La Pintura de Goya en la Historia

En 1808 Francisco de Goya (España, 1764- Francia, 1828) uno de los más grandes pintores del siglo XIX tenía 62 años. La invasión de España por los franceses de Napoleón Bonaparte le permitiría hacer un cuadro universal, los fusilamientos de los patriotas en mayo de 1808 ante los fusiles de los mamelucos.

Impresionante como una radiografía quedará en el imaginario colectivo, un hombre exaltante, levantando los brazos desafiantes ante el pelotón de ejecución. La mirada de Goya implacable con su serie de cuadros, los desastres de la guerra, colocará ante las generaciones humanas la barbarie y las hecatombes de contiendas abominables. Son las radiografías luminosas y trágicas de la existencia.

Le debemos también a Goya un retrato de Fernando VII que define inexorable la escisión del monarca, los ojos de Goya como un grito de protesta ante sus pinceles resume una época. No le importa ser pintor de cámara del rey para crucificar pictóricamente a una dinastía.

La Inquisición no le abandona, examina los cuadros famosos, La Maja desnuda y La Maja vestida, los inquisidores enloquecidos declaran que se trata de obras obscenas; incautan los bienes del pintor, humor negro en la epopeya de la vida.

Hace, Goya, rojo y negro un retrato de Sir Arthur Wellesley “Duque Wellington” (Irlanda 1769-1852), el comandante de las tropas inglesas que lucha con los guerrilleros españoles contra las tropas invasoras de Napoleón, que en América española posibilitan la interrogación de la historia ¿preso el rey Fernando VII quién debe gobernar en las colonias? La respuesta es sabida, los americanos de América.

El retrato del Duque de Wellington, rojo y negro, que ha derrotado a los franceses fue un alarde de anticipación, noble cabeza de Wellington, pero mirada adivinatoria de Goya porque ese mismo Wellington derrotará a Napoleón definitivamente en la Batalla de Waterloo el 18 de junio de 1815.

Una inmensa página de la historia ha cambiado de siglo, Goya queda estremecido por los desastres de la guerra, España ha quedado totalmente arruinada, podrá ver aun lo peor, Fernando VII regresa a España en 1814, y “El deseado”, así le llamaban los españoles al rey preso de los franceses, nada más que al pisar la tierra española toma dos decisiones: primero, abolir la Constitución de 1812, Carta Magna de mayoría de España, puesto que había dicho que la Soberanía radicaba en la Nación y no en el rey; y segundo, perseguir implacablemente a los firmantes de la Constitución de 1812, entre los cuales se encontraban los diputados de las Américas.

En esos años de persecución el pintor memorable recupera las gestas del pueblo, y su sordera total le convierte en un muro en la etapa de las persecuciones, diríase que es su respuesta física a las infamias, sabe que la insurrección contra los invasores franceses ha sido también una insurrección constitucional contra el Antiguo Régimen, busca, sordo y débil, vencida su potencia física al exilio y se marcha a Burdeos, a Francia, y morirá el 16 de abril de 1828, antes en 1820 vivirá el levantamiento del coronel Rafael del Riego contra el envío de tropas españolas a las Américas.

Ese año, por ello, es histórico, Rafael del Riego al oponerse al envío de tropas contra los Insurgentes americanos se vincula valeroso a una revolución viviente pero compartida, los soldados de Riego imponen a Fernando VII la Constitución de 1812, en las calles, en las sabanas el pueblo le grita ¡trágala!, ¡trágala!, la Constitución, memoria y martirio, resurrección y esperanza, durará 3 años más, hasta1823.