Ciudad Juárez: necesidad de una sociedad civil fuerte y sin miedo

Los años de violencia que pusieron en jaque a la sociedad juarense, lastimaron el tejido social y la confianza comunitaria. Los juarenses adaptados a vivir en una ciudad poco cosmopolita, multicultural, mal urbanizada y con una clase política insensible y autoritaria, sufrieron la experiencia de la violencia en todas sus variantes. Cientos de personas de todos los estratos sociales, género y edades se victimizaron por distinta razón. Hoy los juarenses esperan con cierta esperanza que las cosas cambien un poco, al menos para salir sin mucha preocupación a comprar la despensa.

A pesar de que en las calles se percibe a una ciudadanía con mayor confianza y los escasos lugares familiares como parques y centros comerciales, son visitados con mayor soltura, las cosas no cambian en mucho. Una ciudad maltratada urbanísticamente hablando, donde zonas habitacionales como El Barreal, siguen sin solucionarse. Esta colonia fue construida en un lugar donde los terrenos no eran propicio para ello, trayendo como consecuencia el deterioro rápido de las viviendas y el malestar de sus habitantes, los responsables de este fiasco habitacional, pertenecen a familias acaudaladas que como siempre, la justicia no los cuestionará. Por otro lado, so pretexto de velar por la seguridad (una especie de paranoia policiaca), en la localidad constantemente son detenidos jóvenes de manera arbitraria y por supuesto con la respectiva sanción económica, nada más porque el criterio obtuso y muy subjetivo de la policía convierte en sospechoso a cualquier persona, sobre todo a los jóvenes. Caso concreto, alumnos del Instituto Tecnológico de Ciudad Juárez, que manifestaron ser detenidos únicamente porque reían mientras viajaban en su automóvil y eso fue suficiente causa para volverlos sospechosos. Situación fuera de serie, hasta donde sé, solamente en la Zona desmilitarizada entre las coreas, la risa puede ser símbolo de provocación. Es decir ni en las peores dictaduras la risa es delito y aquí en Juárez, se puede convertir en ello.

El problema de fondo es que la sociedad civil juarense fue amedrentada, acorralada, hasta desprestigiada en ocasiones por el mismo poder, entonces esta sociedad civil necesita oxigenarse y organizarse, tomar conciencia que los bribones en todos sus niveles, pueden ser parados en seco por las acciones masivas y los derechos constitucionales de la sociedad civil. Es necesario que si las autoridades no velan por los intereses de la sociedad civil, ésta por si misma se organice y exija rendición de cuentas, justicia y transparencia.

Asimismo la sociedad civil organizada, podrá convertir a la ciudad en un espacio urbano donde la intercomunicación entre diferentes grupos, permita ir solucionando los diversos problemas que en ella existen. Desde las calles desbaratadas por el tiempo y la ignominia de los gobiernos, hasta evitar convertir a la ciudad en una “economía del antro”. Pues a pesar de que la economía juarense necesita crecimiento, la libertad de abrir negocios únicamente basados en la venta de alcohol seguirá siendo un círculo vicioso más que virtuoso, además el Juárez de antaño sin nostalgias, no precisamente fue muy sano y no debe de volver.

Ciudad Juárez necesita un diferente orden social y urbano, una nueva moral pública y privada, pero más que nada una sociedad civil que la rescate y le otorgue el perfil de ciudad que siempre debió de tener, una ciudad de todos y para todos, dentro de los márgenes de la ley y la solidaridad social.