Muerte, Juicio de la Inquisición y Epopeya Moral de Hidalgo

La chispa encendida por Miguel Hidalgo entre el 15 y 16 de septiembre de 1810, en la amanecida del pueblo de Dolores terminó siendo históricamente el tránsito de un país a otro, un largo proceso, los edictos del arzobispo de México y del obispo de Michoacán, condenando los primeros días el movimiento no impidió nunca su rápida propagación, la violencia también hizo su aparición, la gran marcha popular fue un hecho.

Estuvo Hidalgo a las puertas de la ciudad de México pero la grave derrota el 17 de enero de 1811 en el Puente de Calderón animó tensiones entre los líderes y el 3 de febrero de 1811 en la Hacienda de Pabellón, Aguas Calientes, Allende y Aldama retiraron el poder militar a Hidalgo, no el poder político y en esa situación crítica cuando se disponían a salir hacia Estados Unidos para reorganizar las fuerzas militares fueron hechos prisioneros por el teniente coronel Ignacio Elizondo, este hecho, ha sido codificado ese episodio como una traición.

El juicio con la Inquisición al frente, fue el juicio solo de una parte, el poder dominante se arroga todos los derechos, degradado como sacerdote para juzgarle Miguel Hidalgo, no debe eludirse en su vida, ese inmenso testimonio final, tuvo un comportamiento de asombrosa serenidad y honestidad, reconoció su responsabilidad en el desencadenamiento de la violencia y asumió la responsabilidad de múltiples fusilamientos de españoles sin juicio, reconoció sus palabras exactas que no había para que pues estaban inocentes.

Esa reconciliación con su propia memoria, le confronta también ante los inquisidores como después con Morelos respecto a los hijos que tuvo siendo sacerdote y antes de la gloria de septiembre la iglesia le había incitado a que sus hijos vivieran fue de su casa, Hidalgo se negó diciendo que en su casa sus hermanas los cuidaban mejor que nadie y no aceptó dejarlos, esa posición le retrata como hombre, esa misma posición que plantea el tema delicado del celibato fue su posición ante los inquisidores.

Mantuvo con sus carceleros un trato emocionante, y les dejó escrito con carbón en las paredes dos poemas, uno dedicado a Miguel Ortega:

“Ortega, tu crianza fina,

tu índole y estilo amable,

siempre te harán apreciable

aun con gente peregrina.

Tiene protección divina

la piedad que has ejercido

con un pobre desvalido

que mañana va a morir,

y no puede retribuir

ningún favor recibido”.

A Melchor Guaspe, le escribe también en la pared:

“Melchor, tu buen corazón

Ha adunado con pericia

Lo que expide la justicia

Y exige la compasión;

Das consuelo al desvalido

en cuanto te es permitido,

partes el postre con él

y agradecido Miguel

te da las gracias rendido”.

Emocionante recital ante la muerte, el 29 de noviembre de 1810 en Guadalajara por bando, Hidalgo abolió la esclavitud, como señalaba en una colaboración anterior se terminó su vida ante los fusiles poniendo su mano ante el corazón para que allí se le apuntara.

Me pregunto hoy las causas por las cuales frente a la mitología sacral no se incluyen también sus reacciones humanas en el juicio, nos proporciona el otro retrato, el hombre llamado Miguel Hidalgo. Las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron colocadas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas donde se produjo la violencia antagónica.

En la memoria colectiva, en la conmocionante dimensión de la vida y de la muerte, en la epopeya de la Independencia que tiene muchos nombres. No supera ese momento iniciático y la tempestad política que produciría en una nación nueva.