimos.

Esos dos primeros documentos históricos de la reacción inmediata de la Iglesia no invitaban hoy, recuperada la convivencia y la libertad a una apelación a la condena o al odio, invitan sobre todo, a reconocer un hecho, que el levantamiento era un enorme acontecimiento que no solo representaba la Independencia respecto a España, sino un enorme conflicto ideológico religioso interno de clases.

Se han tenido que superar con las leyes y la transformación larga y fecunda para establecer juntos en libertad un espacio común de convivencia, en aquellos días la realidad fue así, saber la verdad hace ciudadanos libres, es necesario saber para ir hacia adelante, nuestro mundo no era idílico, asumirlo y superar fue y es en el día de hoy, el mandamiento básico para crear una nueva sociedad convivencial.